Por primera vez entendió la magnitud de lo que enfrentaba: no era solo un enemigo, era un imperio de sombras que había extendido sus raíces en cada rincón. En la prisión, Liam estaba sentado en la litera, con la mirada clavada en el suelo. Había escuchado los rumores confirmando lo que ya temía: Martín estaba en la enfermería, inconsciente, con pocas probabilidades de salir bien librado. Un preso anciano pasó junto a su celda y murmuró sin detenerse. —Eso pasa cuando uno se mete con Turner. Liam apretó los puños hasta hacerse daño. —No voy a quedarme de brazos cruzados. Su compañero de celda lo miró con cautela. —¿Qué piensas hacer, Ashford? Si lo enfrentas de frente, vas a terminar muerto antes de salir de aquí. Liam levantó la vista, sus ojos ardiendo con rabia contenida. —No pi
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