pretendía nuestra libertad. Lo dijo, tal cual lo hiciere el libertador en la cima de una montaña, sólo que le cambió el finalpuesto que el mismo no concordaba con lo que él ambicionaba. Sus compañeros lo miraron incrédulos, pero entendieron que se trataba de su gran inspiración libertaria. También juraron por el mismo libertador,a quien aquel loco imitaba, que no descansarían hastaconvencer a otros militares, de la causa librepensadora que los llenaba de pasión. Finalmente, y antes de macharse,aquel orate sin remedio expresó tajantemente que, si la naturaleza se oponía caray, sería doblegada para que dejara esa manía de estar oponiéndose. Y como siempre sucede, el que lanza el escupitajo hacia arriba, por lo general le cae en el rostro. Jamás le pasó por su menteque esa misma naturaleza, a la cual retaba con tanta petulancia, conseguiríacercenarleimprevistamente, todos sus sueños y ambiciones.
Al poco tiempo, ya se había incorporado un grueso número de oficiales de mediano rango, quienes se sintieron identificados con aquellos sueños de grandeza. El mensaje de los líderes fuecaptado de inmediato, y éste no fue otros que, culpar al sistema partidista de sus pobrezas. Sabían perfectamente que la mayoría de esos militares provenían de sectores marginales y por ende, se sentirían identificados con ese mensaje que buscaba sembrar el odio; y vaya que lo lograban. Desde ese entonces, miraban con crecido resentimiento a los factores políticos que nos habían gobernado alternándose en el poder cada cierto tiempo. Comenzaron a expandir sus dominios a nivel nacional. Necesitaban llamar la atención. El larguirucho pretendió causar alarma con actos callejeros, mientras que el segundo al mando, en total desacuerdo con el primero; prefirió algo más pacífico. Como cristiano evangélico propuso el poder de la palabra de Dios, y esa idea de inmediato fue aceptada. Evidentemente que de haber utilizado la violencia para vender un proyecto pacifista, nunca hubiesen llegado demasiado lejos. De inmediato nació, a raíz de esa pequeña discordancia entre ambos líderes, una animadversión que más adelante; los llevaría a ser enemigos a muerte, políticamente por supuesto.
Durante cierto tiempo se limitaron a la participación militar exclusiva, hasta que el líder principal consideró oportuno atraer a civiles, preferiblemente de un partido de izquierda que había tenido participación protagónica en el pasado, y que había sido dejado a la zaga por aquel pacto traidor. A mediados de los 80,el movimiento decidió que laposibilidad de la ocupación del mando, tendría que llevarse a cabo en el momento de mayor descrédito del gobierno. Por lo tanto, hubo que esperar el momento más crítico. Según sus propios cálculos,optimistas por demás, consideraron que dicha mancilla comenzaría a exteriorizarse a finales de esa década; pero estimaron prudente esperar hasta que el movimiento estuviese mejor conformado,que contara con una mayor representación. Después de las protestas nacionales en contra de las medidas económicas ejercidas por el presidente, ocurrieron otros hechos no menos importantes, de los que también se aferraron los delincuentes aquellos; para deducir definitivamente, que el momento había llegado. Entre esos hechos destacó el más lamentable. Se trató de una acalorada protesta de estudiantes inconformes. Dicha manifestación resultó vilmente reprimida. Lamentablemente, dos decenas de manifestantes perecieron bajo las balas asesinas de los matones del gobierno. En esos momentos aciagos, se dieron muestras de entendimiento y hermandad entre los alumnos, y los militares libertarios. Ese gesto fue decisivo para la total aceptación del movimiento revolucionario y su total apoyo a la revuelta que pronto llevarían a cabo. El momento había llegado. Surgió entonces aquel asalto demoníaco.
