Michael abrió los ojos y miró a la hermosa mujer que dormía plácidamente junto a él, habían quedado exhaustos de la deliciosa noche de sexo que habían tenido, lo que había comenzado en el Tropical Park con una desconocida, había terminado en su lujoso departamento de soltero en Coral Gables, él por supuesto era el típico Junior acostumbrado a despilfarrar el dinero que su padre depositaba en su cuenta cada mes, aun cuando había logrado un Master en Mercadotecnia, no había trabajado nunca, de hecho ni siquiera le gustaba visitar la agencia de publicidad de su padre, puesto que pensaba que el día que tuviera que tomar el mando, tendría que pasar todo su tiempo allí, por lo que mientras ese día llegaba, prefería no acercarse ni a un kilómetro a la redonda.
Se levantó sin hacer ruido se dirigió hacia la cocina, necesitaba un café para despejar su mente, si bien había tenido muchas parejas sexuales en su vida, ninguna había sido capaz de dejarlo literalmente “exprimido”, definitivamente podía catalogar su encuentro con Bárbara como el mejor sexo que había tenido en su vida.
Buscó en la alacena y en todos los cajones de la cocineta y no encontró café, así que se vistió y salió de mala gana a comprar café en el Starbucks más cercano, eran vacaciones y tal vez la ardiente chica en su cama estaría dispuesta a pasar el fin de semana con él, estaba seguro de que ella también había disfrutado mucho y tal vez quisiera repetir.
Bárbara abrió los ojos y sonrió satisfecha al sentir el dolor en su cuerpo producto de la mejor noche de sexo de su vida, se sorprendió al darse cuenta de que estaba sola en la enorme cama King size con sábanas de seda color gris perla, miró a su alrededor, el lujoso departamento decorado de una manera muy sobria y elegante, con muebles en colores grises y turquesas que resaltaban entre las blancas paredes, era claramente un apartamento de soltero, tan sólo era una gran habitación con una cama, una sala en la que no podía faltar una enorme pantalla, un equipo de sonido y por supuesto lo más nuevo en videojuegos y una cocineta con una barra y un bar; la ducha no tenía paredes, tan sólo cristales para evitar que el agua saliera hacia la habitación pero que no cubrían absolutamente nada del interior, la única puerta debía ser la del inodoro, así que se levantó y fue hasta allí; abrió la puerta y se encontró con un pequeño vestidor y al fondo otra puerta con el baño.
Se notaba claramente que Michael usaba ese apartamento únicamente para sus encuentros sexuales, tan sólo había unas cuantas mudas de ropa, por lo que se notaba que no vivía allí de tiempo completo.
Hizo sus necesidades y se vistió, Michael no regresó, así que ella dio por hecho que la aventura había terminado, salió del apartamento rápidamente para evitar un encuentro incómodo con él, no quería enfrentarse a la pregunta ¿Y qué vamos a hacer ahora? Ya que era lo que era, un encuentro casual delicioso, ella no esperaba más.
Tomó un taxi y volvió a casa, iba a pasar el día de navidad y el fin de semana sola, ya que Ian, su hijo, estaría todo el fin de semana con Brian, su padre y con Francesca su nueva pareja, agradecía que ella no quisiera ser madre y por eso aceptara a Ian en su vida, el niño siempre hablaba de lo bien que lo trataba y lo consentía en todo, así que a ella le daba tranquilidad el saber que su hijo era bien aceptado por su madrastra.
Llegó a su pequeño departamento en Boca ratón, era la única herencia que le había dejado su padre, quien había fallecido hacía ya algunos años así que gracias a eso podía vivir en una buena zona sin tener que preocuparse por el alquiler.
