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dolor y muertes; sí, más muertes.Estoy presente, de la misma manera como en lo sucesivo lo estarán mis compañeros, para darte una advertencia. Eso del imperialismo es embuste. No se puede negar que los Estados Unidos son poderosos. Nadie ha dicho lo contrario. Es un imperio como dirán los del futuro; pero de que quieren robarse las riquezas, eso es falso de toda falsedad. Ellos compran el petróleo.Siempre lo han hecho, y lo seguirán haciendo; han comercializado con nosotros desde siempre. Tengan cuidado con ese loco que llegó ofreciendo villas y castillos. Les va a echar una vaina con esa cara de santo, y de mesías. No le vayan a creer. Todavía están a tiempo. Ayer dio su primer paso y logró su cometido, aunque ustedes no lo crean. Todos pensaron que había fracasado; pero están completamente equivocados. Fue eso precisamente lo que había planificado.Todo estará plagado de traición. No lo dejen avanzar más. Tengan mucho cuidado también con un anciano, loco de poder. Hágame caso.”           Se esfumó de inmediato, después de haber expresado unas sabias advertencias; las mismas que ya yo había escuchado en una anterior oportunidad. Mantuve a duras penas la serenidad. Ya no tenía duda algunade que, todo aquello que había recibido como una visión en esa especie de pesadilla, era completamente cierto. Respiré profundo durante dos minutos, a fin de asimilar todo de la mejor manera. Me parecía a un sabio meditador de esos que pululan por doquier. Analicé rápidamente lo que el “fantasma” de aquel general y ex presidente me había dicho, y algo de lo sucedido el día anterior, dicho precisamente por el Presidente de la República; llamó poderosamente mi atención. Él mandatario había declarado todos los pasos previos a la asonada, y también los pormenores, de una manera muy detallada. Comentó lo que le había expresado su Ministro de la Defensa, tan pronto había puesto un pie en tierra firme, luego de su llegada de Europa. El mismo le había hablado de ciertos rumores, sí, rumores; como si no se hubiese tratado de algo tan grave. No le dijo nada en lo absoluto de lo que ya él tenía noticias, y que se había iniciado desde hacía varias horas ya. No le hizo saber que se estaba cuajando un golpe militar. Realmente me pareció extraño en ese momento, que el Ministro nada de eso le había advertido. De haberlo hecho, de seguro que al mandatario no se habría ocurrido marcharse a su residencia oficial. Por suerte, cuando se disponía a abordar el vehículo oficial que lo trasladaría hasta dicha residencia, fueprevenidoacerca del golpe por quien menos se esperaba. Esa persona de su entera confianza lo previno,conminándole a abordar su viejo Ford en el cual lo trasladó con rumbo desconocido. Sólo quería el buen hombre, salvarle la vida al mandatario. En el camino, sin que nadie supiera que iba en aquel vehículo vencido, se topó con la desagradable sorpresa.Un montón de efectivos castrenses se disponían a embestirla residencia presidencial. Se salvó de puro milagro. Después se supo que esa personaera el jefe de la Casa Militar.Eso me puso a pensar. Deduje que la confabulación tenía infiltrados dentro del mismo gobierno.¿Por qué el Ministro no informó adecuadamente al Presidente? ¿Sería acaso que lo quería ver muerto? Buen tema para la reflexión, me dije. Me tomaría en serio aquello de ser el salvador de mi patria, también me dije. Aquella noche en el hospital, mis compañeros se sorprendieron de lo callado que yo permanecía. Apenas había transcurrido un día en que había sucedido aquella tragedia, y ya no se hablaba de otra cosa que no se relacionara con el mártir, con el mecías; conel hombre que según había arriesgado su vida, para salvarnos del mal gobierno. Donde quiera que metiera las narices, todo el mundo tocaba ese tema. Mis compañeras de trabajo, los pacientes, sus familiares; todos hablaban de lo mismo. Había llegado un mensaje.Las palabras proféticas del