XXXVI Abrió los ojos, pero aún sentía la pesadez en su cabeza, así como las incontrolables ganas de trasbocar. Inhaló aire por su nariz y luego lo expulsó muy despacio por su boca, ese ejercicio le ayudaba siempre que sentía náuseas. Todo estaba muy oscuro y silencioso, giró un poco su cabeza sobre su almohada satinada y vio la hora, 2:50 a.m. Era muy temprano bajo el criterio de su cuerpo que sabía resistía siempre un poco más. Giró su cabeza, pero esta vez del lado contrario y vio una sensual espalda al desnudo, luego unos grandes y suaves glúteos que al parecer no quisieron cubrirse con las sábanas de seda que habían sido escogidas por su decorador. Ese precioso cuerpo con un toque de bronceado estaba en su cama, de bruces, moviéndose apenas para recibir aire en los pulmones. Amaba ve

