Capitulo 3 "Lo digo en serio"

1403 Words
Camila Subimos del trastero todavía riéndonos por la nota que Gael encontró pegada a un viejo CD: "Mix sensual 2014". -Tú no tienes vergüenza -dije entre risas mientras empujaba la puerta de casa con el hombro. -Tú eras la DJ. Yo solo sufría. Entramos dejando la caja de recuerdos sobre la mesa. Me quité la chaqueta y la tiré sobre una silla. Él hizo lo mismo con su sudadera. Aún olía a polvo y a cinta adhesiva vieja, pero dentro de esa caja había más historia nuestra que en cualquier conversación profunda. Nos fuimos directos a la cocina. Puse agua a calentar casi por reflejo. Ya había tomado café con él esa mañana, pero me apetecía algo caliente. Algo que sirviera de excusa para no decir demasiado rápido lo que llevaba pensando desde que vi esa lista. Él se sentó en el taburete frente a la encimera, con los brazos cruzados y la mirada fija en la lista que había dejado abierta sobre la mesa. Sus ojos se movían entre los renglones con una mezcla de nostalgia y vergüenza ajena. -"Enamorarse bien" -leyó en voz baja, arrugando un poco la nariz-. ¿Qué significa eso siquiera? -Ni idea. Pero suena bonito, ¿no? -Me apoyé de espaldas en la encimera, cruzando los brazos también-. Como si en aquel momento pensáramos que había una forma correcta de enamorarse. -A los diecisiete pensábamos muchas cosas -contestó, sin mirarme. Dejé que el silencio se asentara unos segundos, mientras el hervidor comenzaba a sonar. Sabía que si decía algo en voz alta ahora, iba a sonar más intenso de lo que pretendía. Pero también sabía que, si no lo decía, me iba a arrepentir. -Gael -empecé, y él alzó la vista de inmediato-. Hagámoslo, de verdad. -¿Hacer qué? -La lista. Cumplirla. Él me miró un par de segundos, y luego volvió la vista a la hoja, como si no hubiera escuchado bien. O como si quisiera asegurarse de que no estaba de broma. -¿En serio? -Sí -dije, esta vez sin dejar espacio para dudas-. ¿Y si lo hacemos como despedida de nuestra versión adolescente? Como... una forma simbólica de cerrar una etapa. Para no llegar a los 25 sintiendo que todo quedó a medias. Él abrió la boca para contestar, pero la volvió a cerrar sin emitir sonido. Me acerqué con dos tazas de té y le pasé una. Aceptó sin dejar de mirar la lista. A su manera, sé que estaba procesándolo. Gael no decía que sí de inmediato a nada, pero si no decía que no al instante, era buena señal. -¿Tú crees que eso ayuda? -preguntó finalmente-. ¿Hacer un puñado de cosas absurdas que escribimos cuando apenas sabíamos lo que queríamos? -Tal vez no ayude, pero... ¿y si sí? -Tomé un sorbo de mi taza. El líquido me quemó un poco los labios, pero no me importó-. No quiero que todo se quede en "hubiéramos hecho". Aunque sea por reírnos de nosotros mismos. Aunque sea por terminar algo que empezamos. Gael giró la taza entre sus manos con expresión pensativa. Yo no añadí nada más. Lo conocía lo suficiente como para saber cuándo dejarlo rumiar sus pensamientos en paz. Y, al final, lo dijo sin mirarme, casi en un suspiro: -Vale, lo haremos. Sonreí. No lo esperé y tampoco lo dudé. Me incliné sobre la encimera y lo abracé por el cuello, con fuerza, como si acabara de decirme que había comprado billetes para huir del mundo. Él se quedó quieto un segundo. Literalmente quieto. Después, muy despacio, me devolvió el abrazo. No era la primera vez que lo hacía, pero hubo algo raro en cómo su cuerpo tardó en reaccionar. Como si el gesto lo hubiera pillado desarmado. Me separé rápido, sin mirarlo demasiado de cerca. No quería incomodarlo. Ni incomodarme. -Bien. Ya tenemos plan -dije, fingiendo ligereza mientras me volvía a apoyar en la encimera-. Solo falta... saber por dónde empezar. -Y cómo. -Exacto. Hubo una pausa. Luego se le ocurrió algo. -Podríamos grabarlo. Documentarlo, digo. Me reí. -¿En serio quieres que nuestras estupideces queden en vídeo? -No sé. Puede ser divertido. Como