Capítulo 03: Noticia inesperada (Parte 1).

1635 Words
Cody. Lunes, 12 de Marzo de 2018. - ¡Es completamente inaceptable esos comportamientos en nuestras instalaciones sagradas!- Dijo la monja anciana, por milésima vez, mientras que nos acarreaba a todos en fila directo a la refinada aula de detención como sí fuéramos ganado, y ella nos pisaba los talones con una cara de completo desagrado-. ¡Y no me dirijan la palabra, saben que han tenido la culpa sobre sus actos! Su expresión era tan ridícula como todo en este instituto, y su falsa hipocresía de la perfección. Tenía ganas de reírme en su cara, pero me contuve a no hacerlo para no meterme en más problemas... ¿pero acaso eso importaba ahora? Cuando esa monja dijo que nos llevaría a detención, y llamaría a nuestros padres; todos a excepción de mi, empezaron a entrar en cierta crisis. Yo no tenía problemas con que llamaran a mi querida familia, más bien, sería placentero el ver la cara de mi madre cuando se enterase de que me he metido en líos en mi primer día de clases. Sin embargo, así no reaccionó el niño de segundo, llamado: «Jayden Cooper»; quien había sido la víctima de todo esto. Él intentó explicarle torpemente la situación a la directora, pero ella lo opaco con su chillosa voz y sus refinadas palabras, y no lo escuchó. Mientras, que los dos secuaces del rubio agresor se habían lavado las manos en un jodido parpadeo, ya que le habían echado toda la carga a su líder y a mí en un instante; dándoselas de niñitos buenos. Se habían puesto un disfraz de oveja, y dijeron que el rubio, cuyo nombre era: «Caleb Raeken.» Había llevado al niño de segundo al patio para masacrarlo conmigo, y ellos dos vieron eso y fueron a salvarlo de "nuestros crímenes". Estuve a punto de reírme maniaticamente, ya que ¿entonces cómo justificarían la basura esparcida, y sus uniformes manchados? Jodidos hipócritas. Caleb al igual que el niño de segundo y yo, quedó estupefacto por la historia que esos dos mentirosos habían logrado crear un en abrir y cerrar de ojos para salirse de esa situación. Y sorprendentemente, lograron escapar de ese problema, manipulando a la vieja directora. Diciéndole, que ellos solo habían querido ayudar al niño de segundo porque así Dios lo habría querido. ¡Jodida mierda! Entonces, noté el horrible favoritismo que había, ya que ellos habían logrado escaparse de ese problema porque no eran como nosotros tres: nuevos. Quise interferir, pero no lo hice, y solo acepté esa jugada de ellos. Limitándome a ver cómo Caleb palidecía por completo, y soltaba maldiciones para sus supuestos "amigos", quienes lo traicionaron sin titubear y se fueron a clases. Y a pesar de que ellos saldrían ilesos, no fue lo mismo para Jayden, quien corrió con la misma suerte de Caleb y yo. La directora dijo que no llamaría a sus padres, pero que lo llevaría al salón de detención porque él se había saltado su clase: ¡cuando realmente lo había hecho porque ese trío de simios con uniformes lo habían agarrado para patearle el culo! Qué horror. Este instituto era la hipocresía personificada. Por eso, había terminado en detención, junto al niño que le salve el culo, y a el jodido ogro de pantano. Genial. Cuando entramos al aula de detención mi cabeza dio vueltas al ver que todo era blanco en ese asqueroso lugar, y que el techo tenía un tapis de muchos crucifijos. Sinceramente, me hubiera parecido la escena de una película de terror, si no estuviera en la realidad. - Siéntense, y reflexionen sobre lo que han hecho- Nos ordenó la mujer de brazos cruzados, entrando con firmeza y elegancia al salón, viendo cómo cada uno tomaba asiento en los pupitres-. Yo me senté justo en el frente con una falsa sonrisa en mis labios, recostándome de la silla; con los brazos detrás de la cabeza, y acomodando mi cuerpo descaradamente como si estuviera sentado en el sillón de mi casa. Mientras, que Jayden se sentó detrás de mi y el ogro de pantano tomó asiento mucho detrás de nosotros, en la última fila. Noté que estaba con el ceño fruncido haciendo distancia de nosotros. Jodido idiota. La monja se había estado concentrando en ese simio en todo el rato, ya que al parecer él había construido una muy mala reputación en tan poco tiempo. No paraba de mirarlo con un desprecio evidente en sus fríos ojos, pero cuando volteó a mirarme repentinamente; y vio la manera en la que estaba sentado, sus ojos se abrieron tan grandes como si hubiera visto un crimen. Además, noté que en ese momento ella se dio cuenta de mi suéter rojo; que cubría parte del horrible uniforme que cargaba. - ¡Oh por Dios, usted no está en su casa, siéntese bien!