Cuando Michael regresó al departamento con un café para él y uno para ella, descubrió que la chica ya no estaba en el apartamento, sonrió al recordar que regularmente era él quien salía huyendo después de pasar la noche con alguna chica a la que no quería volver a ver, aunque ésta vez no era el caso, el sexo había sido tan bueno que, por supuesto le hubiera encantado repetir, pero bueno, tal vez era mejor así. Era navidad y seguramente su madre le llamaría para que fuera a casa a almorzar y quizá debería de darle la sorpresa de ser él quien tomara la iniciativa de pasar la navidad en familia, se sorprendió al tener estos pensamientos, quizá al saber que tendría que comenzar a trabajar a inicios del año que estaba por comenzar lo estaba haciendo madurar. Se duchó y salió rumbo a la mansión familiar en un exclusivo fraccionamiento muy cerca de allí, se sentía cansado, pero ese cansancio le producía un inmenso placer tanto, que por supuesto le encantaría repetir.
Barbará se duchó y se puso un fresco pijama de bóxer y camiseta, no tenía planes para navidad, su única familia era Ian, y cómo él no estaba, lo único que le quedaba era acurrucarse en un sillón y ver televisión, iba a ser el fin de semana más largo y aburrido de su vida, así que aprovecharía para hacer limpieza y descansar al máximo. Se preparó un café y encendió el televisor, era un buen momento para ver esa serie de la que todos hablaban y ella no había podido ver porque Ian, acaparaba el control remoto para ver dibujos animados, cuando sonó su móvil, era su amiga Samantha, que sabía que estaría sola en navidad y le llamaba para invitarla a pasar con su familia.
— ¡Hola Sam! ¿Qué haces levantada tan temprano? — preguntó al presionar el botón de contestar.
— ¿Barbie? — dijo la voz del otro lado del auricular — ¿Por qué no tomas un taxi y vienes a casa? Mi madre preparó el estofado que tanto te gusta, y así no te quedas sola en casa.
— ¡Oh, no Sam! Te lo agradezco amiga, pero estoy en pijama y la verdad es que estoy muy cansada, no tengo ganas de salir.
— ¿A qué te refieres con cansada? — preguntó Samantha, ya que muchas veces habían salido a bailar durante toda la noche y al día siguiente se presentaban a trabajar como si nada hubiera pasado — Aún me tienes que contar que fue lo que pasó con ese Santa con el que te revolcaste, quiero saberlo todo.
— ¡Sam, te vas a morir cuando sepas de quién se trata!
— ¿Cómo? ¿A caso lo conozco?
— ¡Sí, es nada más ni nada menos que Michael Grand!
— ¿Qué? — preguntó tan asombrada Samantha que hasta se le cayó el móvil de las manos — Escúchame bien Barbie, no te muevas de allí, ahora mismo veo que le invento a mi madre y salgo para tu departamento, no podré vivir con esta incertidumbre, necesito saberlo todo ya.
— Jajaja, está bien aquí te espero, pero trae un poco de ese estofado que hace tu madre — dijo Bárbara riendo.
Bárbara sabía que no habría poder humano que evitara que Samantha fuera hasta allí a enterarse de todo y seguramente llamaría a Rosalie para que se uniera, las tres chicas se habían hecho grandes amigas desde que se conocieron en la agencia hacía ya casi cuatro años, ellas fuero su gran apoyo, cuando Brian la dejó al saber que estaba embarazada. Brian era modelo y actor, se conocieron justamente cuando Bárbara entró a trabajar en la agencia como ballet de set, ella se encargaba de asistir a los modelos durante las grabaciones o las sesiones fotográficas, tenía apenas veintiún años y nunca imaginó que aquél hermoso modelo de veinticinco años, en pleno apogeo de su carrera se fuera a fijar en ella, una chica normal, con un cuerpo normal e incluso un poquito pasada de peso aunque con unas facciones hermosas y unos enormes ojos azules que la hacían bastante atractiva, salieron durante unos meses, pero la inexperta chica olvidó tomarse las pastillas anticonceptivas y estaba tan enamorada que no le exigía a Brian, que usara preservativo, así que se quedó embarazada lo cual fue un duro golpe para ella, pero más para Brian, quien tuvo miedo de hacerse responsable y decidió terminar la relación dejando a Bárbara sola con “su problema” como él había llamado al embarazo, fueron varias personas, las que aconsejaron a Bárbara deshacerse “del problema” abortando, pero la valiente chica decidió conservar a su bebé, y hacía ya dos años, cuando Ian había cumplido un año que Brian se había interesado en conocerlo y en asumir su responsabilidad, puesto que se había casado y quería ser padre, pero su esposa no deseaba tener hijos y fue ella quien le aconsejó buscar a Bárbara y conocer a Ian.
