LVIII Se hizo una pequeña ceremonia de despedida, los asiáticos estaban muy felices con esos días en que tantos colaboradores hubiesen aceptado aquella invitación. Poco a poco iba llegando todos, había una mesa asignada por familia y del brazo de su marido, entraba la hermosísima señora Simmons. Su hija se aburría montones en aquellas cenas elegante y en las que solo hablaban cosas de dinero que a ella poco o nada le importaban. Julieta prefería quedarse esa noche en su cuarto, comiendo helado hasta que el propio cerebro se le derritiera y viendo películas de terror que su nana odiaba. Sería una larga noche para la mujer viendo dormir a una pequeña de 10 años, y ella tener en su cabeza el recuerdo de un enmascarado que arrancaban brazos humanos de un solo tajo. Carl esa noche estaba dife

