Capítulo 17

3065 Words
Zoe Miller La rabia me llena, pero hay mucho más convergiendo en mi interior. Dudas, desconfianza, incertidumbre, dolor y un pánico al pasado que no puedo dejar de sentir ahora. Mis manos tiemblan mientras Sam y yo caminamos a mi casa. No me atrevo a mirarlo porque, de hacerlo, preguntaría de mala manera qué significa eso que dijo antes. No es posible que mi abuela le haya dicho que yo perdí mi embarazo, eso no tiene sentido para mí. Él tiene que estar mintiendo. Debe estar ocultándose tras una justificación. Pero, por más que me digo que él lo haría, sigue esa sensación presente de que Samuel ha sido sincero y que la noticia de Sammy lo trastocó más de lo que yo esperaba. Hay mucho que reclamarle, sí, pero nunca me mintió. ¿O es solo mi mente queriendo convencerme de eso? Hay frío y lo siento bastante en el corto tramo que lleva a mi casa. Cuando llegamos al porche siento alivio, pero eso desaparece en cuanto la puerta se cierra detrás de mí y volvemos a estar solos. Me quito el abrigo y lo dejo en la percha. Sam hace lo mismo. No decimos nada, él vaga por el salón, fijando su atención ahora en el árbol decorado, mientras yo voy a la cocina para prepararme un poco de té. No creo que supere esta conversación sin mi relajante natural. Mientras espero, apoyo mis manos en la encimera y bajo la cabeza, cierro los ojos y trato de controlar mi ansiedad. Sam incluyó a mi abuela en la etapa de mi vida que arruinó todos mis sueños, ¿cómo voy a creerle? Y de ser real, ¿cómo voy a aceptarlo? Yo recuerdo que mi abuela estuvo un poco rara con el tema de Samuel luego de que él se fuera a la universidad en el mes de adaptación, porque ya éramos novios y eso era algo que ella sabía, aunque no lo dijéramos oficialmente. Por un tiempo pensé que era para asegurarse que yo no lo siguiera a Boston y me quedara en la universidad local, como le había prometido a ella, a pesar de que Sam y yo siempre hicimos planes para ir a todos lados juntos. Pero si me quería cerca, si ese era el motivo de su molestia con Sam, ¿por qué impulsar la decisión de irme en cuanto supo que estaba embarazada?, ¿por qué alimentar mis inseguridades, al punto de que duré diez años lejos de este lugar? ¿No me quería con él? —Zoe... La voz de Sam me saca de mis pensamientos y cuando reacciono, me doy cuenta que el agua hierve ante mí y que ni cuenta me había dado. Me concentro en preparar mi té aun sabiendo que él me mira, que espera por mí. Si algo siempre supo Samuel Riley, fue identificar los momentos en los que hablar no sería bienvenido. Miro la manera en que el líquido en la taza se vuelve ámbar cuando la bolsa de té entra en contacto con el agua. Lo observo como si fuera un experimento científico del que no puedo perderme ni un segundo, pero en realidad solo estoy dando tiempo para acomodar mis ideas, calmar mis nervios y convencerme de que no terminaré con el corazón roto una vez más después de esta noche. Cuando me siento un poco más preparada, le entrego la taza de té suya, con dos cucharadas de azúcar y un chorro de leche y tomo la mía con un poco más de dulce. Levanto la mirada buscando sus ojos y al fin lo enfrento. —Explícame absolutamente todo, desde el mismo inicio. —No es una petición que pueda rechazar, es una orden. A Samuel se le afloja el rostro. Su expresión es una mezcla de tristeza con angustia, pero me sonríe y asiente. Comienza a contarme su decisión de darme una sorpresa cuando todavía estaba en el mes de adaptación de la universidad. Me toma desprevenida que todo haya comenzado justamente esa noche en la que salí de casa, pero todo empieza a tener sentido para mí, porque fue entonces cuando todo cambió. —Pasé por aquí, Zoe. Fue Mariella quien me dijo que estabas en casa de Kellan —murmura, tratando con cuidado el tema de mi abuela. No quiero recordar lo que me dijo antes en su casa, pero sé que llegaremos a ese punto en la conversación—. Imagina mi sorpresa, porque tú jamás te interesaste por asistir a las fiestas, siempre me dijiste que no tenían