quedarían de seguro, aquellas fuerzas leales a la democracia. Se tornarían en una gran vergüenza nacional. Se acercaban lentas, pero seguras, unas fuerzas demoníacas disfrazadas de soldados. Se controlaría nuevamente con el poder de las armas, a quienes pensaran distinto. Pero para eso faltaba mucho tiempo. Se acercaba lo suficiente, cual animal de presa, para cuando ésta estuviera lo suficientemente cerca; lanzar el zarpazo criminal y con ello, terminar cobardemente con todo un camino andado. Primero, hacerse sentir como el mesías, como quien salvará del desastre. Cosa que ya había logrado. Luego Llegará con el ardid maldito del buen gobernante, el que todo lo da por su pueblo. Con ello se ganará la confianza de la gente. Ya después habrá suficientes oportunidades, para desatar las realidades que surgirán desde el mismísimo infierno.
Yo por mi parte, alternaba mi vida familiar y el ejercicio de mi profesión, con mi actividad,hasta ese momento en la clandestinidad. Frecuentemente realizaba mis viajes a la capital. Ya me habían revelado los nombres de las personas, con las que formaría una alianza. Sabíamos que en un principio nuestras actividades caerían en un vacío intenso, ya que la mayoría de los ciudadanos de nuestra patria, miraban a aquellos personeros que se acercaban seguros y sin mirar atrás,como una tabla salvadora. Se aferrarían a ella, para evitar sucumbir ante los desmanes gubernamentales,inducidos precisamente por esos seres perversos. No pudieron tener mejores resultados. El trabajo meticuloso ya estaba dando los resultados esperados. Desesperaba aquel ser maldito por llegar a la cima. Urgido estaba de cambiarlo todo, que el mundo entero se arrodillara ante él; como si se tratara de una divinidad. Francelina y yo habíamos hablado largamente sobre todo lo que me estaba aconteciendo. En un principio, se tornó suspicaz cuando comencé a contarle todo, completamente todo. Tuve mucho miedo de que por temor a lo que creyera una especie de locura, se alejara de mi vida. Realmente no la hubiese culpado. Hubiese sido entonces, una reacción hasta cierto punto comprensible. Lo pensé largamente para poder decidirme a contarle aquella verdad quimérica.
Pocos podrían creer que eso estuviese sucediendo. Parecía todo un relato digno de Poe; pero era mi verdad. Le conté uno a uno los hechos percibidos en aquel sueño misterioso, el cual me atrapó de una manera inmisericorde, cómo queriéndome sofocar. Estoy seguro que, como estudiosa de las ciencias de la salud, ella pensó primeramente que podría tratarse de un trastorno psiquiátrico, ya que todo lo que le contaba tenía visos de alucinaciones o de delirios; pero sabiamente fui convenciéndola. Y la única manera fue con la ayuda de uno de mis aliados. Aunque la preparé con mucha antelación, ella estuvo a punto de sucumbir de un ataque de pánico, cuando al poco tiempo de casados, mi abuelo se presentó ante nosotros, en plena sala de la nueva casa que acabábamos de estrenar. Confieso que su reacción fue la de una persona de gran temple. Mantuvo la calma, a pesar del miedo que se le notaba a flor de piel.Trastabilló un poco emocionalmente, pero al cabo de unos largos minutos; estaba conversando animadamente los tres. Mi viejo le explicó detalladamente todo lo referente a mi fantástica misión. Ella lo entendió. No hubiese sido nada fácil en un futuro cercano, realizar mis viajes a la capital a entrevistarme con Orlando, Enrique, Julio, Juan; y el resto de mis compañeros de lucha. Siempre me acompañaban Goyo, Vicente y Zenoncito, que a esas alturas, ya se había unido al movimiento. Realmente todo hubiese resultado sumamente difícil, ya que con lo celosa que siempre ha sido, nunca iba a creer que mis viajes nada tenían que ver con otra cosa que no fuese, amor por mi patria.