hombre habían calado en las conciencias. Y por el contrario, la rabia hacia el presidente iba cada vez más en creciente alzada. Al llegar la hora, me dispuse a tomar mis cuatro hora de descanso legal. En esa ocasión me correspondió desde las 11 p.m. hasta las 3 a.m. A pesar de no haber podido conciliar el sueño durante el mediodía, tal como siempre lo hacía abrazado a mi bebé; no logré dormir un segundo siquiera. Cuando Nancy tocó a la puerta, ya yo me había incorporado de la cama. Ella lo hacía diez minutos antes de finalizado mi turno, de esa manera daba suficiente tiempo de ir al baño. Nos turnábamos el turno del reposo democráticamente.           La situación estaba bajo control con los 57 pacientes que teníamos. Ninguno de ellos lucía en malas condiciones, salvo un post operatorio que se encontraba delicado, aunque fuera de peligro. Nancy, antes de retirarse a descansar, le había aplicado todo el tratamiento. Ya solamente restaba esperar que se dieran las cinco para continuar la rutina. De resto, no había nada más que hacer, excepto estar pendiente por si se presentaba un imprevisto. Por fortuna no ocurrió ningún imprevisto. Hice un pequeño recorrido para cerciorarme que en efecto, todo estaba tranquilo. Le comuniqué luego de ello a mi compadre Rafael, que iba a estar ubicado al final del pasillo. Allí, existía un ventanal por donde se podía contemplar la hermosa ciudad. La quietud de la noche me invitó a la reflexión. Rondaban aún en mi mente, todas aquellas voces que había percibido en aquel sueño que me mantuvo atrapado. Pero lo que realmente me inquietaba, era loque me había sucedido esa tarde en mi propia casa. Pensé que me estaba volviendo loco. Una cosa era soñar con fantasmas, monstruos o seres de otras galaxias, al fin y al cabo, los sueños son sólo eso; algo fantasioso, irreal. Todo el mundo sueña. Pero otra cosa significaba lo sucedido. No lo había imaginado. Me senté en una cómoda silla de las tantas que había en quel sitio.Mis reflexiones se posaron  sobre lo acontecido el día anterior. ¿Que nos deparaba el futuro? ¿Quien era realmente ese hombre que había querido matar al presidente? Me prometí que averiguaría todo referente a él. También quise saber más de la historia de mi país, sobre todo, lo ocurrido durante el agónico siglo veinte. ¿Sería acaso un presagio lo ocurrido? No sabía que hacer. No era fácil asimilar todo aquello que me había sucedido. Las visiones de aquellos protagonistas del pasado de mi país, habían coincidido en que alguien llegaría a cambiarlo todo. Sus advertencias recaían sobre un personaje siniestro que traería la desgracia a la patria grande.Y era precisamente ese hombre, el subversivo que había irrumpido con sus diabólicos planes; quien estaba siendo intensamente venerado en ese momento, por gran parte del pueblo. Todo encajaba perfectamente. En ese instante comprendí el contenido de mi sueño. El golpista cobarde no era otro que aquel personero que en un futuro,llegará a colmar al país de la desgracia. Ya había dado su primer gran paso, tal como me lo había dicho esa tarde, el espectro que se había sentado a mi lado en mi propia casa. Realmente era una locura lo que me estaba sucediendo, una verdadera locura. Tenía que hacerle entender a la gente que estaban cometiendo un grave error. Pero definitivamente no sería fácil hacer entender eso al pueblo, más cuando todos consideraban que el militar alzado era prácticamente una deidad. El muy desgraciado había cuidado celosamente todos los detalles. Había sido un trabajo meticuloso. Labores estratégicas ideadas pacientemente. Indudablemente, había sido un fatigoso trabajo de meses, tal vez de años;aquello de trazar esas estrategias. El muy desgraciado les había lavado el cerebro a todos, definitivamente. Desde que se había entregado frente a las cámaras, expresando que el país necesitaba un nuevo rumbo y él se lo quería dar; que por eso había sido planificado aquel asalto, mucha gente lo creía