Diego fue repentinamente despertado de su sueño por el sonido agudo e insistente de su teléfono. —Ughhhh —gruñó, intentando alcanzarlo a ciegas, con el cuerpo aún pesado por el cansancio. Entrecerró los ojos ante el resplandor de la pantalla y vio el nombre que aparecía en ella: Jasón. Apenas lo procesó cuando presionó el botón de respuesta y se llevó el teléfono a la oreja. —¿Quién llama a alguien en esta época? Solo escríbeme, hombre —gruñó Diego, con la voz cargada de sueño. Apartó el teléfono de su rostro para ver la hora. Sus ojos apenas se acostumbraron cuando vio que eran las 6:00 a. m. —Jesús —murmuró, pasándose una mano por la cara—. ¿A las seis de la mañana? ¿Que pasa contigo, hombre? Jasón, completamente despreocupado, se rió entre dientes al otro lado de la línea. —Buenos d

