Fatima sintió algo entre sus piernas, y una punzada creciente de excitación la despertó. Llevó su brazo sobre su cabeza y tocó la mejilla rasposa de Bruno por la barba crecida, mientras él besaba su cuello en silencio. Era su forma de decirle "buenos días", y ya se había acostumbrado a ella. Aún no les habían dicho a nadie de ninguna de sus familias acerca de sus planes, ni de su embarazo. Fue ella quien le propuso que esperaran a que pasaran los tres meses para estar seguros pero en el fondo, no quería atarlo. Le estaba dando una puerta de escape por si no podía retener al niño en sus entrañas. Ya le había ocurrido en el pasado y le había valido una paliza. Esta vez podría ser una prueba de éxito o fracaso. Si su embarazo iba bien él se casaría con ella. Si su embarazo no prosperaba l

