La oficina de Blackwood Enterprises seguía funcionando con su habitual eficiencia, pero bajo la superficie, el ambiente estaba tenso. Anthony había comenzado a ausentarse de reuniones importantes, a dejar correos electrónicos sin responder y documentos sin firmar. Sus empleados murmuraban preocupados entre ellos, conscientes de que su jefe no era el mismo desde la muerte de Elena. La figura de Anthony, antes omnipresente y vigilante, ahora era un mero espectro que vagaba por los pasillos, ausente y perdido en sus pensamientos.
Vanessa era la única que tenía acceso regular a Anthony. A pesar del incidente de la noche anterior en el bar, ninguno de los dos había mencionado el beso. Había una incomodidad palpable entre ellos, una tensión silenciosa que Vanessa sentía cada vez que Anthony estaba cerca. Él la trataba con una frialdad cortante, sus respuestas eran breves y su tono, seco. Pero ella soportaba su brusquedad con paciencia, comprendiendo que el dolor de Anthony se manifestaba en la forma en que alejaba a todos los que intentaban acercarse.
Aquel martes por la mañana, mientras revisaba la agenda del día, Vanessa notó con alarma que Anthony tenía una reunión crucial con inversores para discutir la futura expansión de la empresa. Una oportunidad que, de salir bien, podría significar millones en nuevas inversiones. Vanessa sabía que Anthony no había mostrado ningún interés en la reunión, pero también sabía que no podían permitirse perder la confianza de los inversores.
Golpeó suavemente la puerta de la oficina de Anthony antes de entrar. Lo encontró sentado detrás de su escritorio, mirando fijamente un documento, aunque sus ojos estaban desenfocados.
—Anthony —dijo con suavidad, intentando no alterarlo—. La reunión con los inversores es en una hora. ¿Quieres que te prepare un resumen de los puntos principales?
Anthony levantó la vista lentamente, como si le costara entender lo que ella decía.
—¿Qué reunión? —preguntó, su voz desprovista de interés.
Vanessa sintió una punzada de frustración, pero mantuvo su voz calmada.
—La reunión con los inversores sobre la expansión. Es muy importante, Anthony. Necesitamos mostrarles que la empresa sigue fuerte.
Anthony frunció el ceño, como si las palabras de Vanessa apenas estuvieran comenzando a penetrar en su mente nublada.
—No estoy de humor para reuniones, Vanessa. Reagéndala o diles que no estoy disponible.
Vanessa tomó una profunda respiración, tratando de contener su preocupación. Sabía que no podía dejar que Anthony se retirara completamente. La empresa lo necesitaba. Él lo necesitaba, aunque no quisiera admitirlo.
—No podemos seguir posponiendo estas cosas, Anthony. La empresa depende de ti. Todos dependen de ti.
Anthony apretó los labios, su expresión se endureció.
—No me des lecciones, Vanessa. Sé lo que tengo que hacer. Pero ahora mismo, no me interesa lo que piense el consejo, ni los inversores, ni nadie más. Y si tanto te interesa esa reunión, ve tú.
Vanessa sintió cierta indignación por la forma en que Anthony se comportaba. Él siempre había sido un jefe implacable, poco dado a entender las excusas por problemas personales, en cambio, ahora, llevaba semanas sin atender las llamadas de atención de los inversores.
—Entiendo que estés pasando por un momento difícil, Anthony. Todos lo entendemos. Pero no puedes dejar que esto te consuma. La empresa es tu legado. Es lo que Elena también habría querido que mantuvieras fuerte.
La mención de Elena pareció atravesar a Anthony como un dardo. Se levantó bruscamente de su silla, sus ojos brillaban con una mezcla de dolor y enojo.
—No me hables de lo que Elena habría querido. No tienes idea de lo que ella quería o no quería. Tú no la conocías como yo. ¡Nadie la conocía como yo!
Vanessa retrocedió un paso, sorprendida por la intensidad de su reacción. Pero en lugar de amedrentarse, mantuvo la mirada fija en él.
—Tienes razón, no la conocía como tú. Pero la conocí lo suficiente para saber que querría verte luchar, no rendirte. Y si te importa algo de lo que construyeron juntos, entonces necesitas estar presente.
Las palabras de Vanessa colgaron en el aire, pesadas y llenas de verdad. Anthony cerró los ojos, sus hombros se desplomaron ligeramente.
—No pienso ir. No me importa si esta empresa se hunde, o si todo el mundo desaparece, ahora mismo lo único que deseo es escapar de todo.
Vanessa dejó su lucha porque Anthony fuera a la reunión, segura ya de que no pensaba presentarse; y al salir de su despacho, decidió mandar correos electrónicos a todos los asistentes disculpándose por cancelarla con tan poca antelación.