Siempre me fue difícil de entender, cómo creyeron en él a pesar de sus obsesivos comportamientos durante su vida personal y sobre todo, en lo militar, además del antecedente de haber organizado aquel golpe de Estado fallido. Esos hechos hablaban por si solos. Nadie los escuchó. ¿Acaso no temieron por lo menos, las personas de gran edad o los estudiados, al peligro que representaba la vuelta al poder del militarismo? Nunca lo voy a entender. El pueblo adoraba como a un Dios, a aquel despreciable ser a quien siempre me referí como “El maligno”. Y ese adjetivo creo que se quedaba corto.Demasiado quizá. Tal vez el hecho que más cautivaba de él, además de su prodigiosa labia, resultaban las cualidades que del padre de la patria le atribuían. Sentían la presencia del héroe a su lado, dentro de sí. Miraban en él al gran hombre. Lo sentían como una especie de reencarnación. El adalid de lo que iba a llegar a representar, el despuntar de unas esperanzas que, agonizantes, estaban a punto de fenecer. Sucedería algo parecido a lo del Ave Fénix o hasta mejor aún. Seguros estaban que su salvador no permitiría que sucediera la tragedia. Ésta no era otra que, continuar la patria grande en manos de quienes la habían conducido al total cataclismo.
Para eso había llegado, tras un rendimiento que en un momento creyeron cobarde. Para ello llevó a cabo aquella asquerosa táctica.No en vano aquello que se creyó, la sumisión del maligno, se había transformado en un triunfo político; ya que mediante la misma, él logró dirigirse a la Nación y hasta al mundo entero. Expresaba que la misma vida lo había colocado en el camino correcto. Eran los designios de Dios; blasfemaba. Sólo faltaba, decía para rematar el ataque certero que estaba profiriendo; que votasen mayoritariamente por él. Tendría que ser de esa manera. Necesitaba la fuerza de las masas, pero de manera contundente. No tendría que ganar por un margen ínfimo de diferencia. Tendría que ser una victoria apoteósica, inigualable. Necesitaba que su ego creciera aún mucho más. Quería que se hiciera su voluntad, no la de Dios. Tenía que suceder lo que desde niño había añorado; estar donde le correspondía. Necesitaba el poder. Necesitaba ese poder que solamente podía obtener con el dinero. Por falta de dinero había sufrido. Saborearía con crecida glotonería y fogosidad, las mieles de una victoria que creía merecer desde siempre. Estaba totalmente seguro de que todo eso iba a suceder, pues era ese el acuerdo que había hecho con las fuerzas demoníacas.
El día que lo conocieron incluso más allá de las fronteras de nuestra patria, su rostro serio, inexpresivo; reflejaba un hondo pesar. Su aspecto lucía consternado y una gran estela de desdén lograba que se acentuara aún más ese formidable sentimiento de ineptitud que ya lo anegaba en el mar de un fracaso que sentía que lo cobijaba. Pero esa cara sufrida no fue más que un ardid para hacerse pasar por mártir. Realmente fue esa una estrategia que envolvió a muchos, por no decir a todos; a mí inclusive. Nunca negaré que sentí mucha pena por él. En un primer momento creí en aquel arrebato de patriotismo, en aquellas ganas de cambiar un estilo de gobernar, el cual no había dejado más que pobreza en todos los rincones de un país inmensamente rico. Creí que por fin había llegado la salvación. Inclusive, hasta llegué a considerar un sacrificio “necesario”, aquellas vidas que fueron destronadas. Supuse que todo amerita un sacrificio, y que aquellas almas se elevarían hasta la gloria seguramente. Pienso en ello, y no puedo evitar sentir rabia hacia mí mismo. Estoy completamente seguro, que fue por ello que al llegar a casa la noche de aquel aciago día, la misma vida me envolvió en aquella estela de realidades ocurridas y por ocurrir. Con ello, abriría mis ojos y mi alma a la realidad que hubo existido, y la que habría de existir. Y aunque no sería nada fácil convencer a quienes tendría que persuadir, lo iba a intentar. Ya pronto el hombre llegaría a su meta. Nada podría evitarlo.
