Camila Volvimos de la acampada con sueño de domingo y arena en las zapatillas. Dejé la mochila junto a la puerta y me fui directa a la cocina. Gael sacó dos tazas del armario sin decir nada, la coordinación de siempre. Mientras el café subía, desplegué la lista en la mesa. —Hoy no quiero pendientes —dije—. Quiero juego. —Define juego —respondió Gael, sirviendo. —Reto de “decir que sí a todo”. Con límites —añadí, levantando la mano—. Nada que nos meta en problemas ni que requiera abogados. El resto: sí. —¿Tengo voz y voto? —Tienes derecho a veto si algo te incomoda. Yo también. Pero si preguntamos normal… “sí”. Gael me sostuvo la mirada un segundo. —Empiezas tú —dijo. —Empiezo. Sí 1: bañarnos y café frío. En ese orden. —Sí —aceptó. Nos duchamos por turnos. Al salir, él ya había m

