Unidos, dado el bochinche que estaba sucediendo, había decidido, si nuestro gobierno no hacía nada por evitar aquella ola de desbarajustes;bloquear económicamente a nuestra nación, tal como lo había hecho en su oportunidad con dos islas de nuestro continente.
Cuando me concedieron mis vacaciones anuales, me fui de viaje con Alberto hasta su tierra natal. Había hecho muchas amistades, y quise visitar a los más íntimos. Primeramente visitamos al compadre Humberto y con él, recorrimos medio pueblo visitando a varios de sus parientes quienes formaron parte importante de nuestras vidas. Ya casi al anochecer llegamos donde mi comadre María, quien nos estaba esperando impaciente, pues lo primero que hice antes de proceder con las visitas, fue llamarla por teléfono para que se enterara de nuestras llegadas. Ella fue una mujer muy especial. En una ocasión, me había tendido la mano tras sucederme un terrible percance.En esa oportunidad me ofreció su casa. Viví bajo su mismo techo durante un año. Ella y sus hijas me trataron como uno más de la familia. Siempre ocupará un lugar privilegiado en mi vida. Desde ese momento la traté como a una madre. Sufrí en demasía cuando Dios se la llevó al paraíso.Precisamente en ella pensé. Necesitaba confiarle a alguien todo lo que me estaba sucediendo. Descarté de plano a alguien de mi propia familia, puesto que sabía que no me creerían de buenas a primera. Consideré erróneamente, que ella era la única persona en el mundo a quien podría confiar mi secreto, mis planes. La seguridad me la daba el hecho de que por aquello de su metafísica, ella me creería; como en efecto ocurrió.
Esa noche le conté todo cuanto había soñado.Le expliqué con “pelos y señales”, completamente todo. Mientras lo hacía, ella escuchaba atrapada en un silencio de ultratumba. Me dio la impresión que no creía nada de toda aquella experiencia alocada.Le conté acerca de mi familia. También hice hincapié en el pasado que se acercó. Consideré que aquello no fue más que un relato histórico, una especie de cuadro comparativo; puesto que de inmediato llegaba un momento de un futuro incierto que tenía que ver lo recientemente experimentado. Con ello, la poderosa fuerza que me había seleccionado para evitar la peor tragedia que le podría ocurrir a mi país, pretendía hacerme ver, que si no hacía nada por evitarlo, en el futuro todo iba a ser peor que lo ya ocurrido; tomando en cuenta que lo acontecido, no había sido poca cosa.Todo aquello que le contaba parecía cosas de locos. Ella continuaba sumida en aquel silencio ensordecedor que ya me robaba la poca calma que me quedaba.Nos tomamos algunas cervezas, mientras terminaba de ponerla al tanto de todo. Por poco sufrió un vahído, cuando le conté de mis encuentros reales con dos de los entes, quienes en vida habían sido generalesganadores de batallas.Ellos habían ocupado la presidencia de la república, cuando apenas se iniciaba el siglo XX.
Pensé que no me había creído. Cuando finalmente terminé mi relato, ella tomó la palabra.Estaba totalmente equivocado, ya que me creyó todo cuanto le dije, absolutamente todo. Me dio una explicación esotérica de todo lo que me estaba ocurriendo. No entendí una sola palabra, pero deduje que tenía razón. Eran los misterios de la vida, me dijo mi querida comadre. Desde ese entonces ella fue mi gran aliada. Entre ambos, comenzamos ese mismo día la gran cruzada que tenía como único objetivo, salvar a la patria grande de aquellos malditos aprovechados; quienes pretendían destrozar lo poco que quedaba de lo que había sido una nación poderosa. Me hizo saber que ella me estaba esperando desde hacía mucho tiempo, puesto que le había sucedido una premonición poderosa, donde alguien le había manifestado todo. Me quedé más tranquilo cuando ella me comunicó eso. Me parecía estar viviendo una fantasía, algo sacado de un libro de ciencia ficción. Había sido elegido para esa importante misión, y mi comadrita del alma sería mi mano derecha o algo por el estilo. La dupla perfecta, bromeamos. Cuando ya estábamos a punto de que el sueño nos venciera, una inmensa luz iluminó la habitación por completo. Una gélida brisa se hizo sentir, a pesar de que estábamos resguardados en aquella habitación cálida.
