¡Demonio de ojos azules!

1032 Words
Dánae Inhalo aire hasta llenar mis pulmones, ese sentimiento de vulnerabilidad no se aparta de lo más profundo de mi ser, mi niñez no fue grata, Odette se encargó de arruinar la adolescencia de Amaia y la mía. Vivir una vida de mentira duele, sin embargo, tener que fingir ser una persona que no eres, es aún peor. He ocultado mis preferencias, no demuestro mis sentimientos, Amaia fue la primera que se enteró de que tengo gustos distintos. Lo supe a mis 18 años, cuando Mitchell me besó por primera vez, desde entonces es mi novia. No había sentido atracción por un hombre hasta que mire sus ojos llenos de misterio, al tocar su mano mi cuerpo se puso alerta, mi corazón palpitó con fuerza y mi garganta se secó. Ariel es de esos hombres que, aunque sea la copia malvada de su hermano, se distingue por sus acciones de inmediato, disfruta ser así, incomodar a las personas y arrinconarlas hasta hacerlas flaquear a su antojo, me ha hecho incomodar muchas veces, su cercanía altera mis sentidos y por esos escasos segundos me hace imaginar una vida sin ella. Por otra parte, aunque siempre es un idiota, en este instante me protege, la calidez de su cuerpo me envuelve, detesto sentir está paz que me producen sus brazos, su pecho es cómodo y su olor varonil es agradable para el olfato. Ariel es un patán, es insoportable y tan tonto que me irrita con tan solo su presencia, pero hoy me sirve de pañitos de lágrimas. Odio discutir con Mitchell, pero su dependencia a mí no es sana, no entiende que no puedo salir, ella piensa que tengo a alguien más cuando no es así, suceden muchas cosas desde que estamos juntas no habíamos tenido tantos problemas, aunque es celosa, no se comportaba de manera irracional, pero al mudarme con Amaia su inseguridad empeoró, todo porque ella desea que la presente como mi pareja y no me parece, no porque me avergüenza nuestra relación, pero las presiones no son lo mío, ni a fuerza calza un zapato. La primera vez que observé sus ojos azules sentí incomodidad, al tocar su mano supe de inmediato que era un demonio oculto detrás de una sonrisa cínica. Su aura es de chico malo y él no se preocupa en disimular su oscuridad. Su estampa no es nada comparada con la de mi cuñado, aunque parezca ilógico a mi parecer no se parecen, es decir Uriel es un hombre respetuoso, cariñoso y bueno. En cambio, él es un engreído, patán y descarado. No le importa lo que piensen de él, es impulsivo y guapo. Aunque sean gemelos, la oscuridad de Ariel emerge a través de sus ojos, me hace sentir intimidada y un poco insegura de mis gustos, se supone que sus besos no deben hacerme sentir ni cosquillas, pero no es así, la primera vez que sus labios se estrellaron con los míos sentí como si un volcán hiciese erupción desde mi estómago creando estragos incontrolables en mi garganta. ¿Por qué me sentí de esa forma? Desconozco el motivo. Sollozo fuerte hasta quedarme dormida, su respiración choca contra mi nuca y supe que debía levantarme de la cama y escapar lejos, mis ganas de ir al baño se intensificaron, lo desperté y no fue buena idea. Discutimos, es un metiche, que no debe meterse en mi relación, yo amo a mi novia, sin embargo, no recibió mis palabras de buena forma. Todo terminó con su cuerpo presionando el mío contra la pared fría de la habitación dándome un beso que me hizo sentir distinta, sus labios se adhirieron a los míos con suavidad y pasión, esta vez me convertí en una pegajosa y flácida gelatina. Cometí el error de responder su beso, odie su gesto de suficiencia al dejarme a punto de sufrir un colapso nervioso, cierra la puerta y de inmediato pase el seguro ¡Soy una tonta, no debí corresponder! Sus palabras llenas de convicciones me hicieron temblar ¿Desea enamorarme? No puede ser cierto, tal vez necesita una nueva muñeca para divertirse e intenta que sea yo. Me doy una ducha, arreglo mi cabello en un par de trenzas y visto con ropa deportiva, distraeré mi mente. Al bajar nadie se encontraba en la estancia, salgo al jardín, coloco mis auriculares, enciendo el reproductor de mi celular y al escuchar las notas musicales sentí la energía recorrer mi cuerpo. Inicio mi rutina de ejercicios con el calentamiento, luego trabajé mi abdomen, glúteos, piernas y por último los brazos, aunque mi mente intenta borrar ese momento mi conciencia me recuerda el sabor y la suavidad de ese beso. Ignoro las miles de llamadas, por el momento no quiero hablar con ella, aparte que no sé cómo actuar después de haber besado al tonto de Ariel. Para culminar mi rutina daré unas cuantas vueltas a la casa, corrí olvidándome del mundo entero, pero al girar mi rostro a mi izquierda todo cambio, él sonríe con coquetería y me lanza un beso volado, ruedo los ojos y me limito a continuar con lo que hacía ¿Será tonto o idiota? Aunque se me es imposible, ya que él corre a mi lado, mi pecho palpita y no precisamente por el recorrido que estoy haciendo. —¡Hola pequeña Ninfa! —De inmediato me sorprendí, escuchar su voz llena de prepotencia me hizo maldecir internamente. ¿Cómo se metió en mi reproductor de música? —Luces muy sexy con todo ese sudor adornando tu hermosa piel. —Mis mejillas ardieron, lo odio, apague los auriculares y le saque el dedo corazón, él sonríe con suficiencia. Es un bastardo, me detuve y sin esperar culmine mi momento de paz por su culpa, al dar la espalda siento sus manos aferrarse a mi cintura, intenté zafarme, pero él me atrae más a su cuerpo y de pronto sentí como me arrastro con él a césped del jardín, no me dio oportunidad de procesar lo sucedido cuando estaba acorralada con la espalda pegada al suelo, sus manos sostienen las mías por encima de la cabeza y nuestras respiraciones mezclándose, su cercanía me produce unas ganas inmensas de besarlo.
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