Capítulo 16

1712 Words
ALEXIA. Cinco días han pasado desde que vi a Aiden la última vez. El día después decidí seguir mi rutina normal, pero cuando llegué a la cafetería para cubrir mi turno, ahí estaba Katya con miembros de su manada. La muy altanera sonreía burlándose de mi, pues estoy segura que le llegó el chisme de que Aiden y yo tomamos cierta distancia. Al principio lo soporté, pero luego ya no pude, y me fui excusandome que me sentía mal del estómago. Y aquí estoy, encerrada en mi habitación desde entonces. No he ido a los entrenamientos, ni a los patrullajes, mintiendo con alguna enfermedad. Karlos pasó a verme un par de veces pero no lo recibí, supongo que después se cansó de ser ignorado y dejó de venir. Camil también estuvo llamándome, pero no respondí ninguna de sus llamadas. Tampoco tuve novedades de Aiden, ningún mensaje, ni llamada, ni nada. Sé que está intentando cumplir su palabra de darme espacio para pensar. Y es que no he llegado a ningún punto lógico, por más que lo piense mil veces por día. No llego a ninguna parte. Por un lado, si rechazo a Aiden como pareja, siento que moriría. Incluso hoy, después de cinco días lejos de él, mi cuerpo se siente débil y mi mente cansada. Pero si intento ocupar el lugar como Luna, al lado suyo, Katya tendría razón, sería un verdadero desastre. Un suave golpe en la puerta me saca de mis pensamientos. - ¿Puedo pasar? -escucho la suave voz de Genesio del otro lado. - Si, claro -me incorporo sentándome en la cama. Genesio abre la puerta y se acerca, tomando asiento a un lado. En sus manos trae un plato de sopa. - Te traje algo de sopa, tienes que comer -coloca el plato en la mesita de luz. -Hija te ves fatal -río ante su sinceridad. - Estoy segura que si -concuerdo. Me dedica una sonrisa triste. - ¿Hasta cuándo vas a seguir con esto Alexia? -frunzo el ceño. - ¿A qué te refieres? -no entiendo. - Estas provocandote esta tortura por unas simples palabras que dijo aquella mujer -se explica. Suspiro. - Ella tiene razón abuelo, no nací para ser Luna -me excuso. - Escucha, acompáñame a la mansión. Quiero que veas a alguien -me pide, casi en una suplica. - Abuelo... -estaba por comenzar a quejarme pero me corta. - No acepto un no por respuesta -se levanta, sacudiendo las sábanas. -Vamos, cámbiate que te espero abajo -y se va, dejándome aun más confundida. A regañadientes hago lo que me pide y cambio mo pijama por un par de jeans, una sudadera gris y unos tenis. Bajo dando grandes sancadas, él me espera abajo. - No entiendo el punto de esto -susurro. - Espera y verás -le pongo los ojos en blanco. ~ Cuando llegamos a la Mansión, todo el mundo está alborotado. Gente yendo de acá para allá. A lo lejos puedo ver al alfa Dante y a su lado Karlos. Éste último me distingue y me dedica una mirada de interrogación. Yo solo me encojo de hombros. Genesio me guía a través de distintos pasillos hasta un escritorio alejado. Dentro nos está esperando la anciana Dana. - Hola, sean bienvenidos -nos invita a pasar. Genesio llega hasta el umbral de la puerta, pero no entra. - Gracias por esto querida, te dejo con mi querida nieta -se despide dando se vuelta, y se va. Miro la espalda de éste sin entender qué está pasando. Dana se da cuenta de mi expresión y rodea mi espalda invitandome a pasar. Lo hago y tomo asiento en una punta. - No entiendo qué está sucediendo aquí -ella se sienta a un par de metros de mi. - Me contó Genesio que estas atravesando cierta situación -me mira significativamente. - Si, puede ser -esquivo su mirada. Que vergüenza que estas cosas se anden divulgando. - Mira, no es mi intención entrometerme. Simplemente quiero contarte una pequeña historia que quizás te sirva para tomar una decisión -hace silencio, esperando mi confirmación. Ya que. - Adelante, la escucho -asiento con la cabeza levemente. - Ya sabes que soy la madre del alfa Dante -vuelvo a asentir, confirmandole que estoy en conocimiento de aquello. -Bueno, esta historia se trata del padre de Dante y de mi. La intriga me pica y decido prestarle toda mi atención. Todavía no entiendo qué tiene que ver conmigo. - Conocí al padre de Dante, Kai, desde siempre. Nuestras familias eran muy unidas, pero entre nosotros había una gran diferencia de edad, por lo que apenas cruzábamos palabra. Él ya era alfa, para el momento que yo me transforme a los 17 años. Y cuando lo hice, lo supe de inmediato. Él era mi mate -hace una pausa, yo abro los ojos como platos. -Sonará lo más lógico del mundo, pero para aquel entonces yo era apenas una delta. No tenía un rango especial ni nada por el estilo. Gesticula con las manos. - Aunque suene poco creíble, yo estuve en la misma situación que tú. Tenía miedo de asumir mi lugar correspondiente y convertirme en la próxima