Se presentó ante nosotros un señor excesivamente elegante, con una indumentaria extraña. Vestía un arcaico uniforme castrense. Era demasiado alto y sumamente delgado.Unaformidableprominencia ocupaba su gaznate, la misma a la que comúnmente se le llama nuez, o manzana de Adán. Caminaba de manera caricaturesca. Daba la desagradable impresión que se iba a caer en cualquier instante. Sus pausados movimientos le hacían ver vacilante, inflexible, algo tonto. Al igual que lo hizo en la primera oportunidad en que se presentó, se despojó de su birreta dejando libre un cabello lozano. Nos miró con su mirada retadora, tal como la había percibido en la ocasión en que se presentó en mi sueño.Repitió cada uno de los movimientos de otrora. Acercó la butaca que estaba en un rincón, tirando al piso unos sostenes de mi comadre que permanecían sobre ella. Allí mismo descansó tiernamente su cuerpo. Cruzó sus piernas, y sobre una de sus rodillas colocó su gorra. La acariciaba constantemente, mientras se disponía a expresar sus sabias palabras.Parecía hurgar en algún recodo de sus recuerdos, aquellos sucesos que sucedieron en un pasado, que en ese momento sería rememorado. Dejó escapar de su gañote, su grave y confusa voz.
“Buenas y santas noches tengan ustedes. Hasta que nos volvemos a ver Jesús. Mis respetos misia. Mi Dios me permitió estar ahora en ésteplano terrenal, porque está sumamente preocupado por algo espeluznante que ya está pasando, y no quiere que se extienda. Quiere mi señor, que sean ustedes quienes salven a su propia tierra. Escuchen bien lo que les voy a decir. Que nunca se les olviden mis palabras. Ese hombre, el mismo que los convenció a todos haciéndose el mojigato, y que después quiso matar al presidente, será una amenaza. Ese tipo no quiere a nadie. Se valió del engaño para descreditar a un gobierno. Propició la muerte de muchos ciudadanos, sólo con la asquerosa intención de hacerse el mártir. No le crean nada. Está en prisión, pero eso solo es una miserable argucia. Durante años lo fraguó todo, y hasta embaucó a sus compañeros de armas. Quiereser presidente de la República, y sino tratan de evitarlo, lo va a lograr. Es posible que así sea y espero que, cuando la gente se de cuenta de la clase de demonio que es ese hombre, se arrepientan de haberlo secundado con los votos; porque todos como pendejos, van a votar por él y le harán presidente. En tus manos está que la gente se arrepienta de haberle creído. De ti queda que eso se logre. Y usted misia, me lo va a ayudar. Va a ser inevitable que ese desgraciado ocupe la presidencia; ero no lo dejen ir más lejos. Si él y sus matones continúan ese camino,ese demente cambiará las reglas del juego conel fin de eternizarse en el poder. Si ustedes lo permiten, serán testigos de la peor desgracia de la historia de éste gran país.Le entregarán, sin duda alguna,las riquezas a quienes les brinden protección.Nadie se podrá oponer. Te repetiré lo que en una ocasión te dije: Las fuerzas armadas, en complicidad con diversos cuerpos policiales, todos ellos, apéndices del gobierno, secuaces de todos sus desmanes; embestirán a quienes reclamen y contradigan las decisiones del peor asesino de todos lo tiempos. Emplearan fuerzas exageradas, y en ocasiones mortales. Provocarán demasiadas muertes. Herirán a un montón de gente. Los esbirros apresarán a miles de manifestantes. La reprensión se desplegará más allá de las protestas. Ese maldito gobierno insistirá en inculpar a los opositores por la violencia. Cometerán actos despreciables y denigrantes. Los verdugos ejecutarán arbitrariedades. Ese gobierno tendrá su propio escuadrón de la muerte. Creará un grupo de exterminio que ejecutará a miles de personas con descarada impunidad, sólo por no doblegarse ante el régimen. El país no se merece eso. Alguien tiene que hacer algo”.
