43, 44, 45, 46… Diego estaba en su segunda reunión y estaba muy aburrido. No era que quisiera ser indiferente —sabía que debía estar escuchando, concentrado—, pero su concentración se había desconectado hacía unos quince minutos. Contar las baldosas se había vuelto mucho más entretenido que fingir que asimilaba lo que decían. No ayudó que Jasón le hubiera enviado un mensaje de texto justo cuando llegó. Jasón: Surgió trabajo. No puedo ir. Lo siento. Diego se quedó mirando el mensaje por un segundo, sintiendo una oleada inmediata e irracional de molestia. Luego, casi inmediatamente, la culpa. Porque ahora que lo pensaba… no tenía idea de en qué trabajaba Jasón. Él no había preguntado. Ni una sola vez. Mierda. Debería preguntárselo más tarde... Suspiró, hundiéndose aún más en su sil

