Le conté todo... Todo lo que recordaba después de mi transformación, lo que ocurrió en mi manada, lo que representaba ese collar. Sentí un nudo en el estómago mientras repasaba cada detalle, como si reviviera cada uno de esos momentos que aún me atormentaban. El peso de los recuerdos me aplastaba, y por un instante temí que las palabras no pudieran cargar con el dolor que aún me recorría. Sin embargo, lo hice, necesitaba hacerlo. Ya no podía cargar con ese dolor sola. -Al año y medio, la muerte del beta de mi padre marcó el comienzo del fin. La manada comenzó a desmoronarse, y me vi atrapada en un torbellino de pérdidas. Al principio no entendía lo que estaba pasando, cómo todo lo que había sido tan sólido, tan seguro, se venía abajo tan rápido. A medida que iban cayendo uno a uno los que