Luego de decir todo eso, el caballero es cuestión se levantó despacio, y sin más, desapareció. Mi comadre y yo nos quedamos inmóviles. Aquellas palabras retumbaban en la habitación, aún después de que se hubiera marchado aquella visión. Se había disipado su imagen, pero aún quedaba su presencia poderosa incrustada en nuestros cerebros, y un gran orgullo dentro de nuestros corazones. Cuando por fin logramos reaccionar, nos miramos fijamente tratando de encontrar en nuestras miradas, algo que no sabíamos de que se trataba. Ninguno de los dos dijo nada, hasta que Alexandra entró a la habitación y nos sacó del mutismo. Alex, como le decíamos cariñosamente a la hija mayor de mi comadre, se extrañó de nuestro mutismo. Daba la impresión que habíamos visto un fantasma, bromeó sin imaginar que no sólo lo habíamos visto, sino que hasta había conversado largamente para nosotros.El ente, a igual que los que se habían presentado anteriormente, no habían permitido que dijésemos palabra alguna. Solamente decían lo que tenían que decir y ya. Más adelante, los acribillaría a interrogantes. Mi comadre y yo pasamos varios días de sano esparcimiento junto a nuestros hijos. Albertico no descansaba, ni en las horas del mediodía como era ya su costumbre, de tanto que jugaba con todos. Eso me hizo muy feliz definitivamente.
El ambiente en el país se ponía cada vez más tenso, y las amenazas de nuevos actos extremistas, así como de alzamientos militares; mantenían a toda la población en vilo, especialmente al viejo gobernante transitorio. Tal como lo habían hecho todos los gobernantes, y tal como lo harán al parecer, eternamente; el anciano buscó refugio en quienes tenían las armas, el ejército. Llevó a cabo maniobras de última hora, con las cuales pretendió generar una confianza, que ni el mismo tenía. Trató de terminar aquella empresa, la cual intrépidamente se había atrevido a comenzar. Lo primero que hizo fuecertificar la nómina de promociones militares la cual había sido echadaal olvido por el Parlamento, tras la suspensión del anterior mandatario nacional.Luego de ello, incorporó al Presupuesto del año siguiente, para que fuese aprobado por el ente legislativo,un aumentosalarial para los militares. Comisionó al canciller de la república a solicitar a los Estados Unidos de Norteamérica, apoyo al orden constitucional y consideración al amenazado sistema democrático. Sin ambages, el encargado de las cuestiones de Estado del gigante del norte,insistiópúblicamente en el apoyo de Estados Unidos a la democracia de mi bella patria.
Meses antes de concluir su tan accidentadointerinato,el Presidente tuvo que enfrentar un muy sonado escandalo. Se trató de un supuesto perdón presidencial. Era común que esa práctica se hiciere en penados por delitos de poca monta, o aquellos que por razones de salud, merecían una redención piadosa. Pero en ese entonces, aquel indulto pasóa la historia por lo trascendental del hecho, ya que quien lo recibió fue nada menos queun tristemente famoso narcotraficante, líder de una banda de corte internacional, la cual tenía conexión entre América y el viejo continente. Realmente después de todos los sucesos aciagos que habían acontecidos, esaparticular absoluciónfue considerada por el propio mandatario, como el peor de los eventos vividos; el más vergonzoso de su interinato. En un primer momento se dijo que había firmado dicho documento bajo engaño. Contó el veterano caballero, que estaba tomando una llamada telefónica al momento que su secretaria privada puso frente a él, varios documentos importantes para que estampara su rúbrica en ellos. Ya él sabía de qué se trataban, puesto que los había leido con anterioridad. Los mismos habían pasado al despacho ministerial para las firmas previas. Por ese motivo no los revisó nuevamente, sino que los firmó y ya, distraído como estaba con su parloteo.
De inmediato, los detractores que nunca faltan, y hasta los ciudadanos de a pie, pensaron que el mandatario había firmadoconscientemente tal indulto. Su credibilidad y la del Gobierno estaban en riesgo; por ello, cuando se supo de la metida de pata y estando el sujeto indultado ya fuera del país, el viejocambió las señales, alegando que lo que realmente había pasado, era que su secretaria lo había engañado vilmente. Estaba en juego una reputación bien moldeada desde hacía mucho tiempo, y que bastante sacrificio le había costado, más bien demasiados. Le echó la vaina a la pobre mujer. Ella pagaría los platos rotos. Finalmente la gente se creyó aquel cuento chino. Ese subterfugio, aunque lo había salvado momentáneamente del desprestigio, hizo ver que el gobierno era completamente débil;demasiado susceptible. Había, por todos los medios, que mantener incólume esa gestión hasta el final del período y definitivamente, lograr que las elecciones venideras se llevaran a cabo de la mejor manera.En un primer instante no supo que hacer, hasta que alguien lo asesoró debidamente. Anuló de inmediato el perdón, y requirió la captura del criminal. El mismo terminó siendo apresado en un hermano vecino, y regresado a suelos patrios para que terminara de purgar su condena. Trataron de que las cosas no trascendieran más allá, pero de todos modos la noticia se filtró, y quien quedó mal parada, fue la honesta secretaria que a su vez también había resultado engañada.La “pobre” mujer no se salvó de la justicia. Es de entender porque se le llama “la dama ciega”. En 1.995 el Tribunal Superior condenó dicha dama a 3 años de cárcel, por su participación en tan sonado indulto. Elfallo acordóigualmente,dejar tranquilo al pobre señor ya entrado en años, en vista de que no existieron suficientes elementos incriminatorios.Por lo tanto, se condenó única y exclusivamente a la “malvada” secretaria privada. Nadie engañó a nadie. Esa sería la verdad que con los años saldría a la luz pública unos instantes nada más, para ser opacada de inmediato, por factores de índoles económicos.
Un domingo plácido decidí dar un paseo en la mejor compañía, con la de mi hijo. Había acordado con Francelina en vernos esa tarde para departir, y para que conociera al niño. Ella sintió aquella invitación como un halago. El sitio no estaba lejos de nuestra casa, por lo que decidí caminar. Alberto estaba acostumbrado ya a que lo llevara en brazos para todas partes, por lo que ese día consideré que había llegado la hora de que se desplazara por sí mismo. No fue fácil evidentemente. Pero supe resolverlo con cierto ingenio. En medio del paseo lo conminé a caminar; pero su respuesta resultó ser un berrinche que no quisiera recordar, por la tanta rabia que me ocasionó, mas, hice como que si no lo estaba escuchando y continué caminando. Él muchachito se quedó como petrificado, llorando como nunca lo había hecho. Con el dolor de mi alma, seguí como si nada, y sin mirar atrás. Repentinamente dejó de llorar. Presintiendo lo que seguía después de ese brusco silencio, disminuí la velocidad de mis pasos, y tal como me lo esperaba, segundos después el niño me tomaba de la mano caminando a mi lado; definitivamente disfrutando de su caminar, al igual que yo. Desde ese entonces dejé de cargarlo para todos lados. Ya era hora, puesto que su peso acorde a su edad, y a su tamaño era algo considerable.
Cuando faltaba poco para llegar a nuestro destino, contemplamos la belleza de una edificación particular, como lo eran las tantas existentes en aquel casco histórico de la ciudad. La había observado infinidades de veces, cuando caminaba a diario por ese sitio para dirigirme a clases; pero comprendí que ya miraba la vida desde otra perspectiva. Erauna casa de paredes de mampuesto, techumbresde machihembrado y lumbreras y puertas de madera. La morada era de planta cuadriforme, y tenía dos niveles. Aún se conserva intacta. Dominacasi media cuadra, y ostenta tres frentes de líneas tradicionalesen los que prevalecen las ventanas encuadradas por acodos sencillos, unidos en la planta baja por pedestales. Las ventanas del piso superior se tropiezan en volado, y funcionancomo pequeños palcos. Su variada serie de ventanas,con cerradura de hierro, han dado pie para que a esta edificación se le conozca como la casa de las cien ventanas. Elfrente de la misma está finalizado por unchapitelrectilíneo. En la planta baja,existen tres pasosy estancias, abiertas tanto a la calle como a los corredores;delimitados por una serie de arcadas, que a su vez demarcan a los patios internos. Por medio de dos núcleos de graderías, se accede al segundo nivel, dispuesto de igual manera que la planta baja. Es una construcción exquisita y cada vez que la miro, hace que sienta más acentuado mi nacionalismo.
Los tres pasamos el resto de la tarde y parte de la noche de manera fascinante. De inmediato, Francelina y Alberto congeniaron. Ella se supo ganar desde un primer momento su admiración. Sus constantes visitas a nuestra casa, afianzaban aquel sagrado nexo que con el tiempo, se transformaría en el amor que sienten mutuamente una madre y un hijo. Ella y yo salíamos con mucha frecuencia. Era algo distinto a lo que me había sucedido con mis anteriores amigas, ya que al tener la misma edad y el mismo interés por las ciencias de la salud, además de que nos atraíamos mutuamente; nos entendíamos muy bien. El amor no tardó en llegar, y poco a poco fuimos trazando un proyecto de vida. Conoció a mi madre en una situación algo dolorosa, pues en esa oportunidad ella tuvo que ser intervenida quirúrgicamente para extirparleel útero, ya que así lo había determinado la ciencia médica. Cuando Francelina la visitó, ella estaba recién operada; pero igualmente departieron de lo más lindo, con las obvias limitaciones. Gracias a Dios que pude asirme de un potente analgésico para aliviarla, y el dolor del postoperatorio no le hizo tanta mella. Desde ese entonces se hicieron muy amigas, y lo fueron por siempre. Toda mi familia se sentía contenta con su presencia, y aplaudían la decisión de, como siempre decía mi madre, haber “sentado cabeza”.
En aquellas noches de extensos silencios en mi alcoba, en la que sólo se escuchaba tiernamente la delicada respiración de Alberto acostado a mi lado, reflexioné hondamente sobre todo aquello que se aglomeraba en mi mente. En mi país se sentía lo tenso de una afrenta. Aquel acuerdo de poderes que se llevó a cabo en la lujosa residencia del engominado, se estaba resquebrajando y, al parecer, ya nadie podría evitarlo. El destierro del máximo líder, y el apego de las cucarachas al mismo, con miras de llevarlo a la presidencia de la república por segunda vez, exaltaba los ánimos y los integrantes de esas dos toldas estaban afectados por lo que eso significaba. Era la muerte de un sistema bipartidista, y con esa muerte, se hundían en lo más profundo de un cieno, muchas pretensiones. Detallé muy bien la situación de todos aquellos que desde ya se sentían fuera de un juego, del mismo que había arrojado buenos dividendos,y que había convertido en millonario a muchos que se habían pegado como garrapatas siendo unos “patas en el suelo”. Entre ellos encontraría a mis aliados, puesto que eran los más perjudicados hasta ese entonces. Los mismos nunca habían creído en falsos profetas nien embaucadores,como aquellos que se habían hecho pasar por los salvadores de una patria.