Luna. ¡Tenía apenas 17! -ríe suavemente. -Y, como tú, también había considerado rechazarlo. Pero, llámalo instinto, naturaleza, suerte o lo que quieras, no lo hice. Algo dentro de mi me dijo que no debía nunca dejarme pisotear o achicarme bajo ninguna circunstancia o situación. Siempre me enseñaron que debía mantener la cabeza bien en alto y nunca rendirme. Y eso fue lo que hice. Se acerca un poco más a mi y toma una de mis manos. Clava su mirada en mí, transmitiendome una seguridad que no había sentido nunca. - Alexia, una no nace siendo Luna. Una se hace. Yo era apenas una niña cuando me tocó serlo, pero nunca baje la cabeza y aprendí todo lo que ser una Luna significa, siempre al lado y de la mano de mi amado Kai. Él nunca me dejó caer, siempre me dio su apoyo incondicional, y eso fue todo lo que necesite para poder formarme -las lágrimas bajan por mis mejillas. Ella estira su mano, sacándolas. - Niña, no te dejes llevar por un par de comentario desafortunados. Siempre confía en ti, en tu capacidad. Eres una mujer madura, fuerte, luchadora. Estoy segura que podrás lograr todo lo que te propongas -me dedica una dulce sonrisa. Me habla como una madre le hablaría a su hija, y eso reconforta mi corazón. - ¿Lo crees usted señora Dana? -dudo. - Por supuesto que si. Te conozco desde que eras una bebé. Estoy segura que la Diosa Luna no podría haber escogido mejor -vuelve a tomar mi mano y me da un suave apretón. - Gracias por contarme su historia, me ayuda a entender un poco mejor las cosas -estoy realmente agradecida con esta mujer. Ella sonríe. - Niña, deja de perder el tiempo aquí conmigo y ve a buscarlo. Debe estar esperándote hace mucho -me anima. Me levanto de mi lugar, casi por inercia, y me apresuro a salir de allí, no sin antes dedicarle una última mirada a la anciana. Le mando un rápido mensaje a Camil, rezando que me lo conteste enseguida. A: ¿Sabes dónde se encuentra Aiden? C: ¡Por dios estas viva! Reunión en la aldea con beta y demás. A: Gracias. Nos vemos. Piso a fondo el acelerador, deseando que el coche fuera más rápido. Me toma 20 eternos minutos llegar hasta allí, y estaciono el vehículo en la cabaña de Camil. Por supuesto ella salió enseguida a mi encuentro. - ¡Alexia hasta que apareces! -se abalanza sobre mi, rodeandome con sus brazos. -¿Dónde has estado y qué está pasando contigo y Aiden? Desde hace días que anda distraído, más malhumorado de lo habitual e incluso lo he visto más débil -me acusa, sin dejar de hablar. Le devuelvo el abrazo, porque también la he extrañado un poco. - Vine a resolver lo que pasa. ¿Quieres guiarme hasta donde está? -le pregunto, enarcando las cejas. - ¿Interrumpirás la reunión? -me devuelve la pregunta. - Si es necesario -me encojo de hombros. - Esto va a estar divertido, vamos -me toma de la mano, llevándome a través de la aldea. Me guía hasta una de las cabañas más grande, la cual cuenta con diferentes habitaciones. - Suelen reunirse aquí, porque hay más lugar y es más cómodo -me explica mientras caminamos. Escondo mi esencia para que él no pueda identificarme enseguida. Camil se acerca a una puerta doble de madera y golpea, entrando y dejándome detrás de ella, oculta. - Disculpen -escucho que interrumpe. -Aiden hay alguien que te busca. - Camil estoy en medio de algo -le responde de mala gana. De verdad que esta con un humor de perros. - Realmente hay alguien que quiere verte -insiste ella. - Tendrá que ser después -él no da el brazo a torcer. - Ni modo -susurra ella, me toma del brazo, abriendo de par en par la puerta y exponiéndome a toda la gente reunida. Mi mirada se encuentra con la de Aiden, sus ojos tienen un destello color ámbar. - Caballeros seguiremos la reunión en otro momento -dictamina, dando por finalizado aquello. - Pero alfa... -empieza a protestar un muchacho que no logro reconocer. - En otro momento dije -ruge enojado. Los presentes en la sala se paran, dejando el lugar uno por uno. Camil me empuja, haciéndome entrar y luego se retira, cerrando la puerta detrás de ella. Sólo estamos él y yo en aquel lugar. Se levanta sigilosamente, rodeando la mesa hasta llegar frente a mi. Me examina de arriba a bajo, poniéndome más nerviosa todavía. Cierra los ojos, inhalando mi aroma, y cuando los vuelve a abrir noto sus pupilas dilatadas. Me acerco más a él, acortando la distancia entre nosotros, sólo quedamos a centímetros así que puedo sentir su aliento en mi cara. Esta tenso, esperando. Con torpeza, paso mis manos por sus brazos, recorriendo sus músculos. ¡Cuanta falta me hizo! - Alexia... -susurra mi nombre en voz baja. Si antes sentía alguna duda, ya no la tengo más. Sé que mi lugar pertenece al lado de él. Espero que él pueda perdonar mi arrebato.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD