La Propuesta Inesperada

922 Words
En las semanas que siguieron a esa intensa reunión, las cosas no mejoraron. Los inversores dejaron de aparecer, y cuando Vanessa contactaba con ellos vía telefónica, siempre le ponían alguna excusa. Al cabo de unos meses, la tensión en Blackwood Enterprises era palpable. Durante las últimas semanas, las reuniones en la sala de juntas habían sido más largas y acaloradas, las discusiones más intensas. Vanessa había escuchado fragmentos de conversaciones, palabras como "crisis", "rescatar" y "colapso inminente" repetidas una y otra vez. Sabía que algo iba terriblemente mal, pero Anthony no había compartido detalles con ella. Vanessa estaba sentada en su escritorio, revisando informes financieros cuando oyó su nombre. —Vanessa, ven a mi oficina, ahora. La voz de Anthony era tensa, más fría de lo habitual. Ella se levantó rápidamente, dejando los documentos en su escritorio y dirigiéndose al despacho de Anthony. Al entrar, encontró a Anthony de pie junto a la ventana, su figura alta y firme recortada contra la luz del día que se filtraba a través de las persianas. —Cierra la puerta, por favor —dijo, sin girarse. Vanessa obedeció y se acercó lentamente al escritorio, esperando que él hablara primero. Había algo en su postura que la hizo sentirse inquieta, una rigidez que indicaba que lo que estaba a punto de decir no sería fácil de escuchar. —Estamos en problemas, Vanessa —comenzó Anthony, sin rodeos—. La situación financiera de la empresa es más grave de lo que pensaba. Hay un agujero en nuestras cuentas que no podremos cubrir con nuestros ingresos actuales. Y los inversores... —suspiró, finalmente girándose para mirarla—, los inversores quieren garantías. Vanessa sintió un nudo formarse en su estómago. Había sospechado que las cosas estaban mal, pero no había imaginado que fuera tan grave. —¿Qué tipo de garantías? —preguntó con cautela. Anthony la observó por un momento antes de responder, como si midiera el peso de sus palabras. —Quieren una alianza más fuerte, una muestra de que tengo un compromiso personal con el futuro de la empresa, no dejan de comentar que desde que Elena murió me ven perdido, y que no confían en mí. Y la única opción viable que he encontrado es... un matrimonio de conveniencia. Vanessa parpadeó, atónita. No había esperado eso. No podía haberlo imaginado. —¿Un matrimonio? —repitió, su voz apenas un susurro—. ¿Con quién? Anthony se quedó en silencio por un momento, sus ojos azules la miraban intensamente. Luego, dio un paso hacia ella. —Contigo, Vanessa. La palabra quedó suspendida en el aire entre ellos, pesada y definitiva. Vanessa sintió que el suelo se movía bajo sus pies, su mente luchaba por comprender lo que Anthony acababa de decir. Durante años había soñado con él, había imaginado cientos de formas en que él podría declararle su amor. Pero nunca, en sus sueños más locos, había considerado un matrimonio por conveniencia. —¿Conmigo? —logró decir, su voz sonaba débil, casi ajena—. Pero, ¿por qué yo? Anthony suspiró, pasándose una mano por el cabello en un gesto de frustración. —Porque confío en ti, Vanessa. Porque sé que eres leal a esta empresa, y a mí. Cualquier otra persona tendría sus propios intereses, sus propios planes. Pero tú... tú siempre has puesto a la empresa primero. No puedo permitirme que mi nueva esposa me desacredite metiéndose en escándalos, o contando por ahí que nuestro matrimonio no es más que un acuerdo, y estoy bastante seguro de que tú no lo harás. Vanessa se quedó en silencio, tratando de procesar lo que estaba sucediendo. Parte de ella quería rechazar la idea de inmediato, gritarle a Anthony que no podía pedirle algo así. Pero otra parte de ella, la parte que había estado enamorada de él durante tanto tiempo, no podía evitar pensar en lo que esto significaría. Estar cerca de él, ser su esposa, aunque fuera solo de nombre. —Esto no es lo que quería para ti, Vanessa —continuó Anthony, suavizando su tono—. Sé que es mucho pedir, y no tienes que aceptar. Pero si lo haces, te aseguro que te compensaré generosamente. Y, más importante, salvarás la empresa. Vanessa cerró los ojos, tomando una profunda respiración. Anthony la necesitaba. No como ella siempre había soñado, no por amor, sino por lealtad y necesidad. —Lo haré —dijo finalmente, abriendo los ojos para mirarlo fijamente—. Me casaré contigo, Anthony. Haré lo que sea necesario para salvar la empresa. Anthony pareció aliviado, aunque su rostro permaneció inexpresivo. Dio un paso más cerca y tomó la mano de Vanessa en la suya, un gesto que parecía más formal que afectuoso. —Gracias, Vanessa. Sabía que podía contar contigo. Esto no será fácil, pero lo superaremos juntos. Vanessa asintió, tratando de ignorar el dolor en su pecho. Sabía que Anthony no la amaba, que esto no era más que un arreglo conveniente para él. Pero también sabía que no podía dejarlo hundirse, no cuando tenía el poder de ayudarlo. Mientras Anthony volvía a su escritorio y comenzaba a discutir los detalles prácticos del acuerdo, Vanessa se permitió un momento para cerrar los ojos y respirar profundamente. Podía hacerlo. Por Anthony, por la empresa, y quizás, solo quizás, porque una parte de ella aún albergaba la esperanza de que, con el tiempo, él pudiera llegar a verla de otra manera. La vida sigue, se recordó a sí misma, y con ella, las oportunidades para cambiar.
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