Mientras se esperaba eso que ya era un secreto a voces, a la vez que el gobierno del engominado anciano llegaba a su triste ocaso; yo me dirigía hasta la capital, con el fin de asistir a las ya acostumbradas tertulias clandestinas. El General me había dado datos precisos de nombres y direcciones, de quienes tenía que contactar. El día en el cual me entrevisté con quien lideraría el grupo en la capital, es decir, Orlando; éste quedó consternado, ya que le mencioné datos que nadie tendría que saber, a no ser que hubiese un motivo certero. Se mostró muy esquivo, y de buenas a primera, trató de evadir mi presencia. Fui directo al grano. La gran cantidad de ambages dificultó un poco más aquella primera audiencia. No tenía ningún vestigio de asidero lo que comencé a decirle. Comentar lo que ya era evidente; que “El maligno” llegaría a la Presidencia de la República, podría sonar rimbombante. Tenía que ir un poco más allá, y tratar de develarle algo que sólo pocas personas sabíamos que iba a suceder; pero como era lógico, tendría que tener un exhaustivo tacto para no pasar por decrépito. Esa era la dificultad. Convenimos en que ambos teníamos una inmortal animadversión por aquel hombre, a quien considerábamos cómo el engendro del diablo, y quien estábamos seguros que traería la desgracia a una tierra bendecida por Dios. Era sólo eso, y eso bastó. Descargamos nuestras iras, mientras con pequeños sorbos, nos tomábamos un cafecito aromatizado con canela y endulzado con panela, que en el sitio del encuentro, prepararon por solicitud mía, ya que me habían preguntado cómo lo prefería.
Todo el país sabía que dentro de escasos meses, tras la feria electoral más esperada de nuestra historia, obtendría la victoria un hombre que resultaba ajeno a nuestras preferencias. Teníamos que callarnos todos esos resentimientos, ya que podría pasar lo mismo que ocurrió la noche en cual fuimos acusados de patoteros por una turba que gracias a Dios no nos linchó. Hasta fuimos privados de la libertad por pendejos; por estar hablando más de la cuenta. Sin contar también que en ese entonces el hijo del diablo aún no había calado lo suficientemente alto aunque ya era adorado y protegido como si fuera una deidad; pero la obsesión por él no había llegado tan lejos. En ese entonces sí había calado bien profundo tal obsesión. Era un hecho que pronto él sería presidente, resultaba prácticamente un suicidio decir algo en su contra, por más pequeño y verdadero que resultare. Aun así, Orlando y yo nos desquitamos hablando las realidades que ambos nos habíamos encargados de averiguar.Cada quien averiguó por su lado, puesto que nunca nos habíamos visto; ni sabíamos de nuestras existencias. Le fui asomando los detalles que me habían sido revelados por aquellos entes, que se ya presentaban ante mí como una rutina. Eran solo detalles poco reveladores, ya que no podía soltarlo todo de buenas a primeras; pero que resaltaban entre los tantos rumores circulaban entre algunos sectores menos ortodoxos.
“El Maligno” aún no había lanzado lo que definitivamente sería su principal arma, la convocatoria a una Constituyente. Cuando le conté algo al respecto, a Orlando le pareció una broma de muy mal gusto. Podría proponerla, pero estaba mi interlocutor completamente seguro, que nadie iba a apoyar semejante patraña. Le aseguré que era prácticamente una realidad, no sólo la propuesta de una serie de mecanismos que lo ayudarían a atornillarse en el poder, sino que el pueblo la iba a aceptar gustoso, luego de un referendo consultivo. Me arriesgué a soltar esa perla. Orlando en un principio pareció molestarse por lo dicho; pero cuando lo había pensado mejor, comprendió erróneamente que no podría yo estar hablando en serio; a menos que fuese adivino o brujo. Pero cuando días después se escuchaba en todo el país, aquella alharaca relacionada con la invitación a algo que nadie conocía a ciencia cierta,una Constituyente; creyó en mí como cree en Papá Noel, un niñito de siete años.