Por ese entonces, yo ya sabía que no contaría con nadie más, pues todos estaban vislumbrados por el mártir que estaba en prisión, y en el que estaban puestas todas sus esperanzas. ¿Esperanzas de que? Siempre me lo pregunté, y aún hoy en día me lo pregunto. Todos estaban cautivados por aquellos inmolados que merecían toda su admiración. Con sus concupiscencias verbales convertidas en promesas de una mejor vida, habían arrastrado a medio mundo. Aquellos locuaces sin parangón, habían inoculado mucho veneno en contra de las instituciones del Estado, las mismas que habían aportado poco o mucho por el sostenimiento de la democracia, y del estado de derecho. Ya nada era igual, puesto quemuchos ciudadanos, habían dejado de creer en el Parlamento y dudaban del máximo ente comicial. Percibían a los partidos políticos no como protagonistas esenciales de un régimen democrático, sinocomo viles enemigos del pueblo, vividores, buitres del progreso.
Con aquellas frases desdeñosas disfrazadas de salmos,habían logrado que hasta el propio Estado, el que desde siempre había sidodistinguido como un gran benefactorgracias a su situación de destinatario de los dineros percibido por la comercialización del petróleo, resultara vilipendiado por su indetenible imposibilidad de resolver los más elementales requerimientos de los ciudadanos; sobre todo los de los más vulnerables. Habían conseguido taladrar la conciencia del pueblo, e introducir a través de aquellos agujeros, la apatía y el rechazo a todo lo existente. Habían dado inicio a una nueva etapa de la vida de mi país, donde eran situadas todas las esperanzas en aquel hombre salido de los cuarteles. Paradójicamente aquel plan macabro ideado por el larguirucho, terminaba con un pacto que había nacido, para luchar férreamente contra las dos dictaduras militares que habían causado tanto daño en aquel siglo que estaba pronto a fenecer. Con dicho plan renacía el militarismo en mi país, el país de todos.
Por esa razón me dirigí a ellos, a quienes entendían el porqué había que evitar que ese ser maligno llegara a materializar sus pretensiones. Les insinué muchas de las advertencias que había recibido, mas, tuve que idear un modo particular para referirme a las mismas. Sencillamente les dije que se trataba de simples deducciones, que existía algo dentrode mí, que me conminaba a oponerme a esos macabros anhelos. No me entendieronpor completo, pero sí habían captado a medias, ayudados por el odio que sentían; no por lo que le había pasado al país, sino a ellos en lo personal. Bueno, era mejor eso que nada. Conformamos un pequeño grupo, opuesto radicalmente a aquel que ya había calado bastante alto en laconciencia del pueblo. La lucha no iba a ser fácil, nadie había dicho que lo sería; pero comenzamos de inmediato una cruzada por el futuro, cuyo principal enemigo era precisamente, el mismo pueblo al cual pretendíamos salvar de aquellas malévolas figuras.
Los hermanos Gregorio y Vicente, además de Luis, Ernesto, Alfredo, Juan Carlos y yo; conformamos en nuestro Estado, lo que en el futuro pasaría a llamarse la oposición. Desde allí se extendieron nuestros ideales al resto del territorio nacional. En cada región nacía una esperanza. En cada una de ellas, se alzaban las voces de quienes nunca iban a aceptar semejante desfalco. Al tener información del recién creado movimiento, el enviado del diablo de inmediato dio la orden expresa de que fuese desarticulado, destruido de inmediato. Desde su madriguera, quiso evitar que un fuego se iniciara. Comenzó a usar términos peyorativos para referirse a nosotros. No había salido aún de prisión, y ya quería acabar con quien no estuviese de acuerdo con sus ideales. Aún no se había lanzado al ruedo político, y ya ordenaba acabar con la disidencia. Eso hablaba por si solo. Su inocultable egocentrismo no dejaba lugar a dudas. Comenzó a usar palabras como derecha recalcitrante, fascistas, apátridas, vende patria, neoliberales, imperialistas, lacayos, escuálidos, entre otros; para referirse a nosotros. La primera reunión la tuvimos en casa de los hermanos, quienes en un futuro llegarían a ser parlamentarios tanto a nivel nacional como regional.