Los muchachos y yo estábamos claros, en cuanto a las mezquinas pretensiones de aquellos malnacidos. Mientras tanto en prisión, el pernicioso ser acogía con una mezcla de asombro y agradecimiento, las incontables muestras de simpatía, en la medida que le llegaban informes desde los más apartados rincones del país, donde le anunciaban que se estaba transformando en un ser muy apreciado entre los más necesitados; quienes representaban a la mayoría de la población (quienes hacían ganar elecciones). Hasta se habían producido enfrentamientos frente a las instalaciones de la cárcel, donde militares y civiles habían intentado liberar al prisionero y al resto de los mártires que estaban acompañándole; pero todoshabían fracasado rotundamente. La respuesta que les daba a todos sus seguidores era que sentía amor por su patria y por su pueblo. Les expresaba que por amor, había hecho lo que hizo, y que por amor haría hasta lo imposible, con la única intención de ver feliz al pueblo. Reía mientras escribía esas palabras. Quienes leían aquellas emotivas aseveraciones, imaginaban a un hombre con el rostro compungido, producto de un triste llanto.
Cada uno de esos sucesos enaltecía aún más la popularidad del nefasto líder. Todo ello nos daba una muestra de lo tan difícil que serían nuestras luchas.Pero también nos daban las fuerzas necesarias para continuar. Lograrlo no iba a ser imposible. Había que tener mucha sapiencia y una gran dosis de paciencia. Eso era lo más difícil. Mientras tanto, en la tranquilidad de mi habitación (decidí por unos días, con el dolor de mi alma, que el niño durmiese con su abuela; alegando un resfriado que no le quería transmitir, el cual disimulé a la perfección) recibí durante esos días, las visitas que ya habían sido anunciadas. Mi comadre María me había llamado,para expresarme que también había recibido el mensaje. Me recomendó que tuviera preparado para las apariciones que no tardaban en llegar. Me preguntaba quien o quienes habrían de ser. Aunque ya estaba preparado para ello, no dejaba de sentir miedo.
Ciertamente esa noche, cuando ya estaba a punto de entregarme al descanso siendo aproximadamente las once, sentí nuevamente aquella sensación poderosa. A pesar de estar la puerta completamente cerrada, al igual que a ventana pues el aire acondicionado regalaba una temperatura tentadoramente gélida; sentí una especie de ráfaga, que de ningún modo natural pudo haber llegado desde el exterior. Y así, sin preámbulos, se hizo presente quien había estado esperando. Todo sucedía tal como en mi sueño. La misma presencia, los mismos gestos, la misma elegancia; la misma voz y prácticamente, las mismas palabras.Se trataba de un señorgalanamentearreglado. Vestía exquisitamente, reflejando con ello la época de oro en que había vivido. Su sonrisa plena delataba, que provenía de ese sitio hermoso al que todos anhelamos llegar, cuando nuestra misión en la tierra llegue a su final. Su mirada era serena. Lucía una actitud pacífica, y un gesto de satisfactorio orgullo. Se despojó de su elegante sombrero,como muestra de distinción y se quedó parado con los brazos entrelazados en las muñecas. En sus manos, la prenda que momentos antes había retirado de su cabeza, reposaba inquieta. En ellas se iniciaban unos movimientos sutiles.
“Reciba mi saludo cordial caballero. Lamento importunarlo con mi presencia. He llegado nuevamente hasta usted, obedeciendo a un mandato divino, y por amor a mi pueblo. Juré que por él daría mi vida, que haría el sacrificio que fuere necesario. Debes haber leído de mí, o tal vez te lo haya contado tu padre o tu abuelo. Hijo, yo decidí apartarme de mis funciones obedeciendo a una fuerza maldita como la que hoy en día se quiere evitar; pero no lo hice por miedo, ya que nunca lo tuve. Lo hice por el amor que sentí y aún siento por mi pueblo, por mi tierra. Obedecí solamente, para evitar que mi pueblo derramara su sangre. Preferí el destierro, antes que ver el sufrimiento de mi gente. Y es por esa misma gente que quiero expresarte mi mensaje ésta bendita noche”.