una especie de mecías. Allí estribaba la dificultad. Supuse que tratar de adversarlo en sus ideas, sería una especie de blasfemia. Me mirarían tal vez como si yo fuese una especie de anticristo. Estaba frente al más grande dilema de mi vida. Sentí que si Dios me había elegido entre tanta gente, era por algo. Costara lo que costara, llevaría a cabo mi promesa; aunque verdaderamente nunca le prometí nada a nadie. Pero no era cuestión de una promesa, era una cuestión de principios, de patriotismo y de sentido común. Y tal como lo hizo el libertador, desde lo alto donde me encontraba, juré no dar descanso a mi vida; hasta lograr mis propósitos, que no era otro que hacerle entender a todo un pueblo que ese hombre iba a resultar nuestra perdición.Aun no sabía como lo iba a lograr; pero ni ese desgraciado ni ningún otro, le iba a echar más vainas a mi pueblo. Lo juré en nombre de Dios. A él le pedí con mucha fe, que me acompañara en mis difíciles pasos. Sabía que tendría que librar una batalla muy desigual. Tan desigual como la de David y Goliat. Pero si aquellas premoniciones no mentían, tal como estaba completamente seguro;la cosa era sumamente difícil, sobre todo, porque tendría que convencer a mucha gente que ya estaba idiotizada.           Y el hecho de que ellos estaban privados de libertad les daba más fuerza aún. Los primeros quince días los mantuvieron cautivos en un centro capitalino, mientras decidían hacia donde los llevarían finalmente. El deseo del callado hombre, era estar lo más lejos posible del centro del poder. Miraría desde allí cómodamente cómo su poderío se afianzaba de manera colosal. Pernoctaron en varios centros penitenciarios hasta que por fin los llevaron, no se supo por orden de quien, a uno donde tendrían ciertos privilegios. Desde el mismo día de su llegada, comenzó a acercarse a él, una cantidad de aduladores, de admiradores, de atontados seres convencidos con palabras vacías. Sólo les faltaba ofrecerle unareverencia para que él se sintiera una divinidad. Una de las primeras visitas recibidas fue la de un pariente lejano. Se trataba de una dama. Él no la conocía. Era nieta de un personaje heroico que solamente en su imaginación enfermiza, había librado muchas batallas, y todaslas había ganado. Le llevaba una especie de amuleto del viejo caudillo, quien sólo existía en su mente. Con ese adminículo, pretendía la señora, que aquel semidiósobtuviera un estímulo con el cualsobrellevar los dificultosos días que le esperaban. Se dio inicio a una idealización desmedida. El pueblo lo adoraba como a un santo. Los más vivos vendían suvenires con su fea cara dibujada.En prisión se armó prácticamente de una biblioteca. Le regalaban libros constantemente; sobre todo literatura subversiva, tratados ideológicos y de desarrollo espiritual. Comenzó a leer de manera desmedida con el fin de, además de evitar el tedio;conocer de todo un poco. Pronto le faltaría tiempo para leer, aquella ruma de textos de los más variados tópicos. Por las mañanas, después del desayuno, hacían actividad física. Un militar no debe dejar de mantenerse en forma bajo ninguna circunstancia. Todas las tardes, dedicaba de tres a cuatro horas a escribir cartas, en respuestas a la inmensa ola de correspondencia que recibía desde todos los rincones del país. Cuando correspondían los días de visita, frente a las instalaciones del centro reclusorio se concentrabauna gran cantidad de personas, quienes querían reunirse con el líder supremo. Los reporterosemprendieronuna cruzada, con la finalidad de recabar información acerca del ilustre, e introducían furtivamente celulares para entrevistarlo sin que nadie se diera cuenta. Y aunque pareciere mentira, habían compuesto una especie de rezo emulando al padrenuestro. Nunca se había visto semejante blasfemia.Tal como lo había planificado concienzuda y pacientemente, resultó ser todo un fenómeno en cuestión de meses. La gente vociferaba en todos los rincones, aupando su gran sacrificio y hasta muchos dibujaban grafitis, donde hacían alusión a una petición irrisoria.