-Señorita Enith, no deberíamos estar haciendo esto-, masculló una menuda chica de anguloso rostro y cabellos marrones, mientras avanzaban a hurtadillas por los oscuros callejones de la ciudad sitiada -es muy peligroso-. Susurró la sirvienta mientras se escondía junto a Enith, tras un par de cubos enormes de basura, ambas enfundadas en oscuras y pesadas túnicas con capuchas que les cubrían el rostro y el frío del invierno.
Enith chasqueó los labios echando una mirada por la calle desierta.
-Cállate Bonny, tengo que hacer esto-, Enith se escurrió fuera de la “seguridad” de los cubos de basura -no echaré a perder esta escapada solo por el miedo-. Contestó mientras Bonny corría tras ella.
-Pero señorita, “esas cosas” están aquí afuera, usted es alguien a quien no dudarían en hacer daño, solo para desquitarse con el rey-. Susurró la pequeña sirvienta mientras luchaba con el poderoso temblor de sus piernas.
Enith frenó en seco para girarse a mirar a una temblorosa y muy asustada Bonny, está última vio a Enith con miedo, mientras la modelo la contemplaba con los ojos entrecerrados.
-No necesito que me lo digas Bonny-, la reprendió con dientes apretados -no soy ninguna estúpida, sé que es arriesgado-, los ojos de la modelo centellaron luego de tomar a su sirvienta por el brazo, para arrastrarla con ella a un oscuro y aterrador callejón vacío -solo que tu minúsculo cerebro no entenderá por qué necesito “verla”-. Finalizó Enith con un toque de dolor en la voz.
La minúscula doncella se silenció, no solo temía por los monstruos de afuera, sino también le temía a Enith, a veces, ella solía ser bastante aterradora, por lo que cerró la boca con su respiración evidenciando su miedo.
Aplastó su espalda contra el frío muro del callejón, mientras se preguntaba porque Enith hacía lo que hacía, aún y arriesgando su vida, fijó su vista en la modelo, buscando una respuesta ante su comportamiento tan imprudente, pero por más que miró no logró ver un toque de perturbación en Enith, por lo que, temerosa de que algún monstruo les fuera a saltar encima desde las sombras, se pegó a la pared y así, evitar ser vista.
Aguardaron unos momentos, Enith se abrazó a sí misma sintiendo el frío calarle cada parte del cuerpo, y, aunque intentara mantenerse lo más fuerte que podía, estaba completamente aterrada, muerta de miedo, del peligro que estaban corriendo ambas, solo un leve temblor en los dedos de las manos la delataba, por lo que intentaba esconderlo ocultando las manos en el interior de su capa.
No era nada tonta, Enith no se arriesgaría por nada, pero para ella, era necesario tomar ese peligro, era importante hacer lo que llevaba días acosándole el pensamiento, un pensamiento acompañado de un crudo sentimiento que no la dejaba dormir por las noches.
Solo dos días faltaban para la ejecución de Joanna y, Enith no estaría presente ese día tan oscuro, no porque no hubiera estado invitada, sino porque no podía verla morir, Enith no podría vivir consigo misma sino se despedía, para ella era mucho más que importante, no sumaria un peso más a lo que ya llevaba encima, Joanna debía morir, si, de eso no tenía duda, pero, ansiaba ver su rostro una última vez, no para presenciar a la monstruo, sino a la que fue su amiga hacía mucho tiempo atrás.
Un ligero ruidito las hizo mirar con pánico, ambas respiraron ruidosamente mirando la obscuridad viscosa del fondo del callejón, Bonny se plantó tras Enith sintiendo que se desmayaría, mientras la modelo tenía un sinfín de recuerdos pasando frente a sus ojos como un proyector, ideas y planes atravesaban su cerebro una y otra vez; estaba consciente que al escapar de la seguridad del castillo, cabía la posibilidad de ver los ojos de colores de Griffin, unos ojos que no salían de su mente desde aquella noche, aunque se distrajera, nada funcionaba, todavía tenía tan vívida la sensación que le causó su vibra malvada, su rostro hermoso acosaba sus sueños convertidos en terribles pesadillas, perturbando sus noches, pues, era todo tremendamente retorcido y aun así, había tomado el riesgo de salir a mitad de la noche y afrontar sus peligros.