Desde ese entonces me escuchaba atento. Quedaba perplejo, cuando yo atinaba todo cuanto ese ser malicioso prometía. Inclusive,permaneció a borde de un desvanecimiento, cuando le advertí que hasta se propondría algo referente a una reelección inmediata y no, diez años después; tal como rayaba la agonizante Constitución patria. Efectivamente,el futuro sátrapa prometió establecer la reelección inmediata en la nueva Constitución, tan pronto llegara al poder.Su alegato significaba sencillamente, que de esa manera tendría más tiempo para dedicare su vida entera a los más necesitados. Y en virtud de que era eso lo que la gente anhelaba; aplaudían gozosos aquel enorme sacrificio. Se sentían afortunados de contar con un hombre de semejante altruismo.
Mientras tanto, mi país se hundía cada vez más en un mar de padecimientos, de penurias y sinsabores. Particularmente, en el hospital donde yo prestaba mis servicios, las cosas marchaban cada vez peor. No había insumos. Hasta la alimentación de los niños tenía que ser costeada por sus familiares. La gente que acudía en busca de soluciones a sus tantos problemas, eran de escasos o nulos recursos. Sus problemas derivaban de, entre otras cosas, una mala alimentación. El gran total de los niños que atendíamos a diario presentaba cierto grado de desnutrición, lo que agravaba aún más cualquier otro tipo de patología. En virtud de que sus padres o sus representantes, no podían evidentemente, adquirir nada de lo que se necesitaba; daba inicio un maldito círculo vicioso donde los perdedores, terminaban siendo los más vulnerables, los niños. Muchos de ellos fallecían de mengua. No era una situación fácil. Nosotros los trabajadores asistenciales, hacíamos malabares para poder prestar una atención medianamente buena. Mi indignación crecía cada vez más, puesto que nadie merecía recibir una atención de ese tipo; medianamente. Todos deberían obtener, por derecho divino, una atención de calidad, y laque estábamos prestando; estaba muy lejos, demasiado lejos de serlo.
Recuerdo algo que el tiempo de mi memoria nunca borrará. Era una tarde excesivamente ocupada, en la emergencia de mí siempre recordado y muy amado “hospitalito”, como le decíamos muchos de los que trabajábamos allí, y hasta el común de la gente. La emergencia como siempre, estaba casi que colapsada; y ni qué decir del área de observación. La mayoría de los hospitalizados permanecían semanas enteras, debido a lo tórpidas de sus recuperaciones. La falta desnutrición lo entorpece todo. Por esa razón, los cupos se quedaban cortos ante la gran demanda de enfermos. Los pasillos Lucían permanentemente atestados de madres con sus niños en brazos en espera de la debida atención. En las afueras del centro asistencial, el panorama era más espeluznante. Era un verdadero horror lo que padecía el pueblo. El trabajo era incesante. La unidad de cuidados intensivos siempre permanecía atestada de los más graves casos.
Brayan fue llevado a la emergencia por su madre, y dos de sus hermanas mayores, alrededor de las cinco de la tarde. El niño apenas podía abrir sus ojos. En su semblante se notaba una palidez extrema. Su huesuda madre lo cargaba con un gesto de hastío. Pude darme cuenta de inmediato que la mujer no reflejaba algún pesar como era lógico ante una tragedia de tal magnitud; la enfermedad de un hijo. Deduje que si lo había llevado al hospital, era sencillamente para evadir algún tipo de responsabilidad legal.El muchachito de alrededor de cuatro años,no hacía más que emitir un lamento que resultaba casi imperceptible. Las chicas que los acompañaban lucían sumamente pálidas también; aunque por ese hecho, no dejaban de ser extremadamente bellas y dueñas de unos espectaculares cuerpos. Algo raro percibí en aquellas personas. Naturalmente que como hombre, mis ojos contemplaron espontáneos aquel reguero de curvas; pero mi raciocinio y mi ética, de inmediato apartaron mis miradas de aquellas golosas presencias, para enfocarla en lo que realmente reclama mucha atención; aquel ser que procuraba aferrarse a la vida desesperadamente.