“Quien debería estar preso es el diabólico, no esa alma pura”, siendo el diablo, el Presidente de a República. Cuando llegué a casa, ya mi madre había llevado a Alberto para su cuarto. Era la única forma que ella creía viable para que yo descansara un rato. Si él no me sentía llegar, continuaba en lo suyo y yo podía dormir por lo menos dos horas. Mis jornadas nocturnas serían hasta que me correspondiera la jubilación, y en ese entonces faltaban 25 años para ello. Sino descansaba lo suficiente terminaría loco. Aunque se me partía el alma por no ver a mi niño al llegar a casa, sino hacía lo que mamá me había recomendado, ella se enojaba y nunca me había gustado verla así. Ya no aguantaba más tiempo sin dormir. Tan pronto me tumbé en la cama cuan largo era, sentí que los parpados pesaban una tonelada. Cuando estaba a punto de quedarme dormido,de repente sentí nuevamente un estremecimiento, igual al sentido la tarde del día anterior. Una piloerección no se hizo esperar, y volví a sentir miedo. Pero al no escuchar ni ver nada, le hice caso omiso a aquello que había sentido. Cuando volteé el rostro tratando de buscar un mejor acomodo, miré a una figura humana sentada en el borde de mi cama, mirándome fijamente. Era un hombre de muchos años, normal de estatura, de rostro concupiscente y de prominente abdomen; mofletudo, de ojos pequeños, de befos inflados, desencajado; con un mostacho alzado como los de un monarca ingles, y de frente menuda. Me miraba insistentemente, con una extraña mirada vacía. Se notaba en esos ojos sin brillo, una distancia enorme. Repentinamente rompió el pesado silencio que ya comenzaba a incomodarme. “Aquí estoy otra vez muchachito. ¿Caray, pensaste que no me ibas a ver más? Supimos que el hombre ya se atrevió a dar el primer paso, y que tú te habías despertado de esa pesadilla. Somos verdaderos fantasmas, y venimos a advertirte de una tragedia. Solamente tú podrás salvar a tu gente. Una fuerza sagrada nos ha enviado a ti. No debes permitir que otro maldito como yo, haga lo que yo hice. Ese tipo va a hacer cosas peores, te lo aseguro.Las barbaridades que cometíserán cosas de niños, comparadas con las que se avecinan de manos de ese demonio. Si ustedes dejan que ese calembe que ya comenzó a revolucionar al país, continúe ese plan maldito;se van a arrepentir para siempre. Muchacho, tengan mucho cuidado. Esa gente va a arruinarlo todo, va a acabar con todo. Si ustedes los dejan hacer lo que les de la gana, van a sufrir como unos condenados y estoy seguro que no se lo merecen. No hagan caso de lo que van a seguir diciendo del Imperialismo y todas esas vainas que inventan. Llamaran capitalistas a medio mundo, y ellos serán peores que yo. Vestirán indumentarias finas, usaran joyas costosas, vivirán en enormes mansiones,tendrán vehículos lujosos; pero no serán capitalistas. Como serán Pendejos.Los pobres sufrirán más hambre cada día. Tengan cuidado. No me voy a cansar de decírtelo para que sepas a que atenerte. Te lo dije en una oportunidad y, de ser necesario, te lo diré hasta que lo comprendas. No vayan a ser tan idiotas. Ese tipo va a regalar las riquezas. Sobre todo, el petróleo”. Yo lo escuchaba intimidado, pero atento. Aquellas palabras me parecieron muy oportunas. Había leído mucho respecto de su despótico gobierno, y en sus primeras palabras nunca negó haber hecho lo que hizo, todo lo contrario; me expresó claramente y sin tapujos, que reconocía haber hecho mucho daño. Que su tardío arrepentimiento servía, para advertir acerca del daño que se avecinaba, y de la manera como prevenir que las bestias infernales continuaran aquel plan monstruoso. El hombre se puso de pié y caminó algunos pocos pasos, mientras miraba a su alrededor. Mi nerviosismo no podía ser ocultado. Era lógico, puesto que no era nada común estar en compañía de un fantasma, y menos a plena luz de día. Mi