Carolle apenas había terminado de colgar la llamada con sus abuelos cuando su celular empezó a vibrar insistentemente sobre el escritorio. Frunció el ceño, pensando que tal vez era Hilbraim o alguna emergencia de última hora. Pero cuando desbloqueó la pantalla, lo que vio la dejó helada. Eran dos imágenes. La primera mostraba a Mateo y a Laura, ambos en ropa deportiva, con sus rostros relajados y sonriendo mientras el amanecer iluminaba el horizonte detrás de ellos. En la segunda, estaban sentados en la hierba, él con las piernas estiradas y apoyándose hacia atrás con los brazos, mientras Laura parecía estar diciendo algo al viento, su cabeza inclinada hacia él. Debajo de las imágenes, un mensaje sencillo pero cargado de intención: Un amanecer al lado del hombre indicado no tiene pre