“General, ¿podría, si usted me lo permite, hacerle un comentario o plantearle alguna pregunta?”.Le planteé esa interrogante, sintiéndome muy temeroso de su respuesta. Además de ello, temí que si me escuchaban hablando solo, podrían pensar mal de mí; aunque inmediatamente pensé en una solución salomónica. Si eso hubiese llegado a suceder, habría dicho que, tras haber abierto la ventana, había estado platicando con un vecino que casualmente caminaba por aquella calle desierta.
“Claro que si caballero. Faltaba más, pero antes déjeme decirle que es preocupante todo lo que está pasando. Demasiado grave. Hoy en día, la amenaza se hace cada vez más fuerte. Ese hombre malvado está dando grandes pasos en procura de lograr sus oscuros propósitos.”
“Pero General, ¿a que hombre se refiere? Quien está en posesión del poder, es un caballero letrado que, a mi personal parecer, creo que está haciendo lo correcto. Y quien se visualiza ganador de los comicios que se llevaran a cabo prontamente, ya fue presidente y tengo entendido que, con sus aciertos y sus errores lo hizo bien.”
“No señor, me refiero al demonio ese que está preso.”
“Pero General, no lo entiendo muy bien. ¿Cómo va a estar dando grandes pasos si está en prisión como usted mismo le expresa?”
“Eso precisamente es lo más grave del caso. Él está en presidio, todo el mundo lo sabe. Y justamente eso es lo que lo hace más peligroso puesto que eso no es más que una artimaña, una sucia mentira. Él y todos aquellos que se confabularon creando todo este enramado de falsedades, con la finalidad de destronar al presidente y hacer creer que todo lo malo era culpa de medio mundo; se valieron de esas ardides para confundir al pueblo. No creas que fue una conspiración bien trabajada nada más. Fue más que eso. Se trató de un perverso plan ideado en colaboración de las personas más allegadas al presidente. El primero que estuvo de acuerdo con toda esa masacre fue, el propio Ministro de la Defensa. Caramba, ellos siempre serán traidores por lo visto. Él trató de entregar a su jefe en bandeja de plata. En fin, si ese ser infernal está en prisión, no es sólo por que cometió un delito. No te equivoques con eso. Él está allí esperando su momento. Está haciendo tiempo para que la gente lo crea un Dios prácticamente. Te diré algo, el viejito lo va a dejar salir de allí. No el que está hoy en día, sino el que vendrá. Por ahora no se va a poder hacer mucho, pero tienes que prepararte para lo que vendrá. En un sueño que tendrás próximamente, te daré los nombres de unas personas a quienes ubicarás en la capital. Te entrevistarás con ellas”.
“¿Qué personas son esas General?”
“No te desesperes hombre. Te dije que en un sueño que pronto tendrás te los diré. No te preocupes que nunca olvidaras esos nombres. Ellos te estarán esperando. Eres el elegido. Harán lo que tú les digas. Por lo pronto, lee la historia de mi gobierno para que descubras muchas cosas. Comprarás un libro cuyo nombre te diré oportunamente. Ya recibirás más instrucciones de los pasos que deberás seguir”.
“¿Y mientras tanto que puedo hacer?”
“Estudia bien los ideales del libertador, sus pensamientos. Continúa fortaleciendo ideológicamente al grupo. No le adelantes nada de todo lo que se te ha dicho; porqué no te creerán, y eso sería muy inoportuno. Estudien detenidamente cada uno de los pasos que esos diablos dieron con mucha precisión, hasta llegar al alzamiento. Conviene saberlo todo. Y cuando el anciano le abra la puerta, uno de tu grupo tendrá la delicada misión de transformarse en uno de sus más cercanos colaboradores. Conviene mantenerlo vigilado. Por ahora eso es todo. Ya te visitaran otros, que como yo, hemos sido enviados por él, para rescatar a éste hermoso y pujante país del desastre.”
