Ariel Me doy una ducha apagando el fuego que Dán produce en mí, imagino la piel de su trasero marcada por un par de nalgadas bien dadas, merece ser castigada por rebelde, el sabor dulce y empalagoso que emanan sus labios. Me volvió un estúpido desquiciado, sonrió porque, aunque la Ninfa desee negar lo que sintió, la enamoraré, será mía, su cuerpo me indico que le gusto, ese mínimo contacto entre ambos, sentí su disfrute, su respiración agitada, su pulso errático, si hubiese tocado su coño comprobaría lo que su boca niega a confirmar. Su exquisito jadeo elevó mis ganas de romper su ropa y hacerla mía hasta descargar la última gota de mí y las putas piernas no me dieran para más. Se metió en mi mente, ahora la meteré en mi cama, la haré cambiar de opinión, no porque me incomode su sexualid

