La mañana siguiente fue un caos. Apenas llegué a la oficina, mi buzón de correos estaba inundado de mensajes de colegas, jefes de departamento y hasta de clientes. Había un proyecto importante que necesitaba coordinarse urgentemente, y Blanca, en un acto que casi sentí como una provocación directa, me asignó la responsabilidad completa. Sabía que era su forma de ponerme a prueba, de buscar que fallara frente a todos. Pero en lugar de intimidarme, ese desafío me dio un empuje extra de motivación. Alejandro no estaba al tanto de la situación, porque desde muy temprano lo habían requerido en una reunión fuera de la ciudad. Sabía que si se enteraba, iba a intervenir, y preferí enfrentar esto sola. Era mi oportunidad de demostrarle a Blanca que, a pesar de sus amenazas, yo era más capaz de lo

