XXX Irina vio llegar al viejo conductor de Jasper, ese que la conocía tan bien. Se le hizo curioso, pues creyó que solo se trataba de algún mensaje excéntrico, incluso llegó a creer que llevaba un regalo de su parte. El hombre mayor entró, se hizo entender a medias palabras, no tuvo que decir mucho. Ella se llevó la mano al pecho, tomó su bolso, un sobre de documentos y pidió a sus empleados que por favor se hicieran cargo del negocio, que ese día no creía regresar. No dejaron de asustarse sus ayudantes ante la cara de terror que estaba haciendo su jefa. En la mansión, las cosas seguían igual de tensas, insoportables. Julian había cambiado un poco su posición, seguía sentado en el piso, pero ahora abrazaba sus piernas. Jasper lo veía, lo observaba, sintiendo culpa, rabia, profunda triste

