Bárbara se quedó pensando en la pregunta de Rosalie, por supuesto que lo había pensado, el Señor Grand había anunciado que su hijo comenzaría a trabajar en la agencia iniciando el año, pero ya no había marcha atrás, ya ella se había revolcado con Michael, en el Tropical Park y fue él, quien la siguió hasta el baño y luego hasta la calle, para pedirle repetir en su departamento y verle la cara todos los días en el trabajo, iba a ser una gran tentación o una gran incomodidad.
— ¡Vamos Rosalie! No seas aguafiestas — dijo Samantha — ¿Por qué recordarnos lo que ya sabemos? Además, si lo piensas bien, ¿Cuántas veces al día le vemos nosotras la cara al señor Grand? El sólo pasa por recepción dos o cuatro veces al día, cuando llega, cuando sale a comer, cuando regresa y cuando sale por la noche.
— Sam tiene razón Rosalie, prácticamente no le vemos la cara en todo el día, así que no habrá ningún problema, además lo que pasó entre él y yo, no se volverá a repetir - dijo Bárbara.
— Barbie, ¿Crees que después de haber disfrutado tanto, van a poder aguantarse las ganas de volverlo a hacer? Ese hombre es un adonis, ¿Qué mujer en sus cinco sentidos después de habérselo cenado una vez no querría cogérselo de nuevo? Además, desde que tienes ese cuerpazo todos los hombres te miran con lujuria ¿Crees que él va a ser la excepción? — dijo Rosalie convencida, de que después de haberse probado sexualmente, no podrían contener las ganas de hacerlo de nuevo.
— Escuchen chicas — dijo Bárbara — Michael Grand, es guapo, tiene el cuerpo perfecto y un paquete absolutamente delicioso, pero, así como se acostó conmigo, él, se acuesta con cualquiera, espero en dios que no me haya contagiado alguna enfermedad, porque estaba tan caliente que fui tan estúpida de no acordarme del condón y él un irresponsable que tampoco lo hizo. Ayer yo salí de casa con la idea de tener una aventura y la tuve, pero no pretendo convertirme en su amante y mucho menos me hago ilusiones de ser algo más; esta mañana cuando desperté en su cama, él se había ido, no me dio la cara, seguramente estaba por ahí esperando que yo me fuera para entrar, así que, en el trabajo, voy a intentar verlo lo menos posible, para evitar situaciones incómodas.
— Pero, Barbie — dijo Samantha — y tu sueño de ser ejecutiva de Marketing, ya has concluido los estudios y éste año ibas a hablar con el señor Grand para pedirle una oportunidad.
— Lo sé, pero creo que ese sueño se va a tener que esperar, o tendrá que ser en otra agencia, pero bueno, esperemos que llegue el día, todavía tenemos una semana de vacaciones y ya veremos cuando tengamos que regresar cómo se dan las cosas.
— ¿Crees que te podrías enamorar de él Barbie? — preguntó Rosalie, como siempre con sus preguntas incómodas.
— ¡Claro que no! — Exclamó Bárbara tajante — ¿Cómo podría enamorarme de un hombre que va por la vida seduciendo mujeres? Además, ni siquiera tuvimos una conversación, tan solo “cogimos”, y para enamorarse, hay que conocer a una persona y, además, yo no sólo debo pensar en mí, recuerden que yo tengo un hijo y para elegir una pareja, también debo pensar en él y Michael Grand, dista mucho de ser una buena figura paterna.
— Es que Barbie, harían tan bonita pareja, el guapísimo y tu bellísima, creo que son el uno para el otro — dijo Samantha.
— Por favor chicas, creo que ya fue suficiente de Michael Grand, ya pasó, coge delicioso, podría tirármelo todos los días, pero no es un hombre para enamorarse, seguramente a ésta hora ya debe estar con su siguiente ligue, para la próxima semana que comience el trabajo, ni siquiera se va a acordar de mí, ¡Es más! Es viernes ¿Por qué no nos ponemos bellas y vamos a bailar? ¿Qué tal algo de salsa para navidad?
Las dos chicas se dieron por vencidas con la conversación, Bárbara, siempre cambiaba así de radicalmente el tema, cuando ya no quería seguir hablando de lo mismo, así que se entusiasmaron con la idea de salir a bailar, estaban de vacaciones y era una buena oportunidad para disfrutar sin preocupaciones, además Ian, estaría con su padre hasta el domingo, así que podían bailar y beber si les apetecía y por supuesto se quedarían a dormir en casa de Bárbara sin problema.