una especie de cápsula del tiempo. -Tú sí te verías en cámara. Yo no. -¿Por qué no? -Porque soy un caos. No tengo un buen ángulo. No sé hablar frente a una cámara sin parecer idiota. Y, además, ¿quién va a querer ver esto? Él se encogió de hombros. -No lo digo por subirlo a ningún sitio. Solo por tenerlo. Para nosotros. Me quedé pensándolo. Parte de mí sabía que si aceptaba grabar, iba a acabar colgado en algún sitio. No por mala intención, sino porque Gael era así. Cuando algo le salía bien, quería compartirlo. -Podemos grabar cosas sueltas. Pero sin enfocarme demasiado. Y nada de subidas, ¿vale? Él levantó una mano como jurando. -Lo que tú digas, caos andante. Rodé los ojos. -Tú eres demasiado estructurado como para entender el valor del caos. -Pero tú eres demasiado caos como para no necesitar algo de estructura. Así que estamos a mano. Nos sonreímos. Así éramos. Tan distintos, y sin embargo, tan sincronizados cuando nadie miraba. Gael Cuando salí de su casa, el cielo seguía gris, pero ya no me pesaba igual. Iba caminando con las manos en los bolsillos y la cabeza en la lista. En ella. En lo fácil que era seguirla en su locura sin pensarlo demasiado. "Como despedida de nuestra versión adolescente", había dicho. Y por alguna razón, esa frase no dejaba de dar vueltas en mi cabeza. Subí las escaleras de mi piso sin fijarme si el ascensor funcionaba. Ni siquiera estaba seguro de haber saludado a la vecina del tercero, que siempre se quejaba del ruido que nadie hacía. Entré, dejé las llaves en la repisa y me senté frente al ordenador. Pero no lo encendí. Saqué el móvil. Aún tenía el té en el estómago, pero algo en mí necesitaba dejar constancia de lo que acababa de pasar. No por ella. Por mí. Porque por primera vez en mucho tiempo, sentía que íbamos a hacer algo que sí iba a contar. Abrí la app de grabación y miré los clips del trastero. Había grabado unos segundos mientras ella se reía con una bolsa en la cabeza, y otro más cuando encontró los dibujos de cuando tenía 17. Ninguno mostraba su cara. Solo sus manos, su voz, su risa. Eso bastaba. Pensé en dejarlos ahí, solo para nosotros. Pero luego abrí t****k. Me quedé mirando la pantalla vacía del perfil nuevo que acababa de crear. Sin nombre llamativo, sin bio, sin imagen de perfil. Nada que la relacionara con nosotros. Solo un usuario sin rostro. Y una lista que acabábamos de desenterrar. Subí el clip más corto, el del momento en que ella saca la lista de la caja, dice "¿te acuerdas de esto?", y se escucha mi risa de fondo. Duraba seis segundos. No ponía nada explícito. Solo titulé el vídeo: "Volver a cumplir promesas de los 17." Lo subí. No lo pensé demasiado. Solo lo hice. Como ella habría hecho. Apagué la pantalla, me apoyé en el respaldo de la silla y dejé que pasaran unos minutos. Fingí que no me importaba. Que no lo iba a volver a mirar. Pero todos sabemos cómo funciona eso. Volví a entrar pasados doce minutos. 10 visualizaciones. No era nada. O tal vez era justo lo suficiente para que no pareciera un fantasma. Actualicé la página. 1 comentario. Lo abrí sin pensar. No esperaba nada. Quizá un "wtf" o un "qué es esto". Pero no. ¿Son pareja? Sonreí. No de forma burlona. Tampoco sorprendido. Solo... sonreí. Porque, aunque no lo pareciera, ese comentario tenía mucho más peso del que debería. Y no por lo que decía. Sino por lo que removía. Apagué el móvil. Me quedé con esa sonrisa a medio formar, con la cabeza apoyada en la mano y la duda flotando en el aire. No se lo dije a Camila. Porque aún no era el momento. Porque no quería que supiera que algo se había puesto en marcha sin que ella lo viera venir. Porque, quizás, parte de mí quería ver qué pasaba... cuando alguien más empezara a mirarnos como algo más que "solo amigos". Y sobre todo, porque esa sonrisa que me dejó el comentario no se parecía en nada a una broma.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD