ALEXIA.
Me encuentro en la casa de Karlos, esperando que Kim, su pareja, nos traiga las bebidas. Decidí venir a visitarlos ya que hace rato no pasaba tiempo con ellos. Kim esta embarazada, esperando su primer cachorro.
- Definitivamente el pueblo es un caos -comento, mientras me llevo una galleta de avena a la boca.
Han pasado varios días desde que anunciaron que miembros de otras manadas estarían de visita en el pueblo, debido a asuntos "confidenciales".
- Es más divertido así, hay más movimiento de gente -se encoje de hombros Karlos.
Kim llega a nosotros con las bebidas, y se sienta al lado de él.
- Estoy de acuerdo con Lexi, me gusta la tranquilidad de nuestro pueblo -me da la razón Kim. Karlos rueda los ojos, y yo le saco la lengua.
- ¿Y cómo van las cosas entre tú y Aiden? -me pregunta Kim. Suspiro.
- La verdad es que hace dos días no lo veo. Esta ocupado con todo el tema este "confidencial" -hago el gesto de comillas con mis dedos. -Y también con la nueva ubicación para su pueblo.
- Todavía no tienes su marca en el cuello -observa Karlos. Me sonrojo.
- Estamos tomándolo con calma -objeto.
- Alexia se acerca la bruma, no sé cuánto más puedas demorarlo. ¿Qué es lo que te detiene? -pregunta él, y dudo, porque no sé qué responder.
- La verdad -supiro. -No lo sé. Supongo que nada, aunque también todo -sencillo, pero no tanto.
- Eso es confuso -mi mira Kim, tratando de entender qué quiero decir.
- Me refiero a que aún me estoy haciendo la idea de la responsabilidad que conlleva ser la pareja del alfa, la luna de una manada -intento explicar, gesticulando con las manos.
- ¿Pero tienes en mente la posibilidad de rechazarlo como mate? -veo la alarma en los ojos de Karlos.
- No, jamás -y es verdad. No podría en lo absoluto.
- Entonces, ¿por qué demoras lo inevitable? -me cuestiona, y en cierto punto tiene razón.
- Bueno ya dejemos de agobiarla, que no vino para eso -reta Kim a su marido, y él le hace puchero.
Conversamos un rato más sobre trivialidades; el nacimiento del bebé, las responsabilidades de Karlos, las tareas de Kim. Extrañaba mucho pasar tiempo con ellos, son parte de mi familia.
Siento que suena mi teléfono en mi bolsillo. Lo saco y veo el identificador, es Camil.
- Hola Camil -la saludo.
- ¡Alexia! -grita, con su habitual euforia, del otro lado de la línea. -¿Qué planes tienes para esta tarde? -pregunta directo en el grano.
Miro a Karlos y a Kim, que están conversando entre ellos.
- En realidad ninguno. ¿Por? -preguntl intrigada.
- Ven conmigo de compras, ¡por favor! -casi me suplica. Río por su actitud infantil.
- De acuerdo, en una hora paso a buscarte -le confirmo y corto la llamada.
- ¿Planes de último momento? -Karlos enarca una ceja, y Kim me mira intrigada.
- Camil quiere que vayamos de compras -de repente se me cruza por la mente. -¿Quieres venir Kim? Seria como una salida de chicas.
Duda un momento.
- Esta bien. Voy a cambiarme -Karlos la mira, fingiendo estar ofendido.
- No me queda otra opción que ocuparme de asuntos "confidenciales" -hace las comillas con los dedos, todos reímos a carcajadas.
~
Ya en la aldea de los Akela, estaciono frente a la cabaña de Camil. Ella ya está lista y esperándonos en la entrada.
Se acerca hasta el auto dando saltitos, con su característica alegría.
- ¡Hola! -nos saluda entusiasta.
- Camil, ella es Kim, la mujer de Karlos. Kim ella es Camil, la hermana de Aiden -las presento.
Camil se acerca a Kim y le da un fuerte abrazo. Kim me mira ladeando la cabeza y yo me encojo de hombros.
- Un gusto conocerte Camil -la saluda Kim.
- Igualmente Kim, eres muy hermosa -le sonríe. Niego con la cabeza.
- Bueno, ¿voy para el centro? -pregunto a Camil, que es quien hizo los planes.
- Si, tengo que conseguir algunas cosas y a ver si ustedes me dan su opinión -nos guiña un ojo, y nosotras reímos.
Me pongo en marcha al pueblo, el cual queda a unos 20 minutos de allí.
- ¿Sabes dónde está Aiden? -le pregunto disimuladamente, sin despegar la vista del frente.
- Está con Raoul en la zona nueva para nuestro pueblo, desde temprano que están allí -me clava la mirada, esperando mi reacción.
- Ah -alcanzo a decir.
Hoy no me ha enviado ningún mensaje aún, ni una llamada, lo que me preocupa un poco. Me altera la idea de saber que Katya esta en el pueblo. Si bien confio plenamente en Aiden, pues en ella no. Y se le nota a leguas lo víbora que es.
- Puedes llamarlo si quieres -interrumpe mis pensamientos.
- No quiero molestar. Ya me llamará cuando este libre -o eso espero.
El resto del trayecto Camil se dedicó a interrogar a Kim, y ésta le contestó con toda la paciencia del mundo.
Al llegar al centro, el lugar está abarrotado de gente. Parece que todos tuvieron la misma idea que nosotras. Camil se baja y ayuda a Kim a salir del auto.
- ¿Por dónde quieres empezar? -le consulto.
- Por las tiendas de lencería -declara, la miro enmarcando una ceja. -No me juzgues -levanta las manos.
- Vamos -agarro a Kim del brazo y las guío a varias tiendas que hay a un par de cuadras.
Ya en una tienda, Camil se pone a inspeccionar cada modelo y me sorprende lo minusiosa que es.
- Podrías comprarte algunas cosas también -me susurra Kim.
- Mmm -voy mirando los modelos. Quizá podría adquirir alguno.
Me viene a la mente Aiden, ¿qué podría usar para el? Encaje, lentejuelas, satén, seda. Voy mirando las diferentes opciones.
- No creo que haya nada para escuálidas -esa voz chillona.
Kim y yo nos damos vuelta, solo para enfrentar a una rubia teñida super arreglada. ¿Qué diablos hace Katya aquí?
La miro de abajo a arriba, y decido ignorar su comentario. No voy a gastar energía peleando con ella.
- Perdón, ¿y tú eres? -le pregunta Kim, con cara de asco. Le hago seña para que lo deje.
- No te interesa, no estoy hablando contigo -responde sin mirarla.
- Oye, ni se te ocurra dirigirte así a ella -la enfrento, porque ya logró cabrearme. Kim intenta agarrarme, pero me safo, quedando frente a frente con la zorra.
- Uy que miedo me das -replica, su actitud peleadora es igual a la de una criatura.
- Katya no te desubiques porque no estás en tu pueblo, estás aquí como invitada -la amenazo, aunque no parecen afectarle mis palabras.
- No entiendo por qué la Diosa Luna le destinó a Aiden a alguien tan ordinaria como tú -camina rodeandonos, mientras me rebaja con la mirada. -Ni siquiera tienes madera para ser una buena Luna -se burla.
- No es de tu incumbencia -escupo enojada.
Acorta la distancia entre nosotras, casi pegando su cuerpo al mío, en una clara provocación. No me rebajo, jamás agacharia la cabeza ante una persona como ella.
- Deberías hacerle un favor a Aiden y retirarte de su vida, antes de que hagas un desastre -susurra en voz baja, su mirada destilando odio.
- ¡Ja! -bufo. -Me parece que el favor ya lo hizo él deshaciéndose de ti.
- Pequeña perra -levanta la mano para estamparla contra mi cara, pero el golpe nunca llega.
Otra musculosa mano detiene la de ella.
- ¿Qué crees que estas haciendo Katya? -sisea Aiden.
¡Aiden! ¿Qué hace aquí, en una lencería? Las tres giramos en seco hacia su dirección.
- Aiden, es que ella empezó la pelea -¡arpía mentirosa!
- Lo dudo mucho -libera su mano sólo para tomarla del cuello y levantarla varios centímetros sobre el suelo. - Que te quede bien claro Katya Dubois, el día que pongas un sólo dedo sobre Alexia o la perjudiques de alguna forma, te juro por la Diosa Luna que será lo último que hagas.
La fulmina con la mirada mientras ella lucha por aire, la está ahogando. Me acerco a él y toco su brazo.
- Aiden, ya es suficiente -sus ojos me alcanzan y su mirada se suaviza.
- Vete de aquí, no quiero volver a cruzarte -libera su cuello y Katya sale de la tienda sin mirar atrás.
Mi corazón late a mil en mi pecho, Kim todavía tiene su mano aferrada a mi brazo. Aiden voltea a verme, se acerca a mí, sus ojos son suaves. Las mariposas revolotean en mi estomago, como si fuera la primera vez que lo veo.
- Veré si encuentro a Camil -se excusa Kim, yéndose.
- ¿Estas bien? -me pregunta él, tomándome de la cintura.
- Si, no era necesario que me defendieras -esquivo su mirada.
- Oye -me toma de la barbilla, levantando mi cara para que nuestras miradas se encuentren. -Sé muy bien que sabes defenderte sola, simplemente no tienes que hacerlo -¿cómo es que siempre sus palabras logran derretirme?
Muerdo mi labio inferior y su mirada recorre mi boca. Una de sus manos se enreda en mi nuca, acercándome más a él, uniendo nuestros labios en un desesperado beso. Paso mis brazos por su cuello, atrayendolo más a mi, sintiendo cada parte de su cuerpo. ¡Cuanta falta me hacia!
Profundiza el beso, y siento una de sus manos recorrer mi cintura hasta mi trasero.
Un carraspeo nos distrae.
- Oigan, hay cuartos para eso -nos acusa Camil.
Aiden se separa de mi, abrazando mi cintura con una de sus manos.
- Cállate Camil -bromea con su hermana. Veo a Kim del brazo de Camil.
- Kim lamento todo el espectáculo -me disculpo, por el episodio con aquella zorra. Seguro ha de haberla puesto muy nerviosa.
- Está bien, no pasa nada. Estamos bien -dice tocando su barriga mientras sonríe.
- Aiden, ella es Kim, la pareja de Karlos -los presento, ya que nunca se habían visto.
- Un gusto conocerla -la saluda cortesmente Aiden.
- Igualmente alfa -replica ella.
- Por favor, puedes llamarme Aiden -suspiro, siempre tan caballero.
Aiden nos lleva de regreso con mi coche. Primero deja a Camil en la aldea, y luego se dirige a la casa de Karlos para dejar a Kim.
El trayecto es silencioso, ninguno de los tres dice nada. Mi cabeza da vueltas sobre las palabras de Katya. Quizá si tenga razón en algo, y es que no nací para ser Luna de una manada. No tengo ni idea de cómo serlo, y nunca me han instruido para eso. Quizá Aiden esté cometiendo un error al aceptarme como pareja.
Lo miro de reojo, va concentrado en el camino. Mi corazón da un vuelco de tristeza. La sola idea de rechazarlo me genera un dolor insoportable. Pero no puedo permitir que su pueblo sufra las consecuencias de elegirme.
- Hemos llegado -su dulce voz me saca de mis pensamientos.
Volteo a ver a Kim.
- Gracias por acompañarnos Kim, lamento lo de hace un rato -la vergüenza cubre mi rostro.
- No te preocupes Lexi, esta todo bien. Ya repetiremos la salida -me guiña un ojo y se baja del auto. -Que terminen bien la noche.
Esperamos hasta verla entrar en la casa, sana y salva. Aiden gira a mirarme, intento esquivar su mirada sin perder de vista el frente.
- ¿Qué quieres hacer ahora? -su voz es baja y suave.
- Quiero ir a casa, estoy cansada -dejo caer mi cabeza en el respaldo, cerrando los ojos.
Siento que el motor se pone en marcha y arrancamos. Quince minutos nos lleva llegar hasta la casa, los cuales los transcurrimos en silencio. Ninguno de los dos está de ánimo para conversar.
Estaciona frente a la casa y los minutos pasan, pero ninguno se mueve. Sé que percibe mi estado de ánimo.
- Alexia... -comienza diciendo, pero lo interrumpo.
- Quizás si te estés equivocando -volteo a verlo, enarca una ceja.
- ¿Respecto a qué? -me pregunta.
- A mi -contesto en un susurro.
- No puedes estar hablando en serio -empieza a ponerse nervioso, moviéndose en el asiento.
- Piénsalo Aiden, Katya tiene razón. No soy la mejor opción para ser la Luna de tu manada. No tengo ni idea cómo serlo -mi tono de voz empieza a elevarse.
- Me importa una mierda lo que opine Katya -espeta enojado. La rabia cruza por sus ojos.
- Aiden estas cometiendo un error al elegirme como pareja. Necesitas a una mujer con determinación para guiar al pueblo al lado tuyo. Claramente yo no lo soy -niega ferozmente con la cabeza.
- No Alexia, ni se te ocurra hacer lo que estás pensando. No vas a rechazarme -lágrimas corren por mis mejillas.
- Quizá sea lo mejor -mi voz se quiebra, casi al mismo tiempo que mi corazón.
- No -agarra mi mano y la pone sobre su pecho. Puedo sentir los latidos de su corazón. -Lexi si me rechazas moriré -sus ojos son tristes y sombríos.
Niego con mi cabeza.
- No lo haré, pero necesito que me des unos días para pensarlo por favor -retiro mi mano de su agarre.
- Alexia -dice en un susurro.
- Aiden por favor -le suplico.
No puedo pensar con lucidez cerca de él, necesito que me de espacio.
- De acuerdo -acepta con la cabeza gacha. -Lo que necesites.
Abro la puerta del coche para salir, escucho que él hace lo mismo. En un rápido movimiento se acerca a mi, inmovilizandome contra el auto. Mi espalda golpea el metal, su cuerpo pegado al mío. Sus manos acunan mi rostro, puedo ver sus ojos brillosos por las lágrimas. Me mira y siento mi corazón estallar en mil pedazos. Sus labios buscan los míos en un ansioso último beso. Antes de que pueda ceder ante él, me separo de su agarre, dándome vuelta y casi corriendo hacia la casa. Siento su presencia cada vez más lejos de mi, y las lágrimas vuelven a caer por mis mejillas.
¿Qué acabo de hacer?