Tras decir esas últimas palabras, el espíritu se marchó dejándome sumido en una de mis más grandes reflexiones. Pensaba con sapiencia, tratando de descifrar aquel enmarañado trance en que la vida me había colocado, no sabía aún porqué. El ente del presidente bueno, del padre del modernismo me había dicho en un momento tantas cosas, que no sabía como comenzar a ahondar en ellas. La que más me llamó la atención, fue aquello de las personas que me esperarían no supe para que cosa. En definitiva, tendría que esperar recibir nuevas instrucciones. En cuanto al innombrable, como comencé a decirle, aquellas palabras estaban aún haciendo eco en mi mente: “Está haciendo tiempo para que la gente lo crea un Dios prácticamente”, “el viejito lo va a dejar salir de allí”.No entendí de buenas a primera, cómo era que iba a salir si, según lo que había leído en la ley, la pena correspondiente era extensa, y apenas llevaba poco menos de dos años. Por lo menos, ya sabía quien iba a ganar las elecciones presidenciales ese año. No niego que aquel malnacido había tenido mucha astucia, y una enorme cantidad de paciencia. En verdad que supo engatusar a la gente. Yo por lo pronto, tenía que analizar bien las cosas y, en la medida de mis posibilidades y las de mis compañeros (jamás me gustó la expresión camarada, por la connotación que se le daría), reunirnos para trazar los lineamientos que tendríamos que seguir. No es fácil iniciar una batalla cuando se tiene un enemigo poderoso, y vaya que lo era el muy ladino.
Traté de dormir un rato, pero ya el sueño se había disipado. Recordé como, muy insistente, mi querida madre insistía en que tenía que dormir; porqué el sueño perdido nunca se recupera. Las palabras del General por fin dejaron de danzar sobre mí, aún así, continuaba con mis ojos despabilados.Los cerré, y comencé a dirigir mis pensamientos hacia algo especial. Gracias a Dios que en mi vida existía mucho de ello. Primeramente estaba mi familia, en especial mi madre y mi hijo que son amores especiales, aunque para mí todos eran especiales y lo serán por siempre.También alguien especial, una mujer que había comenzado a ganar espacios en mi vida, especialmente en mi corazón; Francelina, mi futura esposa. En segundo lugar, existían en mi vida, las satisfacciones que me brindaba el ejercicio de profesión. Mi vocación siempre me caracterizará, yen los 35 años que dediqué en cuerpo y alma a ejercer mi apostolado; disfruté, en lugar de decir que estaba cumpliendo con mi deber. Lo mismo dije años después, cuando llegó el tiempo en que me inicié en el mundo de la locución y de las leyes, y posteriormente; cuandonosespecializamos Alberto y yo, como abogadospenalistas.
Pensaba en todas esas maravillas que complementabas gratamente mi vida.Mi hijo siempre ha significado y siempre significará lo más especial, lo más grande y lo más maravilloso, al igual que mis padres y mis hermanos; pero sentía algo especial que había ya anidado en mí, y que me hacía sentir muchas cosas nuevas. A pesar de todo lo que estaba pasando conmigo, en especial, aquella misión que se me había encomendado y que, indudablementeiba a llevar a cabo; estaban mi vida, mis sentimientos, estaba ella. Los pensamientos románticos que confieso que siempre he tenido, comenzaron a rondar sobre mí. Pensé en ella. Eraella lo primero que llegaba a mi mente al despertar, y también lo primero que se marchaba cuando mi cuerpo era dominado porel sueño. Era inevitable no pensar en ella, no descubrir nuevos mundos a su lado, no palpar su delicada y suave belleza; sentía algo extraordinario, sentía que ya no podía vivir sin ella.
Me hacía falta a cada instante.No me resignaba a sólo un segundo sin ella. No me cansaba de decirle que era tan bella. Cada noche le regalaba las estrellas, y no existía en mi vida, un instante en que no le expresara mi ternura.Lo merecía su hermosura. Sentía una intensa paz al tenerla a mi lado. Era una situación en extremo poderosa.Quería para ella lo más sagrado. Ella era mi todo. Ella eramí antes, mi hoy y mi mañana. Cuando nos mirábamos, surgía la divinidad. Dios mío, su piel era tan suave. Cuánto la amaba. Poco a poco resulté dominado por el cansancio, y mientras terminaba de sumergirme en la suave tersura de mi aposento, mi romanticismo continuaba creciendo, en la medida que pensaba en ella. Francelina bien merecía esa inspiración,la misma que me transportaba delicadamente a un mundo mágico. Mientras me quedaba dormido arrullado por la agradable brisa que entraba por mi ventana, la imaginaba. Confieso que lo que comencé a sentir por ella, nunca antes lo había sentido. Mi vida comenzó a tener otro significado. Estaba completamente seguro, que el amor que había anidado en mi corazón iba a ser para siempre.
