*** ARTHUR CRAYSON***
Subimos al elevador, ninguno de los dos habló, algunas personas subieron y se llenó dejándonos hombro a hombro, la vi poner una cara extraña y apretar sus ojos como si al abrirlos todos desaparecieran, tomé su mano fuertemente y no opuso resistencia, creo que la hizo sentir mejor y no la solté, en mi mente repasaba lo que podía hacer allí con ella, su mano era suave y delicada, su aroma era como flores de primavera; las personas bajaron, crucé mis brazos alrededor de su cintura acorralándola contra el pasamanos del elevador, sin dudarlo besé sus labios, eran tan agradables que no podía despegarme de ellos, me correspondió y eso me permitió intentar ir más allá; sus manos sujetaron mi cabello haciéndome notar su deseo; quería comerla a besos, la atracción era demasiada, su delgado y curveado cuerpo estaba bien proporcionado, sus pechos eran medianos pero suficientes, su cintura pequeña y sus caderas prominentes, el elevador paró y lo cerré de inmediato marqué el piso veinticinco, donde se encuentra la suite en donde ocasionalmente cohabito, continué besándola, su lengua jugueteaba con la mía, jamás me había sentido tan locamente excitado por una mujer, menos por una que hoy mismo conocí y en circunstancias poco comunes.
Al abrirse el elevador la levanté en mis brazos, quería que el pasillo fuera menos largo y llegar rápidamente
Ahora estamos a mano- le dije mientras reía seguramente como un completo idiota. Abrí apresurado la habitación colocando el código y la coloqué en la cama, no estaba seguro que tan lejos estaba dispuesta a llegar conmigo, me aparte por un segundo pero se abalanzó en mi cuello sosteniéndome con sus brazos dándome nuevamente un exquisito beso; eso fue más que suficiente para dejar ir mi pasión sobre ella
-Eres hermosa señorita desconocida, soy Arthur Crayson, pero eso ya lo sabes- dije agitado- Estas segura que…
No terminé de hablar y sus caricias lo dijeron todo, la tomé entre mis brazos y la hice mía, nada me importó en ese momento, solo quería saciar ese deseo, sentir su piel, estar dentro de ella y repetirlo hasta que no pudiera más, ella me dijo su nombre… Helena, durante la entrevista estaba tan fuera de mí que ni siquiera puse atención en su nombre, sonaba tan bien como ese momento de pasión.
Al despertar, Helena no estaba, la busqué por toda la suite pero se había ido, así sin decir adiós, quizás fue lo mejor, me ahorró la incomodidad que en ocasiones había cuando estaba con una mujer pero dejó un desastre a su paso que poco a poco empezaría a descubrir.
Me dirigí hacia mi casa por mi equipaje pues tenía agendado un viaje para supervisar unas obras que duraría aproximadamente dos meses pues sería fuera del país no sin antes tomar mi teléfono y pedirle a mi asistente que se asegurara que la señorita Olivos obtuviera el empleo, lo cual, solo dependía de mí pues los demás miembros estaban maravillados con ella y su currículo.