Le saqué un poco de sangre, con esa pequeña porción tratarían de hacerle un análisis que se necesitaba de manera urgente; pero en el hospital no había los reactivos necesarios para aquella rutina de laboratorio, con la cual se procuraba obtener un diagnóstico más preciso. Saltaba a la vista el estado nutricional que literalmente estaba matando al muchachito; pero necesario era conocer con exactitud unos valores tales como la hemoglobina, las proteínas, la función renal, entre otros. Hicimos una colecta entre muchos de los allí presentes, y un alma piadosa que se encontraba en el sitio se ofreció a trasladar la pequeña muestra al laboratorio. Verdaderamente no nos sorprendieron los resultados, los cuales en poco tiempo ya estaban en nuestras manos. Debido a la enorme desnutrición que el menor presentaba, las cifras de hemoglobina estaban excesivamente bajas. La anemia estaba acabando con una vida que apenas se estaba asomando. Ni que decir de las proteínas y otros elementos, que de igual manera estaban por debajo de los límites normales.
No nos explicábamos cómo podía ser posible que aún estuviese con vida. Tendría que poseer un valor de hemoglobina decerca de doce miligramos sobre decilitros, y escasamente tenía dos. Procedimos en consecuencia. Me extrañó sobremanera, que las chicas que dijeron ser hermanas de Brayan estaban elegantemente vestidas, y hasta un teléfono móvil portaba cada una, en un momento en el cual apenas se estaba comenzando a usar esos aparatos; por lo menos en nuestro país, y sobre todo en el interior de la República. Luego me enteré que ellas se dedicaban a la prostitución,la misma madre las conminaba a buscar dinero ejerciendo lo que muchos nombran la profesión más antigua que se conoce. Lo supe porque hasta a mí, la señora me ofreció los “servicios” de sus hijas. Traté de pensar que se trataba de una broma. De esa forma quería evitar más indignación de la que ya sentía, al presenciar cómo en un país tan rico como el nuestro, podía existir a su vez, tanta hambre; sobre todo, en quienes son más vulnerables. Casos como el de Brayan se repetían todos los días. Mi pueblo moría de hambre y al parecer a nadie le importaba ese detalle. Hacía falta alguien que luchara por el país. Por ello exigía de la vida un salvador, un mesías o en todo caso, un hombre que se dedicara a manejar los intereses del pueblo, de manera transparente y pulcra. Y precisamente era eso lo que ofrecía “El Maligno”. A alguien le hacía provecho el hambre del pueblo.
Brayan finalmente, luego de tantas gestiones de quienes trabajábamos en ese sitio de ensueños, así como de su directora; pudo ser transfundido en muchas ocasiones, además de recibir los componentes proteicos que necesitaba con suma urgencia.Logró de esa manera, recuperarse medianamente. Permaneció varias semanas hospitalizado, recibiendo tratamiento para todo aquella gama de padecimientos: primeramente la desnutrición bestial que por poco se lo lleva al otro mundo, parasitosis intestinal, sarna, enteritis e infección del tracto urinario. Lo grave, además de lo que estaba padeciendo el pueblo, y que se reflejaba en los “Brayan” que se presentaban a diario, era que se trataban de casos sociales. Evidentemente que con muchos esfuerzos, se lograba subsanar el estado clínico de algunos de aquellos seres desafortunados; pero al regresar a sus hogares, caían nuevamente en los brazos de la maldita inopia. Retornaban a la misma pobreza, allí, el protervo ciclo se reiniciaba como por obra del diablo. Era esa una de las malditascircunstancias que condujeron, luego de aquella tan esperada “fiesta” electoral, a que ese perverso ser llegara a ganar unas esperanzadoras elecciones, y por ende, ocupar el tan anhelado trono.