Pude disfrutar de un descanso parsimonioso, ya que el aliciente que empleé para atraer el sueño, fue delicioso. Continué luego con mi rutina. En los días subsiguientes me entrevisté con algunos personajes del quehacer político que conocía. Les dije que iba a comenzar una nueva carrera, y quería empaparme de ciertos tópicos. Qué mejor que ello para lograr mi propósito, les manifesté. Quise ahondar en el tema que ya todos conocíamos, pero al querer hacerlo, me encontré de lleno con una inmensa muralla. Ninguno de ellos se atrevía a decir algo que pudiese comprometerlo. Todos parecían ser unos santos. Ya no se pavoneaban diciendo a los cuatro vientos, que su partido estaba en el poder o que lo había estado antes. Ya no gritaban a todo pulmón que aunque su partido no gobernaba, igual disfrutaba las mieles del poder. Ese había sido el propósito del pacto. Que del enorme pastel todos comieran. Ya no se vanagloriaban diciendo que tenían riquezas. Ya no decían nada, puesto que la gallinita de los huevos de oro había muerto. Se la había devorado un ser maldito, el mismo que en un futuro próximo, devorará las esperanzas de todo un pueblo.
Continuamos reuniéndonos. De nuestras tertulias surgieron varios acuerdos. El primero de ellos, aquel en que se estipuló que era sumamente prioritario poner a un lado los reconcomios personalistas. Eso no fue muy bien recibido, pero finalmente se acordó en ello. Tras mis argumentos, se entendió que el país estaba frente a una gran amenaza. Lo común entre todo nosotros,era que nunca creímosen aquella utópica cascada de promesas. Habíamos podido detectar en el rostro desdeñoso de aquel hombre, en sus miradas opacas, en sus palabras extrañamente tenues; una vil mentira. Algo nos decía que estábamos frente a un farsante. Cada vez que repetían aquella escena por la televisión, notábamos un nuevo elemento de falsedad. Pudo haber disimulado ante el mundo entero; pero para quienes amamos la libertad, esa máscara nunca existió. Podíamos mirar más allá que a un pelele que se rendía, mientras hablaba como un muchacho regañado prometiendo aquella sarta de falsedades.
Ya había sido advertido en mis sueños. Las palabras sabias que había escuchado de aquellas apariciones; me habían repetido hasta el cansancio el peligro que se cernía sobre nosotros. Habían vaticinado para mí, todos los acontecimientos que, si no hacíamos nada, iban a ser una cruel realidad.En el fondo, no estaba del todo convencido de que todas aquellas atrocidades fuesen capaces de hacerse realidad. Por ese entonces, lo único que podría decirse que se estaba materializando, era una transición. No era difícil predecir que el ex presidente engominado iba a ser dentro de poco, el próximo Presidente de la República. Hasta un mocoso sabía que el anciano iba a ocupar por segunda vez, la silla presidencial. Entonces me confundía nuevamente. ¿Que de extraordinario había en decir, que quien tenía una vasta experiencia en las lides gubernamentales, iba a salir favorecido por la preferencia del pueblo? Hasta yo mismo lo consideraba de todos los malos, el menos malo. Dudé mucho. Dudé entonces, que la asonada militar había nacido producto de toda una patraña para desterrar misteriosamente a aquel gobernante, del que muchos se habían aprovechado. Puse en tela de juicio aquello que había soñado. Por un momento pensé que había sido un sueño absurdo. Y en cuanto aquellas apariciones, las dejé simplemente a un lado. Desde niño siempre sentí vainas raras. Pensé en aquellas voces que escuchaba de niño y que creí siempre que provenía de alguien que se acercaba.
