LVII Podía aún escuchar dentro de su cabeza ese horrible zumbido, tal como lo hizo segundos antes de caer inconsciente. Todavía no abría los ojos y ya podía sentir del dolor en estos, no tenía muy claro si de verdad sentía los brazos o las piernas, ni cómo estaba respirando; ni siquiera sabía muy bien si se encontraba vivo, pero así debía ser, porque el dolor que estaba sintiendo lo estaba matando. El zumbido poco a poco se empezó a desvanecer, pero él seguía sin poder moverse, más por la agonía que aquello representaba, que por el hecho de no poder hacerlo, sin embargo, debía pedir auxilio de alguna forma, dolía, dolía demasiado. Abrió los ojos, todo estaba muy borroso, fue entonces que escuchó el grito de una mujer, no entendía muy bien lo que pasaba, luego sintió la presencia de mucha