madre entró al cuarto a buscar una ropita del niño, y me encontró más blanco que un papel. Me tocó muy alarmada, y comprobó que estaba más frío que un esquimal. No quise que se preocupara, y me adelanté a su comentario, alegando que sentía un poco de cansancio nada más. Realmente no era de todo falso; puesto que no había descansado nada; pero realmente era aquella presencia la que me tenía todo descompuesto. Menos mal que no había comenzado a hablarle a aquella aparición. De haberlo hecho, no se que hubiera pensado mi madre si me hubiera sorprendido hablando solo. Al fin de cuentas, no creo que me hubiese atrevido a hablarle a un espanto. Hasta ese momento, sólo se trataban de monólogos. Nunca hubo una pregunta o un comentario de mi parte. El espectro continuó su perorata. “Mire muchachito, cuando estaba yo en el coroto se dio inicio a la era petrolera, algo muy novedoso en ese entonces.Emprendírelaciones comerciales de inmediato. Comenzó a llegar bastante dinero, y yo también comencé a gastarlo a manos llenas; como si fuera el país alguna hacienda. De verdad que le eché mano a muchas pendejadas que ni necesitaba. Compré muchas propiedades que nunca llegué a visitar siquiera, cuanto más pernoctar en ellas.Es que uno se ciega con la plata muchacho. Más si se obtiene así tan fácil. Hice negocios, repito, con medio mundo. Repartí las tierras como si fuesen mías, y no de todos los aquí nacidos. Caray muchacho, esa gente, quienes vinieron a explotar las tierras buscando el oro n***o, acabó con todo; y yo me presté para eso, ya que lo que me importaba eran mis propios intereses. Pero no te sigo contando lo que ya tú debes saber. Lo cierto del caso, es que ese carajito va a llegar para sumergirlos a todos en la peor de las miserias.Venderá mucho petróleo, y lo negociará bien caro por cierto. Caerá un chorrerón de plata a éste país. Lo malo será que ese gran caudal de dinero será sustraído, será despilfarrado; les van a dar migajas al pueblo, para hacerlos creer que están invirtiendo en las necesidades de todos. Abran los ojos desde ya. No se vayan a dejar embaucar. Los van a comprar con un bozal de comida podrida. Ya verás la gran cantidad de zánganos y arrimados oportunistas, familiares y amigos de esos necios; quienes se harán millonarios de la noche a la mañana. Despierte muchacho, despierte. Procura hacer que todos despierten. No será fácil. Solo no lo lograrás. Necesaria es la unión. Y como dirán en el futuro aquellos traidores, solo el pueblo salva al pueblo. Tú eres parte de tu pueblo, sálvalo.En tus manos tienes la solución, verás que si. Te voy a decir una última cosita por ahorita, guerra avisada no mata soldado”. Dicho eso, se esfumó ante mis incrédulos y asustados ojos. Yo quedé perplejo, y en ese momento, más confundido y cagado aún. ¿Qué tendría que hacer? ¿Qué sería eso que tendría en mis manos? Esas preguntas las iría respondiendo poco a poco,con el pasar del tiempo. Pasaban los días, y cada vez se intensificaba en todo el país, el culto desmedido hacia aquel verdugo que se había hecho pasar por víctima. Cada vez que escuchaba aquellas alabanzas a favor de quien prácticamente era adorado como un santo, sentía que sería prácticamente imposible contrariar a tantas personas. Sería como nadar contra corriente. Estudiaba todos los escenarios posibles. Había mucha gente decepcionada realmente. Las políticas económicas desacertadas del presidente, dieron pie a toda esa animadversión. Esa había sido la mejor arma del tipejo arrogante aquel. También se palpaba mucho silencio. Un buen número de personas no decían nada. No alababan, pero tampoco condenaban. Ese silencio me puso a recapacitar profundamente. Tenía que pensar bien las cosas, no podría ir por allí diciendo que había tenido un sueño, y que en ese sueño, había visto una catástrofe venida desde las manos del tipo que estaba preso por haber intentado dar un golpe de Estado; y mucho menos, decir que había recibido severas advertencias de un bojote de fantasmas. Me hubiesen mandado de cabeza a un manicomio, de seguro. Sin pensarlo dos veces inclusive.           