Se comenzaron a arreglar, Bárbara abrió su closet y por supuesto sus amigas podían usar lo que quisieran, no es que ella tuviera mucho dinero para comprarse ropa, pero cuando era ballet de set, se había hecho muy amiga de la diseñadora, que hacía la ropa para las modelos y siempre le llamaba, ya que cada fin de temporada hacía una venta de garaje y la dejaba escoger lo que más le gustara, antes de abrir al público, así ella había podido hacerse de un guardarropa fabuloso, capaz de competir con cualquier ropa de diseñador y ella no tenía ningún problema en que fuera ropa de segunda mano.
Samanta era más bajita, delgada y morena, toda la ropa le quedaba, aunque un poco más larga por su estatura y Rosalie era castaña, casi igual de alta que Bárbara, sólo qué con las caderas más anchas, aunque tenía una cintura espectacular.
Samantha eligió una falda de jean y un top n***o, ella siempre usaba plataformas, así que no tuvo problema para combinar la ropa con el calzado que llevaba, Rosalie eligió una falda negra y amplia para disimular sus caderas y un top color menta que le resaltaba sus facciones, decidió dejar sus flats negras para poder bailar sin preocuparse por el cansancio y Bárbara se decidió por un vestido strapless n***o, ceñido al pecho y a la cintura, pero amplio en la parte baja, le quedaba un poco arriba de las rodillas y ella amaba los tacones, se sabía hermosa, pero con tacones se sentía sexy.
Pidieron un taxi y el destino era “Salsa mía” era uno de los mejores centros nocturnos para bailar música latina, en una ocasión, se habían hecho amigas del barman, así que él, les servía los tragos con poco alcohol, para que pudieran beber más sin emborracharse pronto y si llegaban temprano, podían encontrar su mesa favorita vacía, no era una mesa principal, pero estaba cerca de la barra y cerca de la pista.
Cuando llegaron el lugar todavía estaba vacío, tan solo un grupo de amigos en una mesa principal, se veía claramente que eran turistas extranjeros, se trataba de cuatro chicos de entre veinte y veinticinco años, cuando las chicas pasaron junto a ellos, notaron que el idioma que hablaban era alemán, ninguna de ellas entendió lo que decían, pero no dejaban de mirarlas y era obvio que estaban hablando de ellas.
Se sentaron y pidieron unos deliciosos mojitos cubanos, poco a poco las mesas se fueron llenando de gente, la música comenzó y las parejas comenzaron a bailar al ritmo de “La cita” de Gali Galiano, las chicas disfrutaban bailar salsa, se sorprendieron cuando tres de los chicos extranjeros se pusieron de pie y se acercaron para invitarlas a bailar, entre risas y bromas, pues era obvio que no tenían ni idea de cómo bailar ese tipo de música, pero era bastante divertido tratar de que aprendieran.
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Michael y Danielle llegaron al Hard Rock café, allí Michael había quedado con Xavier y con Bobby, sus camaradas de parranda, ambos se sorprendieron al verlo llegar acompañado, regularmente, no acostumbraban a llevar compañía, era mejor “ligar” en el antro, aunque la chica que lo acompañaba estaba para comérsela.
Michael presentó a Danielle con sus amigos, y ambos envidiaron su suerte, sabían que indiscutiblemente su amigo iba a terminar en la cama con ese bombón.
Pidieron snacks y cervezas y estaban totalmente divertidos con las anécdotas de Danielle en París, ella era una chica bastante extrovertida, platicaba de una manera que hacía que las personas a su alrededor se imaginaran cada detalle de lo que ella narraba, imitando voces y actuando cada escena.
— Chicos, este lugar es muy aburrido — dijo la rubia tajante — vamos a un lugar donde podamos bailar, me encanta la música latina y me recomendaron un lugar que se llama “Salsa mía”
— ¡Olvídalo! — dijo Michael, queda a más de una hora de camino.
— Pero todavía es temprano, ¡Anda, vamos! — dijo la chica haciendo cara de puchero — tengo muchas ganas de bailar.
Michael miró a sus amigos, ambos lo miraron con cara de “estas jodido brother”, Danielle los convenció.
Tardaron un poco más de una hora en llegar, el lugar estaba lleno, el ambiente invitaba a la fiesta, mientras les asignaban mesa, Danielle preguntó dónde se encontraba el tocador, a los tres chicos les llamó la atención que todas las personas en la pista rodearon una pareja al centro, un joven rubio, claramente extranjero, luchaba por llevar el paso de la música, Michael, sonrió al ver sufrir al rubio, pero se quedó con la boca abierta cuando vio a la hermosa mujer que bailaba con él, esas piernas perfectas él las conocía muy bien, las había besado, lamido y mordido a placer la noche anterior, era Bárbara tratando de enseñar al chico a bailar.