—No es justo, ya habías dicho que sí. —Su tono salió chillón, con queja, con una pisca de molestia y súplica. —Si antes de saber que mi hija se salía de la casa para entrar a un bar. — Padre e hija discutían sin llegar a un acuerdo. Angie comenzaba a irritarse, su padre hablaba de aquel lugar como si fuera un lugar de perdición, donde los jóvenes se emborrachaban hasta perder el sentido, fornicaban como conejos sin pensar en las consecuencias. —Ángel deja que se diviertan. —insistió su esposa acomodándose en el sofá. —He dicho que no cariño, espero puedas por una sola vez estar de acuerdo en mi decisión y no contradecirme, no voy a permitir que mi hija salga a un antro que ni siquiera conocemos, se emborrache y termine con un domingo siete o sabe quién donde. —Alzo la voz. —Está bien