Sin embargo, relajaron sus corazones acelerados cuando un pequeño ratón emergió del callejón dando brinquitos y royendo pedazos de basura.
Enith se tuvo que recargar en la pared, soltando todo el aire contenido en sus pulmones, cerró los ojos, estaba desarmándose del frío y del terror que le causaba el sentirse acechada y asustada.
Exhaló el aire frío mirando el cielo estrellado “Así te sentiste aquella noche ¿No es así, Joanna?” La pregunta surgió en su cerebro, mientras recordaba las palabras de Griffin, cuando de sus labios rojos contó la verdad de hacía 8 años, una verdad que le calaba cada rincón del corazón ¡Claro!, Eso no era nada a comparación de lo que Joanna debía haber experimentado.
-Ese contacto suyo, ya demoró-. Se quejó Bonny mirando la calle silenciosa.
Enith tomó una bocanada de aire para poder resistir.
-Te he dicho que te calles, mi contacto no debe tardar, vinimos al punto acordado-. Enith entornó los ojos hacia donde miraba su doncella, pero no vio más que la noche helada.
-Quizás deberíamos regre…-
-Ssschhh-, la silenció Enith mirando dos lejanos puntos de luz, ambas se escondieron un poco, a esas alturas, cualquier cosa podría ser un enemigo -le pagué una buena cantidad como para que me falle-. La modelo forzó su mirada, el par de luces eran tenues y se apagaron a los pocos segundos, ¡Bingo!, el corazón de Enith palpitó con fuerza ¡Esa era la señal!, por lo que, tomando valor, agarró a Bonny del brazo y rezando para no haberse equivocado arrastró a su empleada al silencioso auto n***o que aparcó cerca, en medio de la niebla.
A los pocos metros de acercarse, las puertas traseras del auto se abrieron, Enith y su doncella entraron como un rayo en el interior, precavidas de hacer el menor ruido posible, o algo que alterara el silencio del lugar.
Resopló levemente aliviada, al ya no estar tan expuesta en la calle, además de que el rostro conocido de su contacto le regresó la mirada desde el espejo retrovisor del auto, un joven soldado que comenzaba a hacer favores un tanto riesgosos por dinero, él pues, era quien las llevaría a donde estaba encerrada Joanna.
Sin embargo, aún corrían peligro, pero, optó por dejarse caer en el respaldo del asiento al momento en que el oscuro auto avanzó, Bonny aún temblaba levemente mientras miraba por la ventana cerrada.
-No te pagué para que me hicieras esperar-. Le reprochó Enith al joven soldado de rostro serio, esté la miró de nuevo por el espejo retrovisor.
-Lamento que hayan tenido que esperarme, es solo que como ya saben, yo también debo tomar mis precauciones-. Contestó el joven hombre con un toque de sarcasmo en la voz.
Enith entrecerró los ojos, cruzándose de brazos.
-Ya, solo conduce y te pagaré el resto del dinero cuando nos traigas de regreso, como acordamos-. Dijo la modelo agarrando la mano de Bonny, ambas estaban heladas, por lo que se acercaron una con otra para entrar en calor.
-Tardaremos un poco en llegar señoritas, por lo que, me tomé la libertad de traer una frazada-, las volvió a mirar por el espejo -aún bajará más la temperatura en el lapso de la madrugada-. Dijo al momento en que el chico les pasaba un pedazo de tela marrón desde los asientos delanteros, Enith, tomó la manta y de inmediato se envolvió a ella y a Bonny, la tela le causaba repulsión, pero, la cubría del frio y eso, era más que suficiente, ya luego tomaría un largo baño de agua caliente y perfumada.
