Siento como mis palabras resuenan en mis tímpanos, dejando un silencio sepulcral en todo el salón, el cual es sustituido casi al instante por un sinfín de murmullos y flashes que intentan no perderse nada de lo que sucederá. —¿Qué estupidez estás diciendo? —brama Oliver, olvidándose por primera vez de esa tranquilidad que lo caracteriza y mostrando por fin su verdadero rostro, el de un hombre cruel y peligroso. —Lo que escuchas, quiero el divorcio. Después de ocho años de matrimonio he dejado de amarte, me enamoré de otro hombre que me hizo volver a creer que en verdad soy importante para alguien, que me trata como si fuese su mundo para él y lo más importante, que merezco un amor solo para mí sin tener que compartirlo con alguien más —sentencio, mirando a su amante quien parece atónita