Yo mientras tanto me dedicaba a mi familia y a mi trabajo, especialmente a mi hijito. No niego que tuve varias amigas con las cuales compartí de lo lindo; pero ya había tenido suficiente con un fracaso, por lo que no estaba enredado sentimentalmente con nadie en ese momento. Supe interponer la felicidad de mi hijo por sobre la mía. Estoy seguro, y siempre lo estaré, que supe obrar con inteligencia, puesto que un verdadero padre sabe hacer lo correcto. Mi hijo representaba mi todo, y el resto de mi familia lo complementaba. No dejaba escapar oportunidad alguna para compartir con él. Su inocencia pueril lo era todo para mí, me hacía feliz, muy feliz y hoy en día, cuando es ya todo un hombre de bien;continúa haciéndome feliz, y así lo será por toda la eternidad.           Los domingos de manera puntual, me dirigía con él hacia un puerto cercano a la ciudad. Existen bellas playas en ese pueblo de encantos. Bien de mañanita, antes de que el sol nos regalara sus primeros rayos, me levantaba y preparaba mucha comida. En la playa siempre da mucha hambre, era siempre mi lema. A mi bebé le encantaba el pollo frito con puré de papas. Antes que arreciara el calor, caminaba con mi muchacho terciado y el morral en mis espaldas, hasta la parada de autobuses. En media hora aproximadamente, llegábamos a aquel sitio que nunca olvidaré. El niño tan pronto posaba sus lindos pies sobre la arena, corría gozoso hasta la orilla de la playa. Nos acomodábamos bajo la sombra de algún toldo que ofrecían los comerciantes del sitio, y allí comenzaba nuestra diversión. Nos adentrábamos en aquellas tibias y cristalinas aguas, a disfrutar de muchas horas de sano esparcimiento. Regresábamos a casa cuando ya el sol estaba por ocultarse. Llegábamos siendo ya de noche. Pasábamos mi hijo y yo, los domingos más bellos de nuestras vidas. La situación del país resultaba cada vez más apremiante. Los sucesos que se habían suscitado, primeramente en aquellos días infernales en los que se masacró a quienes habían salido a protestar; y luego, los que derivaronde una asonada militar ideada como respuesta maldita a aquellos contubernios gubernamentales, habían colocado su sello definitivo. Se había terminado de pudrir un sistema bipartidista.Existían muchos intereses de por medio. Nada era circunstancial. Había muchas mentes maliciosas ideando malévolos planes, detrás de aquel rostro mojigato que se estaba ganando la gloria; una gloria que pronto iba a transformarse, en un verdadero infierno. La estocada final sería, colocar una malévola trampa. Hacía tiempo que querían sacar de circulación al mandatario. No se hizo en aquel sedicioso primer intento; pero el principal propósito había sido logrado; y en ese entonces eso era más que suficiente. Todo se haría metódicamente. De haberlo hecho en esa oportunidad, asesinándolo, las cosas no les hubiesen salido tal como finalmente salieron. Tocaba entonces el turno a otro golpe, en esa nueva oportunidad, sin que hubiese ataquesmilitares. Habría que sacrificar algunas vidas; pero los mártires que resultaren, de seguro tendrían el cielo ganado, tal como los musulmanes extremistas. Entonces una pregunta quedaba flotando en medio de aquel álgido ambiente: ¿Quién le pondría el cascabel al gato? ¿Quién o quienes tendrían suficientes “cojones” para tejer semejante argucia? Tal vez no sería tan falso el argumento; pero en medio de una componenda de poderes como los que se estaban enfrenando, no era fácil que alguien diera el primer paso. Hasta que una cifra convenció a dos individuos que pasarían a la historia. Había tantos motivos para fraguar una traición; tantos, que no sabían por cuales de ellos empezar. El par de envalentonados se agarraron de una simpleza, en comparación con todas las marranadas que había hecho el primer mandatario y evidentemente, las que aún continuaba haciendo.El ciudadano en cuestión, de manera inescrupulosa, había sustraído dinero del tesoro nacional para satisfacer necesidades personales de él, las de su amante y las de los hijos de ambos.           