Aquellas primeras reuniones se llevaron a cabo, primeramente para que ellos drenaran sus rabias. Personalmente no habían sido despojados de nada, mas, sabían que sin el apoyo de los partidos en los cuales habían militado desde que eran representantes liceístas, sabían que hasta allí habían llegado sus aspiraciones. Eran verdaderos demócratas que no habían creído en las falaces expresiones de esos esperpentos, tal como yo nunca había considerado ciertas, aquellas lágrimas falsas; ni los tantos golpes de pecho. Luego nuestras reuniones se centraron en el tema que precisamente nos había acercado. Acordamos que nuestra principal meta sería, evitar el regreso de los militares al gobierno. Sin embargo, la realidad era palpable.Esa había sido la finalidad de todo aquel teatro absurdo y criminalque articularon, para hacer creer que tumbarían a un gobierno desleal. La realidad estaba allí, papable ante los ojos de todos. Los insurgentes estaban presos, y ya las cartas estaban echadas para que el engominado accediera por segunda vez a la presidencia de la república. Entonces, a simple vista, nadie iba a creer que aquellos alzados, quienes estaban purgando condena, representaban algún peligro para el futuro de país. Ni modo que les dijese que en mis sueños, había recibido las visiones de unos desastrosos momentos que llegarían con el paso del tiempo. De haberlo hecho,me hubiesen llamado loco de inmediato. No había más remedio que esperar que el tiempo, asomara poco a poco una realidad. Mientras tanto, habíamos acordado el anonimato para salvaguardar nuestras vidas.
Nos habíamos propuesto realizar una investigación. Cada uno de nosotros buscaría información detallada,acerca del grave problema que se nos venía encima,sin poder evitarlo, “por ahora”.En ese escudriñamiento, estudiamos los antecedentes de quienes habían liderado la intentona golpista. Dedujimos que no había sido un hecho casual, ni mucho menos aislado. Se trata de un plan perfecto que había sido trazado muchos años antes. El movimiento databa desde inicio de los años 80, cuando varios soñadores formaron un grupúsculo al que le pusieron el nombre del libertador. No pasó en ese entonces, de compartir visiones y opiniones acerca de las hazañas llevadas a cabo por nuestros héroes independentistas. El larguirucho oficial, quien llegaría a liderar una insurrección, constantemente leíalibros alegóricos al libertador y parlaba usando frases famosas de éste; manifestaba sus pensamientos a donde quiera que fuere.
Cuando lo invitaban a dictar alguna conferencia respecto a la vida del padre de la patria, dado su ya famoso apego a los ideales del libertador; casi que se portaba como si en realidad lo fuere. Reflexionaba hurgando en su ofuscada mente, qué pensamiento cuadraba mejor a los momentos vividos. Era una obstinada fijación enfermiza la que albergaba aquel hombre, misma que terminaría desquiciándolo hasta el punto de anhelar el poder y mediante él, verter un totalitarismo donde sólo sus palabras fuesen las escuchadas. Los mensajes dados en los distintos auditorios a los que fue invitado, parecían más bien, encendidos discursos políticos. Alguien fue con el cuento a sus superiores, y resultó amonestado severamente; porqué esas aseveraciones con ínfulas políticas eran prácticamente un ultraje a la institución castrense. Eso le bajó los ánimos por unos meses. Al sentirse incomprendidos por la alta oficialidad,decidió ganar adeptos y hacer entender algún día, que lo suyo no era política sino ideales que pretendían enrumbar el mundo por un mejor camino, por el de la igualdad. Pensó que esas palabras calarían mejor en las masas, definitivamente.
Cuando ya habían convencido a unos cuantos, decidieron en conjunto, ganar más adeptos, salidos de las mismas filas castrenses. Ya después, lo harían más allá de los muros de los cuarteles. Quisieron como punto de partida, homenajear al padre de la patria, por lo que el primer encuentro lo hicieron en un destacado monumento histórico en donde, como todo un demente; sintió que el héroe patrio se adentraba en él, se apoderaba de sus sentidos. Sintió aquel desquiciado, que desde ese entonces, el libertador moraba dentro de sí. Se paró delante de sus compañeros y, alzando su brazo derecho como si empuñara el histórico sable, emuló un juramento, mismo con el que