Coloco en el mural que tengo frente a mi pequeña cama una nueva foto, la del jodido policía. He agregado al maldito entre los sospechosos. Cuando se trata de esto no confío en nadie.
Me doy una ducha antes de bajar a desayunar y ayudar a mis padres en el negocio. Me visto con un short de mesclilla, un pulover blanco y unos tenis. Recojo mi pelo en una coleta.
—Buenos días papá.—Beso su frente para luego ocupar asiento en la mesa.
—Buenos días princesa. Si estás indispuesta podrías tomarte el día de hoy, mamá y yo nos encargamos.
Mi madre acerca nuestro desayuno y se sienta en la mesa. La conozco y está enojada por no hacerle caso ayer.
—Mamá piensas declararme la guerra todo el día por no hacerte caso ayer —declaro—. Sé que te preocupas, aún más de lo que antes lo hacía por lo que le sucedió a J, pero mamá no puedo vivir encerrada en cuatro paredes.
—Emmaline sé que no puedo encerrarte dentro de cuatro paredes pero no puedo evitar preocuparme, soy tu madre.
—Mamá te entiendo, pero por favor confía en mí. Estoy bien. Te daré cuenta de a cada lugar que vaya, lo prometo.—Termino mi frase con una discreta sonrisa.
Terminamos de desayunar y recojo la mesa en lo que mis padres se dirigen a nuestro negocio. Las delicias de panecillos que producimos ahí deberían ser más reconocidos.
Finalmente bajo a trabajar. Me toca despachar en lo que mis padres elaboran los primeros panes del día. Teníamos clientes habituales, que llegaban a primera hora.
—Buenos días linda —saluda Thomás. Es un vecino guapo, con un ego hasta las nubes. Es muy poseso con su físico. Se dice con total seguridad que utiliza su físico para casar a mujeres millonarias.
—Buenos días Thomás —respondo sin darle importancia y acomodando los panes en la vitrina—. ¿Qué deseas hoy?
—Dos panes para llevar —comenta.
Tomo dos panes y los coloco en una bolsa. Le doy la cantidad a pagar y recojo el dinero. Este se queda por segundos observándome hasta que finalmente se marcha.
Se cree que todas caemos a sus encantos, pero en ese todas no me incluyo yo.
Después de Thomás continúan llegando los clientes habituales. Estoy tan concentrada entregándole su pedido a Amelia que no atendí la entrada de alguien más a la tienda.
—Emmaline —me llama alguien no creía escuchar tan pronto. Jacob.
Le entrego el pedido a Amelia cobrando el dinero y finalmente lo atiendo.
—Jacob, no esperaba verte en los suburbios —expreso irónica.
—Emmaline creí que íbamos a llevar la fiesta en paz —comenta este.
—No te estoy declarando la guerra. Simplemente manifiesto mi sorpresa de que el jefesito de la Élite J esté en la modesta tienda de mis padres.
—Jade caminaba por estos barrios, aún perteneciendo a la élite, ¿Por qué no podría yo?
—Porque tú eres un niño rico de papá, egocéntrico, especulador, autosuficiente, engreído, arrogante...y bueno el sinfín de sinónimos que tienen esas palabras.
—¿Crees que Jade era diferente a mí? —inquiere apoyando sus manos en el mostrador.
—Evidentemente —expreso en lo que él sonríe—. ¿Me estás insinuando que no conocía a mi mejor amiga?
—Lina a veces no terminamos de conocer a las personas —contesta.
—¿A qué has venido realmente Jacob? —pregunto.
—Pretendía invitarte a una celebración. Jade estuvo trabajando en ello durante un mes antes de fallecer. Se presentaría formalmente como m*****o de la Elite J.
No sabía que tenía interés en pertenecer a ese grupo. Eso me desconcierta un poco pues creí que ella me comentaba todo. Sin embargo, no pienso darle motivos a Jacob para que asegure aún más que nunca se termina de conocer a las personas.
—No entiendo el sentido de esa fiesta cuando J ya no está —manifiesto.
—Ya teníamos la idea de incluir una chica a nuestro grupo. Jade era la indicada, es por ello que la chica elegida debe tener un poco o mucho de ella —declara.
Suelto una risa irónica.
—Ninguna otra chica podrá sustiturla. ¿Crees que esto es correcto, reemplazar con una falsa imitadora su lugar?
—Emmaline porque quieres hacerme la guerra todo el puto tiempo. Sé lo que hago, solo quería que estuvieras ahí. La conocías mejor que nadie y puedes contribuir mucho a la elección.
—Ustedes pueden incluir en su grupillo a quien le plazca —expreso.
Jacob pone una tarjeta sobre el mostrador.
—Si quieres ir ahí está la invitación —expone—. Hasta pronto Lina.
¿Por qué mierda me dice por segunda vez Lina?
Tomo la invitación con total seguridad de desecharla, pero a nada de lanzarla al cesto un pensamiento fugaz recorre mi mente. Todavía no me han dado respuesta de la admisión a esa universidad y lo más probable es que no sea aceptada. Los becarios que han sido elegidos no desaprovecharán la oportunidad. Acercándome a esos imbéciles es la única forma de investigar sobre lo que realmente pasó esa noche.
La coloco entre la parte superior del short y la braga y dejo caer el pulover sobre esta.
La mañana pasa rápido, a la hora de almuerzo mis padres ocupan mi sitio para que yo coma.
—Emmaline cariño —me llama Jane antes de subir a mi casa.
Volteo en su búsqueda. Saludaba a mis padres. Sus manos están llenas de bolsas. Camina hasta mí y deposita un beso en mi mejilla.
—Hola Jane —saludo—. Entremos a mi casa.
Subo a casa con Jane siguiendo mis pasos. Al llegar a la sala me siento en el sofá y ella me sigue.
—Emmaline que difícil ya no verla cada día, ¿verdad?. Sé que muchas veces no estaba tan pegada a ella debido a mi trabajo, pero sabía que estaba ahí, que estaba bien. Podía escuchar su voz.
—Es realmente difícil Jane. Me cuesta demasiado no tener a mi hermana. He pensado asistir a esa universidad, quiero saber que ocurrió realmente esa noche. Hice el exámen de admisión pero las becas ya estaban llenas. Que irónico que J siempre me insistió que hiciera esas malditas pruebas y yo no accedía y solo ahora después de su muerte lo he hecho.
—Entrarás a esa universidad Emmaline. Si era deseo de Jade que asistieras cumplamos su voluntad, pero por favor no te metas en problemas. Deja a la policía que se encargue de ello. No quiero perderte a ti también.
Jane nunca me trató como a una hija, pero no puedo negar que siempre tuvo buen comportamiento. Al menos me dejaba andar con su hija a pesar de ser la hija de los empleados.
Quizás su actitud se debe a la ausencia de su hija. Tal vez intenta aplazar su dolor teniéndome cerca.
No me malinterpreten, pero no quiero ocupar el lugar de J. Ni con su madre, ni con los imbéciles de la "Élite J".
—No me pasará nada, tranquila Jane —comento—. Dejaré la investigación en manos de la policía.