Lo que me hizo dudar grandemente fue aquella realidad que resultaba tangible ante los ojos de todos. Los satánicos alzados estaban presos. No podían hacer mucho desde allí. Confieso que fue un imbécil al proceder de esa manera. ¿Cómo pude haber dudado tanto?De pronto llegaron a mi mente, las palabras del General. Escuché nuevamente sus sabias advertencias.Escuché nuevamente en mi mente, que a ese hombre el viejito lo iba a dejar en libertad. Recapacite a tiempo afortunadamente. Sobre la base de esa posibilidad continué mi lucha sin cuartel. Una lucha con pocos soldados, y con un enemigo excesivamente grande y poderoso; mi propio país. Nunca imaginé cuan difícil me iba a resultar decirle a alguien, que ese hombre no era lo que se pensaba. Quise tantear el terreno. Cuando por fin me atreví a hablar de ello con mis compañeros de trabajo, de inmediato sentí que me miraban con odio.Me tildaron de traidor, de vendido al imperialismo yde capitalista. Nunca les había escuchado hablar utilizando aquellos términosque siempre consideré detestable; pero que al parecer, ya formaban parte de la idiosincrasia de todo un pueblo. Se sintieron ofendidos y me retiraron el habla. Opté por no decir nada más. Teníamos que usar otra táctica comunicacional. Decidimos en una reunión de última hora, limitarnos a estudiar todo aquello que les había manifestado a mis compañeros. Para ello les alegué que teníamos que colocarnos a la par de sus ideologías. Era la única manera que consideré, para poder enfrentarlos en sus terrenos.
Ya fenecía el interinato del anciano caballerode amplios conocimientos y finas expresiones. De aquel hombre íntegro, tenaz, decoroso, e intransigente con la injusticia. No podía irse en blanco. En el país se suscitaron tres desgracias que enlutaron de manera dramática a nuestro pueblo. En la primera, la naturaleza había demostrado su poderío.Fue una enorme tormenta ocurrida en el mes de agosto, la cual originóelfallecimiento de cerca de 200 conciudadanos en la ciudad capital, dejando una inmensa cantidad de heridos y damnificados, estipulados en varios miles de ellos. El gobierno se activó de inmediato. Varias dependencias del Estado se abocaron a socorrer aquella cantidad depersonas arropadas por la desgracia. Fue una tormenta sin precedentes en nuestra historia. Desde diversas partes del orbe se hicieron sentir muchas naciones humanitarias con sus ayudas oportunas. La solidaridad humana resulta incomparable cuando se trata de apoyar al caído. Esa tragedia me hizo recordar lo dicho por uno de mis visitantes inusuales, cuando me expresó que aquel falso profeta había retado con un juramento estúpido; a la naturaleza. El mismo espíritu había referido, que tal vez el ignaro personajedesconocía el enorme poder de la misma.La segunda, una explosión producida en el mes de septiembre.
Sucedióen un gasoducto ubicado en una de las principales autopistas del país. La causa de ese hecho fortuito, fue un terrible accidente laboral (embarrado en la peor de las negligencias), generado por una excavadoraque impactó contra una tubería de la estatal petrolera. El fuego arrasó con todo a su paso. Causó mucha consternación un muy lamentable suceso. Se trató de una unidad del transporte público que transitabapor lazona,y resultócubierta por las llamas. 50 pasajeros resultaron fallecidos. Aunado a ello, una gran cantidad de vehículos que también circulaban a esa hora por el sitio, quedaron atrapados en medio de la inmensa bola de fuego, la cual crecía cada vez con más intensidad. Aquel efecto dominó dejó una gran cantidad de personas carbonizadas dentro de sus vehículos. Fue un verdadero infierno lo vivido aquella tarde trágica.La tercera tragedia ocurrió al año siguiente, cuando apenas había comenzado el mismo.