Casualmente, el día en que ese hombre ganó las elecciones de una manera nunca antes vista, yo estaba de guardia. Aunque en mi país no es un deber legalmente establecido, por supuesto que cumplí con miobligación moral y cívica de votar. Yo agregaría que disfruté de ese derecho sagrado. Lo hice primeramente por mi país, por mi hijo y sin duda alguna, por mí. La gente esperaba con ansias un resultado. Aunque todos sabían que la victoria estaba segura, querían escuchar las cifras con las cuales se echaban por tierra, las “mezquinas” pretensiones dequienes desde ese momento,fueron conocidos con una despectivadenominación; “Losmacilentos”. A partir de ese momento, quien había alcanzado una meta, comenzó su ataque despiadado. Desde el preciso instante en que posó sus asentaderas en la suave y aterciopelada silla presidencial, aunque pocos lo sintieron, comenzó a colarse un maldito sectarismo; mismo que crecería de manera indetenible, a medida que ese movimiento nuevo se adentraba en la patria grande.
Casi al filo de la media noche, cuando el ente encargado de conducir los comicios manifestaba los resultados, se inició una especie de locura colectiva. La mayor parte del personal se ubicó en la puerta del recinto hospitalario, con el fin de contemplar aquel fastuoso juego de luces propiciado por los fuegos artificiales que rompieron el ensordecedor silencio de aquella apacible noche. Hasta las madres, padres, familiares y amigos de los pacientes, se desbocaron a las afueras del hospital vitoreando, y hasta llorando por tan indescriptible logro. Sin pensarlo dos veces, se unieron a la gran cantidad de simpatizantes del futuro salvador de la patria, agrandando aún más la espontánea marcha del triunfo formada por vecinos de la zona. No les importó inclusive, dejar solos a los niños. Todos le daban las gracias a la divina providencia por el milagro de la salvación, misma que se presentaba ante ellos en las manos de quien ya era el Presidente de la República. Todos expresaban lo mismo, por fin llegaba quien sídignificaría al pueblo. Él sería el encargado de dar a cada quien lo que se merece;emulando lo dicho por un eminente jurista de la antigüedad.
En el preciso instante en que las cifras fueron dadas con mucho esfuerzo, ya que unas risas no nacidas impedían hablar con total normalidad;llegó a mi mente una reminiscencia devenida de lo que mi cerebro había resguardado tras mi sueño misterioso. Era algo que nunca podré olvidar aunque hiciere mil intentos. “El sublevado frustrado haría entrada a la palestra pública primero y luego al poder, engañando a todo un pueblo a quien años antes, burlaría por completo haciéndoles creer que era el Mesías llegado, para salvar a una nación entera de las garras de un gobierno nefasto que entregaba las riquezas al imperio maligno de los Estados Unidos de Norteamérica. El mismo que, a fuerza de populismo, diciendo que iba a regalar plata pareja, que no se iba a cobrar por ningún servicio y un sinfín de espejismos que tanto daño le harían a la economía de una nación, lograría una de las más altas votaciones de los últimos tiempos”.
El tiempo transcurría tal como siempre lo había hecho, y tal como siempre lo seguiría haciendo. Por mi parte continué olfateando todo a mi alrededor, refiriéndome con ello a lo relacionado con quien era desde ese momento, el Presidente de la República. Noté algo que me hizo casi que desvanecer, aunque debido a lo que siempre he considerado mis sagradas premoniciones, ya sabía que iba a ocurrir. Desde mi llegada al centro asistencial que durante 22 años sería mi segundo hogar, se había evidenciado la casi total ausencia de los más elementales elementos para brindar lo que se requería; una atención de calidad a nuestros usuarios. Pero extrañamente pocos días después de haber ganado las elecciones, quien sería responsable de la peor tragedia de mi patria, comenzaron a sacar recursos como lo haría el mago que, de un n***o sombrero de copas; extrae un sinfín de elementos de la nada. De un día para otro en el hospital había de todo, hasta “para tirar para el techo”como lo expresa el vulgo. De inmediato sentí aquello como una sucia maniobra utilizada con la insana intención de convencer al pueblo. Salieron de la nada, un gran número de medicamentos, materiales quirúrgicos y hasta mucha comida.