Bárbara había dejado sus estudios de mercadotecnia para trabajar y hacerse cargo de su hijo y cuando Brian apareció ofreciéndole su apoyo económico para criar al niño a cambio de que lo dejara frecuentarlo, no se negó, al fin al cabo el niño tenía derecho de conocer a su padre y éste tenía la obligación de mantenerlo, y así ella podría volver a la universidad y cumplir su sueño de dejar de ser un ballet de set y convertirse en una ejecutiva de marketing.
Cuando el señor Grand se enteró que la chica que llevaba dos años trabajando como ballet había entrado en la universidad, pidió al área de recursos humanos que le dieran un puesto en las oficinas, así fue como se convirtió en recepcionista, el sueldo era mayor y el tiempo de trabajo era menor así podría combinar el trabajo con el estudio, ella siempre había admirado al presidente de la agencia, era una persona de gran calidad humana, siempre preocupado por el bienestar de sus empleados.
Tal y como se lo imaginó, después de unas horas Samantha y Rosalie llegaron a su departamento llevando una buena porción de estofado, pan brioche con ajo y parmesano hecho por la abuela de Rosalie, ensalada de nueces y frutos rojos y una botella de vino para almorzar juntas y enterarse de todos los detalles de la “Santa Revolcada” de su amiga.
Se pusieron cómodas, se deshicieron de su ropa y se pusieron su pijama para entrar en ambiente y no desentonar con la anfitriona, se sentaron en la alfombra alrededor de la media canoa de madera vieja convertida en mesa de centro y se prepararon para escuchar el relato de su amiga.
Bárbara les contó todo lo que pasó en el Tropical Park, cómo Michael de quien en ese momento no conocía su nombre la había “manoseado” bajo el vestido logrando ponerla tan caliente, que a ella no le importó que se tratara de un pobre chico que tenía que recurrir a vestirse de Santa para obtener un poco de dinero, y les dijo lo grandiosa que estuvo la “revolcada” en el parque y cómo casi se le cayeron las bragas al darse cuenta de que se trataba del hijo del señor Grand, y que sorpresivamente la siguió hasta el baño para repetir la hazaña y al final de la fiesta habían terminado en su departamento de soltero.
Las chicas estaban con la boca abierta, no podían creer la deliciosa aventura de su amiga en el parque y la coincidencia de haberse encontrado nuevamente en la agencia; Todas reían y se emocionaban, hasta que Rosalie realizó la pregunta del millón.
— Oye Barbie — dijo la chica poniéndose muy seria — ¿Ya pensaste que a partir del año nuevo Michael Grand será tu nuevo jefe?
Michael llegó a la mansión familiar, no sin antes pasar a la modesta casa de Jeremy, quien estaba convaleciente por la fractura en su pierna, le entregó un costal lleno de cartas que los niños le habían entregado a Santa y el dinero recaudado en la villa navideña, y como cada año, él duplicaba la cantidad y daba incluso más, para que el anciano pudiera realizar sus obras de caridad en un orfanato cercano.
Cuando Michael entró en la casa, el olor a chocolate caliente y galletas recién horneadas, le recordaron su niñez, sorprendió a su madre tomándola por la cintura y cargándola para hacerla girar en el aire.
— ¡Michael! — Exclamó la señora Grand, feliz de no haber tenido que llamar a su hijo cien veces para suplicarle que viniera a almorzar a casa en navidad.
