NARRA MAXIMILIAN Sonreí al mirar caer el cadáver del gladiador de Licinius al suelo, con una certera estocada el hombre había caído, justamente la espada le había traspasado la garganta haciendo que la sangre chispeara por todos lados, los leves motes color carmesí empapaban el mármol, había sido una buena batalla sin duda alguna, lo malo para el senador era que no podría cerrar su cartera a los pagos por su matrimonio que habíamos apostado entre sí. —Eso es mala suerte—Exclamé burlón al mirar el cadáver del hombre, el germano con esos ojos azules como el océano y cabello rubio miro complacido a su rival, tenia buen ojo y eso se había constatado, la multitud estallo en aplausos. Gia estaba sobre mis piernas mirando la escena. —Maldita sea—Soltó Licinius derrotado—He tenido un mal ojo

