Escuchó los sollozos pesarosos de la pequeña Ninfa, odio sin conocer a esa desagradable mujer. No tiene por qué herirla, algo dentro de mí duele y a la misma vez me enfurece ¿Qué sentimiento estoy experimentando? No siento compasión por nadie ¿Acaso la pequeña Ninfa me está convirtiendo en un tonto de sentimientos frágiles? Se siente tan cálida y cómoda a la vez. Desde hace media hora la tengo envuelta en mis brazos y jamás me había sentido tan pleno.
Decidí hablar, sentí la necesidad de hablarle al oído —Guapa es suficiente, para de llorar, no quiero verte con ojeras y con los ojos hinchados… O peor que un zombi —Es lo más romántico que puedo ser ¿Romántico? Estoy mal su cercanía me embelesa. Ella se remueve inquieta, incline un poco mi cabeza, ya se había dormido, parezco un imbécil hablando solo, se encuentra tan lastimada que ni dormida puede parar de llorar.
Respiro agitado al ver sus labios, como no deseo cometer una locura «Por ahora» decido volver a la posición inicial. Dánae tiene sus cabellos largos y por una tonta razón me encanta como huele, lo llevó a mi nariz y me aferro más a su cuerpo, es muy agradable tenerla en mis brazos, anhelo que deje de llorar, que no continúe sufriendo por esa mujer, decidí quedarme a dormir con la pequeña Ninfa ¿Por qué? Simplemente es lástima.
Eso es lo que deseo creer, cierro los ojos, espero no despertar de repente y asustarla, las pesadillas me envuelven cada noche, son demonios del pasado que carcomen mi ser. Cierro los ojos y sorprendentemente me quedo dormido al instante. Desconozco por cuanto dormí a su lado, ella me despierta y lo que más me impresiona es que ni una pesadilla me invadió. La observé y me quedé sin aliento, es hermosa. —¿Puedes soltarme? —Pregunta en un susurro casi inaudible, no me observa directamente a los ojos, ya que tiene la cabeza inclinada hacia abajo. Su timidez me hace reír.
La tomé por el mentón y la hice mirarme, trago grueso al ver sus labios, sin más desvié mi mirada a sus ojos los cuales se conectan de inmediato con los míos, es un momento muy tenso, su cercanía causa que me sienta indefenso, sin protección. En mis 37 años no había experimentado este tipo de sensaciones tan genuinas. —Te soltaré —Me aclaro la garganta, ya que mi voz salió gruesa y rasposa —Pero antes dime ¿Cómo te sientes? —Su mirada se pierde, observa hacia otro punto de la habitación.
—¡Vete por favor! No finjas interés en mí cuando solamente deseas agradarme y luego te ayudé a llegar a mi hermana, te lo dije yo si la amo, las niñas la necesitan, tu hermano la adora y Amaia a su familia. —Su sinceridad me hizo sentir como un bastardo. Lleva sus manos a las mías e intenta soltarse de mi agarre. Sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo.
—No intento agradarte —La presionó más a mi cuerpo —Pretendo enamorarte —Dije con sinceridad. Sus mejillas se volvieron rojas.
—No me van los hombres y mucho menos los traicioneros como tú, en las Fuerzas Armadas te enseñan lealtad y no aprendiste nada, tú no eres leal.
—Tienes razón, no fui leal, pero esta vez lo seré. Acéptame por favor. —Me escucho como un tonto suplicando. Ni que fuera feo, soy un semental, pero lo haré, me tragaré un poco mi orgullo, solo un poco.
—¿Estás pidiendo por favor? Ja no me hagas reír. No puedes enamorar a alguien que tiene pareja.
Gruñí enojado —Una pareja que te lastima y te hace llorar —dije furioso.
—No existe amor perfecto, largo por favor, es mi asunto si dejo que me lastimen o lloré por ella, no la conoces, no tienes derecho hablar de mi novia.
—Agradece que no la conozco, porque si un día lo hago se me olvidará la educación y la podré en su lugar por hacerte sufrir. Eso no es amor.
—¿Qué? Tú no harás nada que nadie te ha pedido hacer. ¿Qué sabes tú de amor? Sí eres un mal hermano, crees que no sé tus intensiones de traernos aquí, eres un tonto Ariel lárgate —Grita furiosa. La solté de inmediato.
Sus palabras fueron como una daga filosa que se clavó en mi pecho dejándome sin respirar, será difícil convencerla de que ya mi cuñada no me interesa, Dan será mi esposa y nadie podrá impedirlo, tal vez no sea hoy, ni mañana, pero de que se convierte en la señora de O’ Neill lo hará —Como lo desees sigue llorando como una tonta que este pechito —Acarició mi fornido pecho —No te consolará, porque bien horrible que te ves con las lágrimas corriendo como una manantial en tus mejillas. —Me levanté de la cama, me puse los zapatos en silencio. Aplicaré una estrategia militar. «La ignoraré» Firmaré la paz fingida y cuando menos lo esperé la besaré.
—Eres un igualado, egocéntrico y sin cerebro —Se levanta de la cama y me lanza una almohada pegándome en la espalda, respiró profundo.
—Prefiero ser todo lo que me dices que una cobarde como tú que no acepta que te gusto y que solamente te doy miedo porque puedo enseñarte como se debe vivir la vida y no las fantasías tontas que crees correctas. —No pude morderme la lengua. —Mejor me iré porque no respondo de mis acciones pequeña Ninfa rebelde —Exprese. Me levanté y caminé hacia la puerta.
—Nunca podría gustarme un demonio —Mi sangre hirvió. Abrí la puerta y estuve a un paso de salir, pero me enoja que me rechace, le haré ver que si me lo propongo en este mismo instante la haría cambiar de opinión.
Cerré la puerta con seguro, solamente por si vienen las niñas, no deseo que malinterpreten los sucesos que están a segundos de acontecer, gire mi cuerpo y ella al ver mi mirada cargada de convicción intenta correr al baño, fui más rápido que ella y la pegue de la pared con delicadeza, nunca podría lastimarla. —¿Te demuestro como mis besos te harían cambiar de opinión en este instante? —Escucho los latidos acelerados de su corazón, su rostro brilla con el color carmesí que cubre sus mejillas.
—Nunca me gustarían tus besos —Respondió con prepotencia —¿Cómo te explico que no eres mi tipo? ¿Con manzanas y peras? —Expresa con suficiencia.
—Me amarás Dánae —La besé con delicadeza, como si sus labios fuesen de azúcar, aunque si son muy dulces, ese beso removió mi alma, me entregue a ella con ese roce y me sentí en las nubes cuando respondió, me separé de ella. —Te lo dije con un solo beso, te haré cambiar de opinión, ya te rendiste a mí —Besé su frente. —Nos veremos luego pequeña Ninfa —Salí de la habitación dejándola enmudecida y en mi rostro se formó una sonrisa que ni Uriel me la quitará. Sí, porque aún no lo soporto, pero me aguantaré.