Sin embargo, a pesar del cansancio, el miedo y el frio, batalló para conciliar el sueño, se remolinaba en su lugar, incómoda por verla luego de todo lo que había descubierto, los ojos de su chofer la contemplaron silenciosos por el retrovisor, parecía que quería decirle algo, pero se moderó, Enith no era alguien a quien se le hablara así como así, por lo que se contuvo, Enith lo intuyó, pero estaba tan distraída en su mente que prefirió ignorar al chico que la observaba con detenimiento cada cierto tiempo, estaba más distraída en que podría decirle a Joanna que se olvidó de su alrededor, incluso de Bonny, quien se había dormido tan rápido como un bebé, además agradeció el calor que le dio el cuerpo de su doncella, estaba paralizada de frio, pero no pudo prevenir aun así que Bonny casi se subiera encima de ella para dormir cómoda, sin embargo, tenía mucho que pensar, aún quedaba bastante camino por recorrer, además que, era tremendamente peligroso lo que estaba haciendo, pero tenía sus convicciones fuertes, ya no echaría nada por la borda estando tan cerca.
Se remolinó los sesos abrazándose a sí misma, debía serenar su mente o se volvería loca, cerró los ojos agotada, aún no llegaba, pero, al menos dormitaría un poco, en su mente palpaba por lo que estaba corriendo tanto riesgo, se despediría de Joanna, a como diera lugar.
…..
Debido al peligro que corrían, el viaje tomó poco más de dos horas, pero, luego de que su chofer las despertara, al fin Enith pudo ver el exterior del complejo, respiró de alivio, ya la esperaban, por el momento, “estaban seguras”.
A diferencia de la primera vez, no había quien la recibiera, pero eso no le interesaba, pero cuando bajaron, su contacto fue quien las guio al interior del complejo.
Enith todavía no se acostumbraba a aquel hoyo que era esa espantosa prisión, todavía y le causaba escalofríos recorrerla, sin embargo, se mantuvo mientras Bonny se aferraba a su brazo, tan fuerte que le hacía daño.
Afianzó sus pasos, estaba nerviosa, volvería a ver a Joanna después de saber la verdad, respiró entrecortadamente, temblando completa, parecía que dentro de esas oscuras paredes hacía mucho más frio que afuera, por lo que, se abrazó a sí misma para intentar repeler el viento gélido calándole los huesos, pero se engañaba a sí misma, en realidad, estaba tan nerviosa de ver el rostro de Joanna, que su cuerpo reaccionaba de aquella manera, por lo que intentó desviar su mente, concentrándose en escuchar sus propios pasos, así como también en contarlos, de esa manera, podía disociar su realidad para evitar que su cerebro la llevara donde no quería estar.
Sin embargo, inevitablemente, después de atravesar algunos pasillos, llegó a su destino.
Tuvo que tragar saliva con dificultad cuando el pasillo donde Joanna tenía su celda, apareció, silencioso, nauseabundo y congelado.
Allí, la esperaba el jefe de los guardias, y en silencio y sin dirigirle la palabra al jefe, dejó que la guiaran al interior del pasillo.
Enith frenó sus pasos a medio camino, el jefe de guardias, su contacto y su doncella la miraron fijamente, luego ella, les regresó la mirada con intensidad.
-Gracias por acompañarme, pero, necesito privacidad ahora-. Dijo la guapa modelo haciendo su voz un pequeño eco en el espacio.
Ni siquiera su doncella se atrevió a decir algo, incluso ella podía sentir como el ambiente se volvió tenso y sumamente triste.
El guardia en jefe asintió con la cabeza, invitando a Bonny a regresar sobre sus pasos.
A los pocos segundos, Enith se quedó sola en medio del pasillo.
Enith soltó aire por la nariz y a paso lento, caminó el resto del camino, hasta plantarse frente a la única celda ocupada del fondo del pasillo, enfocó la mirada en el interior con perspicacia.
Una celda que no aguardaba ningún cambio desde la última vez que había ido; dentro, encontró un cuerpo pálido hecho un ovillo, se relamió los labios tomando las barras oxidadas de la celda, observó la mata de pelo rojo pardo que se desparramaba por los brazos amoratados y lánguidos.
Enith sintió un cosquilleo en su corazón, abrió los labios para hablar, pero, sorpresivamente, fue interrumpida.