Ya el engominado había ganado las elecciones, y la euforia de muchos por esa victoria excesivamente extraña,se sentía aún en el ambiente;aparte de la que tenían aún por las fiestas navideñas que acababan de terminar. La desventura sucedió en uno de los centros penitenciarios más grandes y tenebrosos del país.Varios reos se enfrentaron entre ellos por motivos que nunca fueron develados. Los chuzos y las armas de fuego alimentaron los odios. Después de que supuestamente las autoridades tomaron el control de la situación, luego de un recorrido por los distintos pabellones;fueron hallados carbonizados una enorme cantidad de privados de libertad en los calabozos. Los enseres dentro de los mismos, misteriosamente habían sido pasto de las llamas. Los enormes barrotes impidieron que esa gente se pusiera a resguardo. Ningún pecador merece terminar de esa manera.En el hechomurieron unos 105 internos. Por lo menos esa fue la cifra oficial, aunque durante muchos días, familiares de los internos aún pernoctaban a las afueras del penal en espera de respuestas, ya que sus familiares no aparecían ni vivos ni muertos. Resultaron desaparecidos muchos de ellos. La cifra nunca salió a la luz pública. Nadie dio respuestas. Nadie dijo nada más.
Continué mi vida con toda la “normalidad” del mundo. Mi tiempo libre lo distribuía de la mejor manera. Y esa manera no era otra que compartir con ellos, además de adentrarme en la reciente relación que ya tenía visos matrimoniales; puesto que ambos queríamos enrumbar nuestras vidas por el mejor de los caminos. Mientras tanto, distribuía el resto del tiempo entre mis apasionantes inclinaciones por el mundo de las letras,contemplando los hermosos libros que con gran sacrificio, había ido adquiriendo paulatinamente y devorándolos consuetudinariamente. Cada tarde, mientras la quietud de los días soleados de mi ciudad se hacía sentir, me refugiaba en la buena lectura. Además de la historia de mi país que estudiaba concienzudamente, disfrutaba de la literatura universal. Lo cierto del caso, era que no había un día en el que no me encontraran en la sala de mi casa, leyendo.Y si no tenía que trabajar, luego que Alberto se quedaba dormido; lo hacía hasta bien entrada la noche. En ese tiempo, comencé a leer en voz alta. No era mi costumbre, pero lo consideré una estrategia, puesto que cuando llegaran mis ya acostumbrados visitantes del más allá, a traerme sus sabias exhortaciones; si alguien escuchara mi voz, de seguida pensaría que estaba leyendo y nadie podría dudar de mi cordura.
En una de esas tantas ocasiones, siendo ya de noche, devoraba una excelente obra: “Retrato en sepia”, de la Chilena Isabel Allende.“(…) Aquella hazaña no se había visto desde los tiempos remotos de los fieros conquistadores españoles, pero no todos participaron en el recibimiento porque la oposición había aumentado como una avalancha imposible de contener. Nuestra casa permaneció, con los postigos cerrados y las órdenes, de mi abuela fueron que ninguno debía asomar la nariz a la calle; pero yo no resistí la curiosidad y me encaramé al techo para ver el desfile. (…)”. Me había ensimismado tanto en esa agradable historia, que de buenas a primera no me percaté de algo extraño. Cuando por fin sentí que algo extraño sucedía, miré a mí alrededor. Se trataba de un extraño aroma nunca percibido por mí. Lo sentí en toda la estancia. Temí que mi familia sintiera ese vaho desagradable.Supuse que la hedentina tenía que ver con mis misterios. La pestilencia se hacía cada vez más insoportable. Por fortuna deduje que nadie más que yo, sentía aquella hediondez extrema. De lo contrario hubiesen salido a ver que era lo que sucedía. Me aparté bruscamente de la lectura, atraído por aquello que ya estaba siendo muy común en mi existencia y no me equivoqué. Sentado justo frente a mí, estaba el espectro de un hombre de mirada excesivamente penetrante. Inspiraba temor su sola presencia. Nunca supe porque se había sentido aquel desagradable olor.