- Chilló enseguida con una mano en el pecho, y ese mismísimo tono refinado y perfecto-. ¡¿Y por qué lleva ese indecente suéter sobre el uniforme?! ¡Quítese eso, ya, pero ya, pero ya! La directora me regaló una mirada de completo horror, y yo ensanché más mi sonrisa sarcástica, parpadeando lentamente y mirándola con diversión, diciendo: - ¿Por qué se molesta? Si siempre han dicho que la escuela es como nuestro segundo hogar. Me encogí de hombros, y añadí parpadeando con falsa inocencia: - No lo entiendo, directora. La monja me fulminó con sus ojos, y señaló mi suéter con su dedo indice y asco en su rostro envejecido. - Ese accesorio, no es permitido con el uniforme- Dijo, ignorando por completo lo que había dicho y tratando de mantener el control de la situación-. Todo en nuestro amado instituto tiene reglas estrictas que merecen ser cumplidas, y eso debió de saberlo usted desde que fue inscrito en el Ave María- Añadió, con cierta amenaza en sus palabras-. No se lo volveré a repetir, quítese eso. - Como usted diga- Acepté con falsa amabilidad, y sin parar de sonreír me saqué enseguida el suéter, y lo guardé sin queja alguna dentro de mi bolso-. La directora me miró casi con asombro al verme asentir, pero su rostro volvió a deformarse en una gran mueca cuando vio que en ese momento había sacado un chicle de mi bolso, para masticarlo descaradamente frente a ella. Noté que uno de sus ojos empezó a temblar, como si se tratase de un tic, y yo jugué con el chicle dentro de mi boca. Mastiqué sin elegancia alguna, e inflé una gran burbuja que terminé explotando descaradamente. - ¿Qué?- Le dije inocentemente, sin parar de masticar con la boca abierta-. Hice lo que usted me pidió, señorita. Ella parpadeó un par de veces con horror antes de apartar la mirada de mi con ojos perdidos, y mirar hacia donde yacía el ogro de pantano, preguntando finalmente: - ¿Cómo fue que la basura terminó esparcida en el suelo del patio? No dejé que nadie más respondiera, y contesté con asombro y sarcasmo en mi voz: - ¡Oh, sobre eso, señorita! ¿No sabe lo que está pasando en el mundo? El calentamiento global está siendo tan grave que ahora llueve basura. Noté una gran y evidente irritación en su rostro, y sonreí. Estaba consiguiendo molestarla. ¡Qué divertido era! - ¿Qué?- Dijo ella, finalmente-. - Que la basura- Le expliqué lentamente; como si le hablara a un bebé, y señalé sarcásticamente hacia el techo con mi dedo indice-, cae del cielo, pero sé que el gobierno no nos quiere decir nada para no asustarnos. Su ojo ahora temblaba con mayor intensidad, y noté que había logrado mi cometido: irritarla. Cuando la vieja sin mirarme siquiera a la cara, volteó hacia Caleb y Jayden, ignorándome completamente con un rostro pálido y sudoroso. - Debería de darles vergüenza- Dijo, con cierta frialdad, mientras que la voz le temblaba de irritación-. Sé quienes son ustedes, son el trío de alumnos nuevos, y lo único que vinieron a hacer a este sagrado lugar fue a traer la manzana de la discordia- Entonces, sacó un pañuelo blanco y empezó a secarse la cara con una risita nerviosa-. Esta institución era perfecta antes de que ustedes llegaran cargados del pecado. ¿A caso no se arrepienten de sus aberraciones? Una risita burlona se escapó de mis labios, y estuve a punto de atragantarme con el chicle. ¿Esa vieja hablaba en serio? La directora notó mi risa ahogada, y yo levanté mi mano educadamente para hablar, diciendo sin abandonar ni un poco de mi sarcasmo usual: - Cuando usted se refiere a arrepentirse de "nuestras aberraciones"- Hice comillas con los dedos-. ¿Habla de la pornografía, y la masturbación? Porque si es así, entonces me considero todo un criminal- Levanté los brazos hacia arriba, y exclamé-: ¡Salve Satán! De pronto, solté una sonora carcajada cuando miré cómo la monja se echó para atrás, retrocediendo de mi violentamente al escuchar que dije «Satán», gritando casi paranoicamente: - ¡Dios nos libre de ese demonio! ¡Dios nos libre de ese demonio! No pude ver la cara de Jayden; ya que estaba concentrado riéndome de la monja, pero escuché unas leves risitas que él estaba soltando junto a mi. Mientras, que de Caleb solo oía un absoluto silencio. - ¡Cómo te atreves a pronunciar ese nombre aquí!- Me dijo con la cara completamente pálida, mientras que me miraba más con miedo, que con desagrado-. ¡Está prohibido! Entonces, me encogí de hombros, y respondí casualmente: - No lo sé, quizás porque Satán es mi padre. Los ojos de la monja se hicieron enormes, y por un momento creí que la mujer estuvo a punto de salir corriendo despavorida del salón, sí dos estudiantes no hubieran interrumpido en el aula. Brillando, con sus asquerosos uniformes blancos al entrar.
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