Los gritos no podían ser callados y las emociones se tenían que exteriorizar. En verdad, pensaba el pueblo, hacía falta ese hombre. Nadie se percató o no le dio la maldita gana de percatarse, de la gran cantidad de vidas que se ofrendaron mientras permanecían ocultos esos recursos en espera de ese momento. Yo me había dado perfecta cuenta, no por mí que soy un mortal más; sino por quienes me habían escogido de entre millones de patriotas, para tratar de prevenir y si era posible; evitar que las manos del diablo hundieran aún mucho más a la patria grande. Lamentablemente en ese momento en que mi gente estaba invadida de una sensación mórbida de éxito, de un garantizado progreso y de un mañana feliz para todo, habría sido en vano que dijese o hiciere algo que pudiera contrariarlos. Realmente hubo quienes expresaron un descontento fundado en contra de quien ya sentían animadversión por cualquier motivo que fuere; pero inmediatamente era considerado algo como persona no grata. Difícilmente se puede cambiar un rumbo así tan fácil. En verdad los recursos comenzaron a fluir de una forma mágica y con ello, las esperanzas regresaron. El pueblo constató que no habían sido sólo palabras ya que de inmediato los hechos comenzaron a hacerse presentes. Se tendía una mano salvadora para un pueblo demasiado sufrido. Era eso lo único que importaba.
El primer lema fue empleo y oportunidades para todos. Cómo una actuación de magia, todos los hospitales fueron equipados por completo. Nunca más se le cobraría al pueblo por una atención de calidad en ningún centro asistencial público. La promesa fue que se construirían más centros asistenciales, y acto seguido comenzó a hacerse realidad esa promesa. Y con la misma efectividad, también comenzaron a construir centros educacionales por doquier, universidades para los pobres, entre muchas otras cosas que realmente beneficiaban a los más necesitados. Nuestros sueldos fueron mejorados, y hasta se inventó un bono especial para la adquisición de nuestros alimentos. Francelina y yo trabajábamos para la administración pública, y ambos recibíamos ese bono especial que nunca había otorgado gobierno alguno. Debo confesar que con eso comprábamos de todo, y nos sobraba incluso hasta paradarnos el lujo de algunos tentempiés de los que siempre provocan.De la noche a la mañana, la vida en mi país se había tornado muy apetecible y las memorias dejaron atrás los sufrimientos; ya no había cabida para recordar aquello que nunca más habría de volver, pensaban todos. Inclusive llegué a pensar que todo aquello de mis sueños y de las distintas apariciones no había sido más que algo chiflado. Alcancé a especular que un gobernante que obrara de esa manera no podría ser malo, todo lo contrario, miraba a mi alrededor y en todos contemplaba una inmensa satisfacción. Me imaginé tendido en una hamaca descansando en un futuro lleno de progreso cuando fuese ya mayor.
Por un tiempo me dediqué a lo mío, a todo aquello que llenaba mi vida por completo; mi familia primeramente. Mis adorados padres de quienes siempre estuve pendiente.Los visitaba con una frecuencia variable de acuerdo con el tiempo que mi trabajo me propiciaba. Mi esposa y mi hijo con quienes compartía los mejores momentos de mi vida, y mi trabajo bendito al que me dedicaba con crecida vocación y a eso me refiero debido a las satisfacciones que recibían mis pacientes; pero por sobre todas las cosas, a las que recibía yo al saber que mi trabajo contribuyó siempre a colmar de salud a los más necesitados, como siempre lo serán los niños. Con el tiempo, comprendí que todo aquello había sido una especie de espejismo. Una visión propiciada para tratar y obviamente lograr, que el apoyo del pueblo a un revolucionario movimiento continuara avanzando a pasos agigantados. Ambicionaba “El Maligno” que la misma gente lo siguiera elevando, lo continuara empujando hacia la gloria. Necesitaba ser él el único que decidiera, que sus palabras fueran obedecidas sin chistar. Recibí una lección de la vida, ya que le di la espalda a todos aquellos que llegaron de una u otra forma a mí, para prevenirme de la tragedia. Estoy totalmente de acuerdo que