—No quiero. —Vamos, te prometo que no te volveré a tocar, por lo menos no en un par de horas —murmuro de tal forma que ella no pueda escucharme. Me recuesto y acomodándola sobre mi cuerpo, acaricio su delgada espalda hasta que ambos nos quedamos dormidos. Días después Después de desayunar en un restaurante, subo con Giselle a mi oficina, tomados de las manos y cuando llegamos al escritorio de mi asistente, nos encontramos con cierto par de rubios enfrascados en una pequeña conversación. —¿Qué harás esta tarde? —escucho como Kalet cuestiona a Scarlett. —Trabajar, obviamente. —Me refiero a la hora de la comida —se corrige al instante. —Pues tú lo dijiste, comer —asevera, rodándole los ojos. Por lo menos después de la idiotez que cometí al acusar a Giselle de entregarle a Oliver nue

