XIV Cuando la mujer la recogió a ella y a Joseph luego de la fiesta que dio el joven Castle, claro que notó lo alterada que se encontraba Irina, además que parecía sufrir de una fiebre muy alta, porque tenía el rostro por completo sonrojado. El muchacho le contaba a su madre las excentricidades de la mansión, mientras la chica estaba ida, tocando constantemente sus labios y sonriendo al azar por la ventana. Al llegar, la mujer que ahora se oficiaba como su madre, creyó que era el momento de tener «esa» conversación. Dejó que su hijo se fuera a dormir y luego con una taza de leche tibia empezó a hablar con la niña, que de seguro llegaría a mujer dentro de muy poco. Irina se negó a todo lo que estaba escuchando, jamás permitiría que Castle la tocara de esa forma en la que la mujer le habla

