LXXXV Las notas más tristes de un piano retumbaban en la cabeza de Jasper mientras todos intentaban hablarle, pero el padre no lograba escuchar nada más que esa melodía. Fue un horror poder hacer que soltara a Miki del brutal abrazo en el que lo tenía, él no iba a entregar a su hijo, no se lo iban a quitar, porque eso significaría que ya no se lo devolverían. Con dificultad los paramédicos liberaron el brazo del muchacho, sin embargo, ya nada se pudo hacer. Jasper volvió a cubrir el brazo de su hijo y a seguir meciéndolo mientras ponía su mejilla en la frente cubierta de cabellos negros, como el carboncillo de un artista, que ya no volverían a brillar jamás. Veía en cámara lenta como demasiadas personas entraban, las luces intermitentes estaban molestándolo mucho, agachó entonces su cabe

