Así pasaron los días, me convertí en... ¿Cómo decirlo? Amante sonaría a una vil y clara mentira, vamos a dejarlo en: la secretaria a la que se la follaba su jefe, lucirá feo, pero esa era la realidad. Ya llevaba tres meses trabajando en Toy's fantasy, la experiencia era maravillosa, ¿Y cómo no? ¿Quién no querría ser domada por semejante hombre todos los días? No quedaba ningún rincón de la oficina que no conociera ya nuestra desnudez, ni un decímetro de pared que no haya encerrado nuestros gemidos. Lo hacíamos en su escritorio para remarcar su posesividad, contra las paredes para los polvos rápidos, contra las ventanas cuando queríamos ser exhibicionistas, sobre los sofás para estar más cómodos, y hasta dentro de su auto en el estacionamiento. De tantos encuentros distintos con el fin de

