XXXVII Esa noche, el lobo no pudo ir a las muchas fiestas y cocteles a los que había sido invitado, así que lo más probable es que compartiera su cama nada más que con la melancolía. Debía ir a una visita al sitio origen de tantas tristezas. La única que había podido sobrevivir, a lo que tuviese esa mansión contra las mujeres, había sido Irina, no obstante, a un costo muy alto. Estuvo metido en su auto mucho tiempo, de verdad no deseaba entrar tan rápido, amaba a sus padres, pero poner un pie en esa casa, solo removía el carrusel de recuerdos que le hacían otra perforación a su corazón, que no soportaba una más. Otro auto llegó tras el suyo y le hizo luces, no entendía el por qué no se hacía anunciar. De seguro se trataba de Miki. Julian y Miki habían logrado forjar una amistad, luego d