Rachel Grand, aún era muy joven, todavía no cumplía los cincuenta años, ella se había casado muy jovencita con un hombre veinticinco años mayor, pero del cual se había enamorado profundamente, a pesar de la diferencia de edad y exactamente eso quería para su único hijo, un amor verdadero y una familia como la que ella tenía; a pesar de los prejuicios sociales y las habladurías que cuestionaban la veracidad de su amor por ese hombre que bien podría ser su padre.
— Madre, necesito en este momento una taza de ese delicioso chocolate y un par de esas galletas.
— ¡Pero mira nada más qué facha traes! — le dijo — se nota que no has dormido nada, anda date una ducha y cámbiate de ropa, los Renué vendrán a almorzar con nosotros y no querrás que Danielle te vea en esa facha.
— ¿Danielle Renué? ¿Ya regresó de París? La última vez que la vi era una chiquilla flaca con brackets y según recuerdo, se había ido a estudiar diseño de modas a París.
— Pues te vas a ir de espaldas cuando la veas, ha empezado una carrera de modelo, se ha convertido en una mujer muy hermosa, incluso tu padre, ha considerado ofrecerle algún contrato para una de sus campañas publicitarias.
— Bueno, mi padre siempre ha tenido buen ojo para las mujeres, logró que la más hermosa se enamorara de él, — dijo besándola en la frente — supongo entonces que ha cambiado mucho, ya me has convencido madre, voy a ducharme, no le quiero darle una mala impresión a la niña Renué.
— Tal vez podría interesarse en ti y decidas casarte y sentar cabeza.
— ¡Oh, no madre! Esas son palabras mayores, ¿Para qué hacer infeliz a una sola mujer si puedo hacer felices a muchas?
Salió de la cocina rápidamente esquivando el trapo de cocina que su madre le arrojó como respuesta a su comentario, él sabía que sus padres albergaban la idea de que él se casara y tuviera hijos, pero definitivamente, eso no estaba en sus planes, había decidido comenzar a trabajar en la agencia, porque su padre ya estaba cansado, recién había cumplido setenta y cinco años e incluso había tenido un pre infarto. Michael era rebelde, parrandero y mujeriego, pero amaba a sus padres, era hijo único y era un hecho que sus hijos serían los únicos nietos en esta familia, pero ser padre era una responsabilidad mayor, y él no consideraba estar listo para un paso de esa magnitud.
La familia Renué vivía en el mismo fraccionamiento, Danielle era la mayor de sus hijos, y era cuatro o cinco años más joven que él, de niños, Danielle lo perseguía por todos lados, siempre quería estar cerca de él, pero Michael ya era un adolescente y prefería salir con chicas más grandes así que nunca le prestó atención, era sorprendente que se hubiera convertido en modelo, ya que siempre fue bastante insignificante, en su mente sólo estaba una chica flaca, con una falda escolar debajo de la rodilla, una cola de caballo hecha con el cabello rubio y una sonrisa con brackets y ligas verdes. Su madre y la Señora Renué siempre hablaron de lo maravilloso que sería que sus hijos se empataran y así convertirse en una sola familia así que seguramente este almuerzo, estaba bastante arreglado para un encuentro entre ellos.
Se duchó y se cambió de ropa, un pantalón Dockers y una camiseta Polo para estar cómodo y para que su madre no le insistiera en que se vistiera formal, el clima de Florida era cálido aun cuando era navidad, pero su madre le habría reclamado si se quedaba en jeans.
Bajó las escaleras cuando escuchó el timbre, los invitados habían llegado, suspiró profundo, hubiera preferido salir a navegar o quedarse en su apartamento de soltero con Bárbara, ya que no podía dejar de pensar en lo rico que era coger con ella, pero bueno ya estaba en casa y no había marcha atrás.
Abrió la puerta y los señores Renué estaban esperando en el porche, Mariel Renué era unos cinco años más grande que su madre, una señora rubia y elegante y Octavio, su esposo era al menos unos cinco años menor que su padre, también eran una pareja con una considerable diferencia de edad, aunque no tanta como la de sus padres, probablemente por eso se llevaban tan bien y conservaban una amistad de muchos años años.
