—¿Q-qué pretendes? —me cuestiona cuando lentamente me hinco a sus pies y en el proceso mi mano se desliza por sus costados hasta llegar a sus muslos. —Algo que te hará perder la cabeza —dicho esto, la obligo a recargarse en el tocador antes de levantar una de sus piernas y colocarla sobre mi hombro. —¿Q-qué estás haciendo, Nathan? —gimotea—. Me prometiste que no intentarías seducirme —me acusa con la respiración agitada, pero sin apartarme de ella. —Sé que lo prometí y hasta hace un momento cumplí con mi palabra, pero mi resistencia tiene un límite y ya no puedo contenerme más, cariño. Verte así de sexi, usando mi camisa, me hace desearte una vez más y sé que te sientes de la misma forma —asevero, haciendo un recorrido de besos desde su pantorrilla hasta llegar casi al interior de su

