XLIV Al sol de la mañana muy temprano, Irina recibía a sus hijos con los brazos abiertos, nada le causaba más alegría que verlos y que los visitaran. Ese día era el de su cumpleaños, los invitados serían solo amigos muy cercanos de la madre, casi todos sus colaboradores y sus familias. Jasper no tenía muchos conocidos, su vida siempre tan caótica no le permitió hacerlos, para él su alegría era compartir su existencia al lado de su única mujer, que a sus ojos se hacía cada día más bella. —¡Mamá! ¡Feliz cumpleaños! —gritó Julian emocionado abrazándola y cargándola muy alto. Todos estaba un poco sorprendidos, él estaba auténticamente feliz, pese a que para él ir a la mansión se convertía en una tortura. —¡Julian! Mi niño, hoy estás muy feliz, ¿pasó algo bueno? —dijo la mujer mientras aterr