Fue una denuncia simple que resultó interpuesta ante un Tribunal de primera instancia, tal como si se tratara de una pequeñez, cometida por alguien común y corriente. La dificultad se presentó al momento de inicia el proceso, ya que por la condición de Presidente de la República, la cosa tenía necesariamente que tomar otro rumbo. Se tuvo que aplicar un procedimiento especial, y allí estaba el detalle, como hubiese dicho Cantinflas. Se sabía que una burocracia desmedida trataría de colocar zancadillas por doquier. Las pruebas rayaban en lo ridículo, puesto que todo el país sabía de los desmanes corruptos que todos esos gobernantes habían hecho, y la cantidad ínfima que se señalaba era una bobería; pero bastaría con ello, si se le echaba ganas a semejante batalla campal. El Tribunal tenía que ser muy certero en su decisión final. Los acusados tendrían que justificar, de donde habían sacado los recursos para el sustento de un costoso nivel de vida, no coherente con la supuesta incapacidad financierade ambos ciudadanos. Ya poco a poco se iría encendiendo una mecha.La misma terminaría detonando una explosión sin precedentes en la historia de mi patria amada.           Mientras tanto, sabiendo lo que se avecinaba, los funcionarios del gobierno, en todas las instancias; raspaban lo poco que quedaba de la sartén. Y casi al finalizar el año, una nueva bravuconada se hizo sentir. Varios militares alzados había pretendido liberar al cagado sedicioso, que más arrecho que un sapo asoleándose, no daba crédito a lo que le decían. Eso no estaba en los planes. Los pendejos aquellos quisieron también ser mártires y terminaron siendo uso ridículos payasos. Aquellos malandrinesbombardearon algunas edificaciones donde funcionan varias instituciones del poder. Las calles se llenaron de gente que, embarradas de pánico por una nueva reyerta, querían saber que era lo que estaba sucediendo esa vez. Fue tal vez una clara advertencia, un medidor de popularidad. Lo cierto del caso fue que, a gritos, el pueblo pedía hasta la muerte del presidente, y la libertad de los subversivos. Al conocerse la nueva algarada, inmediatamente las fuerzas leales al gobierno se activaron sin miramientos nuevamente. Llegados desde distintospuntos, aquella multitudinaria presencia militar y policíaca, disipóel alzamiento a plomo limpio. Se llevaron en los cachos inclusive, a quienes en medio de la línea de fuego por casualidad. Horas después de aquella batalla campal, en medio de una multitud de pendejos que gritaban pidiendo la muerte del presidente, y que después no sabían donde atrincherarse; la bandada de terroristas corrió a un país suramericano gobernado por un pichón de monarca, donde se escondieron como asquerosos cobardes. Ya se había planificado ese escape desde hacía varios meses. Otros, los tontos útiles, fueron sometidos y zampados en los calabozos por pendejos. Corrió mucha sangre nuevamente. Sangre inocente. Volvieron a engañar a la gente y a masacrar al pueblo. Ya estaban cansados de lo mismo y el pelón, como le decían al presidente, seguía gobernando. Hubo más de doscientos muertos. La idea no era otra que,destronar a un líder. Pero les había salido el tiro por la culata, ya que la sucia maniobra armada logró contrariamente; aumentar la popularidad del larguirucho. Esos idiotas, sin querer, le habían hecho un favor. A partir de ese momento, el presidente no pudo dormir pensando que desde cualquier parte le podría caer un bombardeo. Definitivamente el hombre que había caminado mucho, aquel que bastante “satisfacción” le había dado a todo un país en un pasado, se transformóen el mismo diablo para sus coterráneos. Aquel pasado glorioso en el cual se
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