Lucien Arrastro a Eva al estudio, sus sollozos dramáticos taladrándome los oídos. Busco el botiquín médico con movimientos precisos, aunque lo que realmente deseo es echarla de mi casa. —¡Esa cocinera es una salvaje! —chilla Eva mientras limpio su herida— ¡No tiene respeto por nada! Debes despedirla inmediatamente. Siento la ira crecer en mi interior. Su voz, sus quejas, su presencia... todo me irrita. —¡Cállate! —gruño, presionando la gasa contra su herida con más fuerza de la necesaria— ¿Crees que no sé lo que estás haciendo? ¿Crees que puedes manipularme? Eva retrocede, sorprendida por mi tono. —Lucien, yo solo... —No —la corto, mi voz gélida— Escúchame bien, Eva, porque no pienso repetirlo. No eres la señora de esta casa. No tienes autoridad sobre mi personal. Y lo que hubo ent