— ¡Michael, feliz navidad, tu tan guapo como siempre! — Exclamó Mariel Renué apenas lo vio.
— Feliz navidad Mariel — contestó Michael, quien se sorprendió al ver que los señores no iban acompañados por Danielle — Feliz navidad también para ti Octavio, adelante, pasen mi madre está en la cocina — ¡Madre, llegaron lo Renué! — gritó para que su madre lo escuchara y los encaminó hacia la sala cuando el timbre volvió a sonar.
— Debe ser Danielle que estaba estacionando el coche — dijo Mariel, y Michael se regresó para abrir nuevamente la puerta.
Apenas abrió, se sorprendió al ver a la hermosa mujer que tenía enfrente, sus largas y torneadas piernas en unos tacones rojos, con una falda de vinipiel negra y un top rojo que apenas le tapaba el busto y dejaba su plano vientre a la vista.
— ¡Hola Michael! — dijo la rubia de ojos azules y labios en color nut, presumiendo una hermosa sonrisa, sin duda los brackets le habían funcionado muy bien.
— ¿Danielle? ¡Wow qué agradable sorpresa! Vaya que has cambiado mucho, te vez muy bien, adelante bienvenida.
— ¡Vaya! Has notado el cambio, qué impresión — dijo la chica complacida, ya que estaba acostumbrada a que, durante su niñez, ni siquiera la mirara.
— Bueno, no todos los días se ve una mujer tan hermosa como tú.
— Jajaja, deja que me ría, estoy segura de que se lo dices a cuanta mujer se atraviesa en tu camino.
— Bueno, funciona algunas veces — dijo él guiñando un ojo coqueteando.
Los dos entraron riendo hasta la sala dónde ya los esperaban sus padres, la señora Renué y la señora Grand, intercambiaron una mirada de complicidad, al parecer, los muchachos se habían caído bien, Danielle era una mujer hermosa y Michael era todo un adonis, así que ambas mujeres no perdían la esperanza de ver a sus hijos casados algún día.
Almorzaron entre risas y bromas, recordando anécdotas de cuando eran niños y Michael solía jalarle las trenzas y mofarse de sus brackets, ahora era imposible no mirarla como mujer, era hermosa y muy sensual.
Era viernes y todavía era navidad, a Michael ya se le había hecho eterna la reunión familiar, quería disfrutar su último fin de semana de libertad, pero sus padres, no le perdonarían que se fuera dejando a los invitados, así que decidió invitar a Danielle a bailar, había quedado con unos amigos en un bar de la ciudad tal vez a ella le apetecía salir a distraerse.
— Danielle, he quedado con unos amigos en un bar esta tarde ¿Por qué no vienes? Hay que dejar que los viejos sigan recordando y vayamos a dar una vuelta ¿Quieres?
— ¡Claro! — dijo la rubia — ¿Por qué no?
Salieron ante el beneplácito de sus familias y se montaron en el Mustang de Michael, amaba ese auto, era un clásico, aun cuando tenía otros, ése era su favorito si de salir de fiesta se trataba, en cuanto subieron al auto él decidió poner las cosas en claro con Danielle.
— Danielle, espero que no te moleste lo que voy a decirte, pero tú sabes que tu madre y la mía, pretenden empatarnos ¿verdad?
— ¡Claro que lo sé! Lo vengo escuchando desde que era niña.
— Quiero ser sincero contigo, yo no tengo planes de tener una relación formal, al menos no por ahora.
— No te preocupes Michael, yo tampoco, soy demasiado joven para pensar en eso, pero podemos ser amigos ¿No? — él se sorprendió cuando la chica al decir las últimas palabras, se acercó a su rostro y sacando su lengua sensualmente, le lamió los labios insinuándose.
— Danielle, no creo que sea correcto — dijo él
— ¡Por favor Michael! He vivido en Europa los últimos diez años de mi vida, no soy una niña.
— Michael arrancó el auto no sin antes presionar un pezón de la chica sobre su top rojo a manera de respuesta.