- ¿Qué quieres Enith? – Habló la pelirroja con voz ronca, la modelo parpadeó mirando como Joanna levantaba la cabeza del hueco de los brazos, dejándola sin aliento, el rostro de la pelirroja era una mata de miseria y tristeza que le puso la piel de gallina.
-Yo…- Enith resopló, de pronto teniendo en su mente la visión de Joanna corriendo por callejones entre el pánico y el frio, para después vivir en el enloquecedor dolor de ser devorada viva, su voz titubeó, su culpa y su debilidad la traicionaron -vengo a despedirme de ti Joanna-. Logró hablar sin que se notara tanto su voz consternada.
Joanna no pudo evitar dibujar una sonrisita torcida, las cadenas que enrollaban su cuello, tintinearon.
-No me sorprende-. Susurró Joanna más para sí misma.
Enith apretó las barras oxidadas, con frustración.
-Escucha Joanna, yo…-
-Sabía que vendrías a expiar tus pecados, para sentirte menos culpable por lo cruel que fuiste desde siempre y, especialmente “esa noche”-. Joanna fijó sus intensos ojos bermellón, silenciando a su “ex” mejor amiga -Ya me enteré de lo que pasó hace algunos días, no me pareció raro que Griffin les hablara sobre “ese incidente de hace 8 años”- Joanna y Enith se miraron fijamente - ¿Te sorprende? No creerías hasta donde vuelan los chismes Enith…-
La pelinegra apretó los ojos con frustración.
-Porque-, dijo con dientes apretados -porque no simplemente me concedes este deseo Joanna-. Abrió los ojos Enith.
Joanna se remolinó en su asiento, consciente que Enith había estudiado sobre las leyendas y mitos que envolvían a los gules, sabiendo que gran parte de eso se debía a las investigaciones de Chariose, la pelirroja se puso de pie, luciendo sus tobillos, muñecas y cuello enredados en gruesas cadenas que la fijaban a la pared, Enith fingió no ver los eslabones oxidados.
Para Joanna, una desagradable sensación de resentimiento, le caló las entrañas.
-Porque los Gules en realidad no concedemos deseos-, Joanna levantó una ceja roja -solo fingimos concederlos, para consolar antes de la muerte-, miró fijamente a una Enith de labios entreabiertos -pero contigo, no me apetece siquiera mentir-. Contestó con saña la pelirroja mientras una desolación hacía más grande el hoyo en su pecho.
Se hizo el silencio entra las dos, uno muy incómodo.
-Joanna, solo quiero que sepas que…-
-No hablaré más contigo, pronto al fin voy a morir y tú, Enith, te quedarás cargando con la culpa de tus pecados-. Los ojos de Joanna eran tan fieros, que Enith ya no pudo contestar de alguna manera, y, con los ojos humedecidos levantó la mirada hacia una pelirroja que regresaba silenciosa a su posición inicial, el rencor inundó el corazón de la modelo.
-Entonces yo amaré a Chariose por ti -. Respondió logrando lastimar a Joanna quien solo apretó los puños con fuerza, pero no le contestó, no caería en las provocaciones de Enith.
Luego la pelinegra llamó al jefe de guardias para avisarle que ya había terminado, el hombre no tardó en aparecer.
-Todavía le quedan 5 min señorita, por si quiere gastárselos-. Dijo el hombre.
-Es momento de irme, he terminado aquí-. Exclamó con dolor en la voz, sin dejar de mirar a Joanna, quien había regresado la cabeza a la seguridad del hueco de sus brazos.
Enith despegó las manos de las rejas, lista para irse, dio un paso hacia el pasillo, pero mordiéndose los labios, se giró para ver a Joanna.
-Te quise Joanna-, confesó con lágrimas en los ojos -aún lo hago, aunque suene extraño-, Enith apretó los labios temblorosos -pero también te odio, tanto como te quiero-. Dijo saliendo al pasillo sin que Joanna se moviera un centímetro de su lugar, si lo hacía, Enith la miraría llorar.
Después, volvió a quedarse de nuevo sola, en aquella desagradable celda helada.