*** ARTHUR CRYSON***
Hoy voy nuevamente a la oficina, me gusta estar involucrado en todo a mi alrededor, es un gran peso haber sido hijo único y ahora ser legítimo heredero de una empresa que realiza proyectos de construcción a gran escala. Decido pasar al super al lado de la empresa pues me apetece algo dulce, esta mañana salí tan temprano a una reunión que no tuve tiempo de desayunar, mi asistente ha ido por comida pero necesito algo para tomar energía, mi cuerpo es exigente con ello; me formé para realizar el pago, cuando un hombre se aproxima hacia mí queriendo pasar a través de la fila, doy un paso hacia atrás, el hombre atraviesa y de repente recibo una bofetada de una mujer que estaba delante de mí, no lo vi venir y tampoco lo entendí, no pude siquiera articular una palabra cuando la mujer salió furiosa del lugar. Las personas alrededor me miraron con desconfianza y cuchicheaban entre ellas; al fin llegó mi turno de pagar y salí de ahí sintiendo aún el ardor en mi mejilla, esa chica sí que era fuerte, pero como de la nada decidió golpearme… ¿acaso la conocía?
Entré en mi edificio y la recepcionista me indicó que me esperaban en la sala de juntas para una entrevista, aquella que mi asistente me había comentado apenas hace unas horas, subí de inmediato en el elevador y entré en la sala de juntas; cual fue mi asombro al ver allí de pie a ese huracán que golpeó contra mi mejilla y se fue sin dejar rastro, sus ojos aceitunados me miraron con asombro, era la candidata economista que íbamos a entrevistar, no pude dejar de observarla con desdén, era carne muerta, sola había terminado a mi merced, quise detener la entrevista y decirle que no había lugar para ella en mi empresa, pero debido a la presencia de los demás me contuve y permanecí en completo silencio, observe que su rostro era muy pálido pero sus mejillas muy rosas, sus labios eran carnosos y esos ojos eran realmente atractivos, podía ver que tenía unas enormes pestañas desde mi lugar que era algo lejano a ella. Después de un tiempo la entrevista culminó y me retiré de la sala de juntas, aún pude ver su cara nerviosa y a Susan diciéndole que le llamaría
-ja, sobre mi cadáver- refunfuñé.
Fui a mi oficina, realicé mis pendientes y Carlos mi asistente entró con mi agenda en mano para indicarme que en la noche tendría una reunión rápida en el hotel Emper para la firma de un contrato, entonces tomé mi telefóno y marqué a algunos amigos para tomar unos tragos y charlar sobre algunos negocios.
Me duché en mi oficina que está equipada especialmente para aligerar mi apretada agenda, a veces no tengo tiempo ni de ir a casa a dormir y es mejor tomar las medidas necesarias. Me coloqué un traje café claro y una camisa blanca, decidí no usar corbata para darle un aire más informal, peiné mi cabello hacia atrás y emprendí mi camino, esta vez manejé yo mismo y mi escolta como siempre iba detrás, es incómodo pero necesario con tanta inseguridad.
Terminando la firma del contrato me reuní con Aarón mi amigo desde que tengo memoria, su familia también es acaudalada y tenemos negocios en común, estábamos tomando tragos y platicando grandes hazañas cuando siento que una mano toca mi glúteo, dirijo mi mirada y era ella… el huracán de esta mañana
-Ahora estamos a mano- dijo sonriendo plácidamente y guiñándome el ojo
La observé detenidamente, ¿acaso se me estaba insinuando? luego caí en cuenta, ella pensó que yo la había tocado cuando estábamos en el super, cuando muy seguramente fue el hombre que pasó y al voltear y verme decidió abofetearme sin preguntar
-Usted sí que hace lo que quiere- contesté molesto- acaso va por la vida suponiendo cosas que no son- le dije. Ella pensaba irse pero la sujete de la mano, intentó soltarse pero la apreté con más fuerza, iba a reprocharle que no estaba interesado en su trasero, que podía tener mejores si así me placía, pero apenas iba a hablar cuando me besó, era algo que no esperaba y sin darme cuenta ya la había soltado y escapado de mí. Esperaba que nadie hubiera visto eso, tendría que dar explicaciones y ni siquiera la conozco.
La vi sentarse en una mesa junto a otra chica, la observé pensando en cómo habían terminado así las cosas, era una mujer que destacaba en el lugar, vi como varios caballeros le dedicaban miradas de deseo, quizás las mismas que ahora estaba poniendo yo, ese beso me incitó y quería ver si habría más; sumergido en mis pensamientos vi como la chica que la acompañaba se acercó a mi amigo Aarón junto a mí y le decía que le parecía conocido, cosa que obviamente era un pretexto para intentar tirárselo, mi amigo cayó redondito y se ofreció a acompañarla a tomar algo, acto seguido, me pegué a él como chicle y terminé sentado con ellos, tratando de ver cuáles eran las intenciones de esa chica y si podría satisfacer ese deseo que ella misma despertó. Procuro no tener relaciones estables, es mejor algo pasajero pues mis responsabilidades no me permiten dedicar ese tiempo, comúnmente soy muy precavido y no estoy dos veces con una misma chica.
Hablamos de temas triviales y la acompañante de ella se fue con mi amigo Aarón dejándonos solos e incómodos, no pasó mucho tiempo y el huracán se levantó de su asiento diciendo que se retiraba
-La llevo hasta su casa- indiqué levantándome también de mi asiento
-No es necesario- dijo-mi coche está en el estacionamiento-
-Entonces le acompañó hasta allá, ahí también está mi auto. Y caminamos hasta llegar al elevador.