sentido para ti, porque lo único que hacían era emborracharse. Yo...fui a casa de Kellan... El sufrimiento que veo en sus ojos acelera mi corazón. De esa noche no tengo buenos recuerdos; me di cuenta que la bebida me hacía demasiado daño después de ese día. Sirvió para no beber nunca más. —Te vi, Zoe... —dice de repente y traga en seco. Su expresión se contrae, como si decirlo fuera una tortura, como si recordar lo que sea que recuerda, le produjera un dolor insoportable. —¿Qué viste? —A ti. Con Kellan. En su...habitación. Frunzo el ceño, sin entender nada. Regreso a esa noche en mi mente y los vagos recuerdos que me quedaron de mi borrachera, no dicen mucho. Samuel parece que va a tener un ictus, pero mi confusión lo hace soltar toda la sopa. Y cuando me dice que me vio teniendo sexo con Kellan y luego la forma en que salía de su habitación, agitada, culpable...mi reacción es una carcajada amarga que no puedo contener. —Tienes que estar bromeando, Samuel —exclamo, con tono ligero, pero de a poco voy sintiendo una rabia descomunal apretar mi pecho—. ¿Estás seguro que eso fue lo que viste? ¿¡Era mi cara!?, ¿¡era mi cuerpo!? Él se estremece con cada una de mis preguntas. Yo cierro mis manos en puños, dispuesta a darle un puñetazo, porque esto sobrepasa mi paciencia. —¿Creíste solamente que estaba teniendo sexo con alguien más? ¿Miraste bien? ¿Por qué no entraste y gritaste, Samuel? —No espero a que me responda, no puedo hacerlo, porque esto es increíble—. ¡Dime, maldita sea! ¿Por qué no entraste? ¿Cómo creíste que yo sería capaz de hacer eso? Siento mis lágrimas picar en mis ojos y ya no creo que pueda contenerlas más. ¿Esto fue lo que nos llevó al desastre? —¿Y en qué mundo tú asistirías a esa fiesta, Zoe? —me replica, abriendo sus brazos y con la cara mostrando su molestia, su rencor y su confusión—. Dime, tú, ¿qué hacías allí y por qué? No me dijiste nada sobre asistir a pesar de que nos lo contábamos todo. Nunca mencionaste que salieras en mi ausencia. Estabas en la fiesta del tipo que quiso tener sexo contigo desde que tuvo edad suficiente para desearte, bebiendo con él, quedándote bajo su brazo toda la noche...¿y soy yo el que se confunde? ¿Qué pasó realmente esa noche, Zoe? Porque por mucho tiempo no pude sacar esa imagen de mi cabeza y ahora, ¡j***r!, ¿me quieres decir que no eras tú en esa puta habitación? —Estaba en el baño —digo en cuanto él se calla. Mi voz se escucha baja. Sam me mira sin entender por unos segundos y me repito—: Yo estaba en el baño de su habitación, devolviendo todo lo que no recuerdo haber bebido. Cuando salí, Kellan estaba teniendo sexo con una chica que se la había pasado bajo su brazo toda la noche. Él sabía que yo estaba allí, por eso me molestó y sentí...rabia, vergüenza...¡tantas cosas! Salí corriendo y recuerdo pensar que por algún motivo no asistía a esas fiestas. Sam se queda en silencio. Yo lo miro a la espera de su reacción. Él parece perdido en su cabeza y yo no puedo dejar de pensar que nos estamos perdiendo de algo. Él no se ve contento, ni siquiera horrorizado. Es una calma rara que no me da buena espina. Cuando vuelve a enfocar su atención en mí, sus ojos están más oscuros que de costumbre. —¿Por qué viniste a esta fiesta? No entiendo para qué quiere saberlo, pero de igual forma me digo que ya no quiero más malentendidos. —Tiffany vino a buscarme. Me dijo que estaba aburrida y que debíamos unirnos para extrañarlos a ti y a Brian. Me dijiste que confiabas en Brian cuando le contaste sobre nosotros. Pensé que estaría bien confiar en ella... —¿Tiffany? Asiento. Y él maldice por lo bajo. De repente su rostro pierde todo atisbo de tranquilidad y se gira con rapidez para golpear la pared con un puño. Todo pasa tan rápido que no logro reaccionar, pero al verlo golpeando la pared una y otra vez, me asusto. —¡Sam, no, deja de hacer eso! ¿Qué pasa? Habla conmigo, no te hagas esto, por favor. Detengo su mano y él se ve rabioso, furioso...jamás lo había visto así. Lo abrazo. Me meto entre sus brazos y me pego a su pecho. Él se resiste solo un segundo, luego se queda muy quieto. Su pecho sube y baja descontrolado, su respiración es fuerte y pesada. Lo aprieto lo más que puedo. Odio verlo así de descoordinado. Su cuerpo tiembla y puedo sentir sus olas de rabia fluyendo hasta mi cuerpo. Él acepta mi gesto. Me rodea con sus brazos de una forma tan intensa y repentina que me saca el aire de los pulmones. Su olor me envuelve, su nariz se mueve hasta el hueco de mi cuello y descansa allí hasta que su respiración se calma un poco. Yo no me atrevo a moverme. —Fue una trampa, Zoly... Habla tan bajo que no logro entender bien. Intento salirme de su agarre, pero no me deja. —Fue una jodida trampa y caí como un idiota. —Esconde aún más su rostro de mí, me siento enterrada en sus brazos y contrario a lo que debemos hacer, nos acercamos cada vez más y más. —¿Quién? —Trago el nudo en mi garganta. Porque después de años al fin voy a entender qué pasó. Después de mucho tiempo voy a confirmar que toda esa gente terminó saliéndose con la suya. —Brian sabía que yo venía a Lowell. También sabía de la fiesta. Felicity me encontró en cuanto entré a la casa, me mostró fotos tuyas bebiendo y con Kellan. Me dijo que estabas arriba y yo subí para buscarte, abrí esa habitación y ahí...¿estabas? Era tu pelo, Zoly. Eran tus hebras doradas, no me atreví a mirar más. Su torso se sacude, como si quisiera llorar, como si quisiera contener su llanto. —¡j***r! Soy un idiota...debí entrar, debí exigir una explicación...pero fui un cobarde. Sentí que me arrancaban la piel en tiras cada segundo que duré en esa casa. Verte salir con esa expresión tan...devastada...me hizo mierda, Zoe. Las lágrimas caen y no quiero detenerlas. Diez años pasaron desde entonces y no es momento de contenerme. Ese teatro destruyó lo que teníamos. Esa trampa provocó que nuestros caminos se separaran por completo. —Por eso creíste que no estaba embarazada de ti —susurro, yendo al asunto de una vez. A fin de cuentas, sabemos que hay más en esa historia—. Por eso dudaste de todo. Sam me suelta poco a poco. Su expresión me parte el alma, porque veo su dolor. Es el mismo que yo siento. Sus manos grandes me rodean la cara y seca mis lágrimas con sus dedos. Sentir su tacto, sus leves caricias, me hace regresar en el tiempo, me hace creer que no ha pasado nada y que volvemos a pertenecernos. Pero no hay nada más lejos que esto. —Me fui y no dije nada. Conduje toda la noche, paré docenas de veces porque no podía aguantar la desesperación, me dolía el pecho de una forma tan física que creí que me daría algo. Cuando me dijiste sobre el embarazo fue como alimentar un fuego que ya estaba ardiendo, me sentí traicionado, engañado...fue la cereza del pastel. —Te odié tanto ese día, Sam —confieso, mirándolo y recordando esas conversaciones duras, difíciles, en las que me dijo que no me creía—. No entendí qué te había pasado, me dolió y me destruyó saber que lo nuestro no significaba nada para ti. Te vi, te sentí...frío, despegado, cuando necesitaba que estuvieras conmigo como acostumbrabas. Me sentía sola, abandonada. Me perdí sin ti... Sam cierra sus ojos. Dos lágrimas caen por su mejillas. Respira fuerte y expulsa el aire con un temblor. —No hay manera en que pueda pedirte perdón y sentir que lo merezco, Zoe. Yo no me perdonaré haber caído en algo tan vil...pero... Hace una pausa, toma aire una vez más, pero cuando vuelve a mirarme hay resolución en sus ojos. —Pero sigo sin entender qué fue lo que pasó. —Traga saliva y veo el temor en su mirada. Mi corazón se acelera—. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué Mariella me dijo que perdiste el embarazo? Te juro que eso es lo único que no logro comprender a estas alturas. Repite lo que le dijo mi abuela y siento el impulso de alejarlo de mí a gritos, pero me contengo. —Mi abuela no haría eso, Sam —declaro, pero yo también escucho mi voz ahogada y tambaleante—. Ella tuvo sus reservas contigo, pero sabe cuánto me destruyó alejarme, cuánto me dolió perder a mi mejor amigo, al hombre que amaba. Ella no hubiera sido capaz de decirte esa mentira, porque me conocía muy bien. Yo jamás pretendí ocultarte el hecho de que estaba embarazada. Mi intención era contarte, pero no me buscaste jamás, no te preocupó saber si existía una posibilidad...yo me convencí de que no querías formar parte de la vida de tu hija... —Zoe, sé que esto no lo vas a entender, yo no es que pueda darte una razón. Pero sí vine aquí y te juro por Sammy misma que no te miento. A pesar de pensar que te habías entregado a alguien más, acepté que podía ser mío, estaba dispuesto a asumir mi responsabilidad. Llegué aquí y Mariella me dijo que habías perdido el embarazo, que tenías muy poco tiempo. Que te fuiste y que no te buscara, que no querías saber nada de mí... —No, Sam, no... —Por favor, créeme —insiste, tomando mi rostro y acercándolo al suyo. Apoya su frente en la mía y me mira a los ojos con un ruego que me corta el aliento. Él no está mintiendo—. Créeme cuando te digo esto, porque no tengo motivos para mentir, Zoe. Fui un idiota inmaduro, fui todo lo que quieras decirme...pero no soy un mentiroso. Mírame, por favor, y dime que me crees. Cierro los ojos y niego con la cabeza. Aceptarlo sería creer que mi abuela me hizo daño de alguna forma. Ella no pudo traicionar así mi confianza, supo lo que me dolió irme, el mantenerme lejos tanto tiempo, el criar sola a mi hija y el extrañar a Sam cada día de mi vida. —Llevo tu carta conmigo, Zoly —continúa Sam—. La llevo siempre como un recordatorio de lo mucho que creí que nos amábamos y la forma en que acabó todo. Cada vez que quise buscarte, saber de ti, leí tus palabras, de tu puño y letra...y me convencí de que mantenerme alejado fue lo que decidiste. Abro los ojos y lo miro con confusión. —¿Carta? Sam me mira ahora de la misma forma. Confusión, incertidumbre...es increíble todo lo que sentimos a la ida y a la vuelta. Da un paso atrás. Siento su ausencia al instante. Escuchar todo esto tomando su mano se sintió menos mal, ahora es como si estuviera al borde de un abismo. Busca algo en su bolsillo y al ver su cartera no entiendo nada. Pero cuando lo veo sacar de ella un papel doblado y desvencijado, entiendo un poco. —Esta fue la carta que me dejaste. Es tu letra, Zoe. Me entrega un papel doblado y está tan gastado que me demuestra por sí solo que Sam no mentía, él lee mucho lo que esto contiene. En cuanto lo abro veo una foto. Una foto que me hace querer llorar. Creo que me sale un sollozo, aunque no estoy segura; hay tantos recuerdos, tantas emociones a flor de piel, pero sigue sintiéndose todo demasiado tarde. En la foto yo me veo feliz y él, él se ve enamorado. Pestañeo para esconder las lágrimas y sigo abriendo la carta. Con solo leer el inicio ya sé de qué se trata. Voy directo al final, buscando la frase que lo cambia todo, que muestra esa manera extraña que tengo de desahogarme en los momentos complejos y difíciles de superar. Pero solo me encuentro una hoja rasgada. —Aquí falta un trozo... —No, siempre estuvo así. Levanto la cabeza y lo miro. No me miente, pero yo tampoco lo estoy haciendo. —¿Recuerdas mi diario? ¿Ese que nunca te dejé leer y por el que me gritabas que ya no serías mi mejor amigo? Sam ríe muy a su pesar. Luego asiente. —Pues, si te lo mostrara, encontrarías montones de notas donde acepto cada una de las cosas que alguna vez dijeron de mí, escribo las ofensas, me maldigo por ellas y luego, después de soltarlo todo...respondo como me gustaría y que por algún motivo no me atreví a hacerlo en el momento. Es mi manera de desahogarme. Me encojo de hombros y vuelvo a mirar esa nota. El final lo recuerdo, lo tengo muy claro aún diez años después. —Esta es solo la primera parte, Sam. Es mi desahogo. Mi respuesta a tus palabras nunca la leíste. Un dedo suyo se posa en mi barbilla, me levanta la cabeza hasta que nuestros ojos están alineados. —¿Qué decía? —Su voz es ronca, quebrada. Trago en seco. —Esta es la verdad que esperas, pero no es la que puedo darte.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD