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4436 Words
Después de ocurrida la salida del demonio de la prisión, nada para mí resultó fácil. Los días que falté a mi trabajo no logré justificarlos debidamente, puesto que había quedado asentado en el libro de actas en el sitio de reclusión donde habíamos ido a parar aquella noche, que el motivo de mi detención había sido;iniciar una riña colectiva, destrozos a la propiedad privada y un montón de pequeños delitos, que si bien no me conllevaron a una privativa de mi libertad, más allá que esos días aciagos; no sirvieron como excusa para haber faltado esos días a mi trabajo. Me fue abierto un expediente por faltas injustificadas, y por más que alegué mi inocencia, ya que eran completamente falsos todos aquellos delitos imputados, igualmente resulté destituido de mi cargo.No pude refutar la imputación por falta de alegatos a mi favor. Nadie quiso atestiguar a mi favor. Hablé con muchas personas influyentes, y no logré que cambiaran de parecer. Luego comprendí que al estar todos influenciados por el palabrerío del esperpento miserable, resultaba yo una especie de entorpecimiento para el futuro desarrollo de la patria. Tenían que salir de mí a como diera lugar. No había cabida para un retrechero como yo, en la vida productiva del país. Eso me desmoralizó por completo y estuve sinceramente, a un paso de mandarlo todo al carajo; pero comprendí que había una esperanza, eso me levantó el ánimo y me reorientó en el camino de la lucha. Alberto necesitaba de mí nunca, yo nunca lo iba a defraudar. Él era mi prioridad y mi todo. Durante el tiempo que pasé buscando otro sitio donde ejercer mi carrera, pasaba horas felices con él.           Un mes después, ya estaba trabajando en una clínica privada. No tenía la seguridad social que la administración pública me ofrecía; pero era mejor que nada. Ganaba bien y rogué a la directiva que me dejaran en el turno nocturno. Les comenté, con toda la sinceridad del mundo, que tenía un niño pequeño, y necesitaba pasar las horas del día con él. A grandes rasgos,les confesé lo sucedido con su madre y no vacilaron en concederme mi pequeña petición. Continué luchando en mi vida personal, familiar y por aquella sagrada misión que me había sido encomendada. La relación con mi novia iba viento en popa.Nos encontrábamos generalmente cada quince días, excepto cuando estaba en épocas de exámenes. Para ella, visitar a su familia era algo sagrado; en ese momento también lo era, encontrarnos y vivir nuestro noviazgo. La situación del país resultaba ser cada vez más pavorosa. Se suscitaban disturbios por todos los rincones, debido a los desmanes económicos a los que habíamos sido sometidos; sobre todo, por aquella escalada de imposiciones tributarias que nos desangraban sin clemencia alguna. El impuesto al valor agregado encarecía todo cuanto se trataba de adquirir. Del mismo modo, el impuesto al débito bancario nos llevaba por el peor de los caminos. No había acto alguno que no nos dejara sin lo poco que teníamos. Con cada día que transcurría, vivir en mi país se hacía más difícil. Entonces, recordé lo dicho por uno de mis tantos visitantes misteriosos. “los sucesos llevados a cabo por mí, resultarán inocentes comparados con lo que vendrá, de manos de aquellos forajidos”. De esa forma había hablado el espíritu de quien gobernó con puño de hierro a inicios del siglo XX, tras traicionar a su compadre del alma. Antes de finalizar aquel año, el diablo se apoderó del presidente. El mismo tomó las peores decisiones de su larga existencia. Acabó con las pocas entidades financieras que quedaban, y mandó a la banca rota a más personas todavía. El pánico multitudinario se hizo presente. Los responsables de los desfalcos a las entidades financieras, alzaron vuelo con la anuencia del gobernante, a pesar de que habían sido dictadas órdenes de aprehensión en sus contras. La impunidad se veía reflejada en aquellos actos irregulares. Nadie lograba comprender por qué, el presidente, un hombre de conducta proba e intachable, de alta honorabilidad y pulcros antecedentes personales, socialesy políticos; escritor de renombre, políglota reconocido, abogado laboralista de gran trayectoria y ya senil, era capaz de cometer tantos desmanes. Detrás de todo aquel tonelaje de desgracias, estaban metidas sin lugar a dudas, las manos de sus dos hijos. Era público, notorio y comunicacional, que no era él sino sus muchachos quienes gobernaban al país. Resultaba prácticamente, un presidente fantoche aquel venerable anciano, moldeable para llevar a cabo esas pretensiones. Embarrado como estaba de un inocultable parkinsonismo, no podía ya ni firmar. Se rumoraba inclusive, que debido a su degeneración mental dada su avanzada edad, sólo le permitían presentarse ante las cámaras de televisión en contadas ocasiones. Para ello, únicamente para ello, había sido seleccionado para ocupar aquella etapa de transición, que terminaría definitivamente con un excesivamente arraigado bipartidismo, y para servir también como trampolín para la llegada del leviatán.           Era una noche fresca de luna llena. La brisa resultaba deliciosa, por ello, había yo dejado abierta la ventana, para que entrara aquella agradable caricia empapada del aroma de las flores que crecían en nuestro jardín. Aquel edén, resultaba cuidadosamente cultivado por mi madre. Realmente se sentía toda una delicia, pues era unafraganciacautivante. En esa ocasión, estaba extasiado leyendo:“Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Leía atentamente: “John esperó largo rato delante de la casa; y al fin terminaron las ceremonias que se celebraban en el interior. La puerta se abrió y ellos salieron. Primero Kothlu, con la mano derecha extendida, fuertemente cerrado el puño, como si guardara una joya preciosa. Le seguía Kiakimé, también con la mano derecha en la misma actitud. Caminaban en silencio, y en silencio, detrás de ellos, seguían los hermanos, las hermanas, los primos y la gente mayor. Salieron del pueblo, cruzando la altiplanicie. Al llegar al borde del acantilado se detuvieron, cara al sol matutino. Kothlu abrió el puño. Traía en la palma de su mano un poco de blanca harina de maíz; Kothlu le sopló, pronunció unas palabras misteriosas y arrojó el puñado de polvo blanco, en dirección al sol. Kiakimé hizo lo mismo. Después el padre de Kiakimé avanzó un paso, y levantando un bastón litúrgico adornado con plumas, pronunció una larga oración y acabó arrojando el bastón en la misma dirección que había seguido la harina de maíz”. Repentinamente un recuerdo llegó como un reflejo a mi mente. No era un recuerdo de algún tiempo vivido; era laevocación de un tiempo que había sentido en mi extraño sueño. Llegó tácito, como queriendo con su sola presencia, enrumbarme ante una cruel realidad. El mismo había llegado a mí, estando sumido en aquel estado del que me había sido imposible emerger por mi propia voluntad. En aquella visión, había visualizado a un elemento sobradamente alto, con enorme mostacho, de figura fofa y dueño de una tosquedadsin parangónque manifestaba cada vez que abría la boca y opinaba sobre lo que fuere. Había visualizado a quien llegaría a la presidencia de mi patria, parido por un movimiento miserable. Sería ese hombre de figura grotesca, la lamentable realidad que se iba a encargar de llevar(si no se hacía nada por evitarlo) a un país, a la peor economía del mundo. El mismo ser que heredara el trono de un apátrida.Y no un apátrida metafóricamente expresado,  como si fuera un agravio; sino un apátrida de carne y hueso, que se inició como tal traicionando y mintiendo, usando para ello el peor de todos los insultos; un populismo desmedido. El fofo presidente se sentará en el trono dejado por un repugnante ogro, quien desde un primer momento, desarrolló un modo y un lenguaje inusualmente descuidados, donde agresividad, sátira y alborozo iban de la mano. Quien con su palabra desencadenada y áspera, sus desarraigues espontáneos y vulgares, sus avergüenzas irreconciliables tachadas de demagógicas y el metódico desprestigio de los contrincantes;le sirvieron para armar a un gran número de incondicionales. También llegaba a mi mente,otroamargo recuerdo de mi sueño. En él se anunciabanlos próximos años en la vida de una gente, que tendrá que sufrir, lo peor que le puede suceder a una patria llena de tantas riquezas en el suelo, en el subsuelo y en su gente. Tuve la peor de las visiones puesto que, sorprendido, pude contemplar en el futuro que se acercaba lento pero seguro, a un ser que en su empeñó de arruinar el esquema norteamericano de "dominio, utilización y desvalijamiento a los pueblos", refrendará suculentos acuerdos económicos con el gigante asiático, efectuará intensivas compras de armas a Rusia y fraguaría una rebelde "alianza antiimperialista"con Irán. No satisfecho con ello, el gobernante se reunirá con la mayoría de los autócratas del mundo, como el zimbabwo, el sudanés y el bielorruso. Ya al comienzo de la segunda década del siglo XXI, en plenas revueltas árabes, el pichón de dictador no lo pensará dos veces para apadrinar al asesino libio, y al tirano sirio; ambos, dictadores sin recatos y responsables de cruentas represiones internas. Temblé de intenso pavor cuando pude analizar todo aquello que en mi sueño había percibido. No me sorprendería que todo eso se hiciera realidad, puesto que ya lo que había sucedido, lo pude avistar en la compleja realidad que había llegado a mí; en la cual contemplé la materialización de todos aquellos desmanes. No era una novedad que la tiranía tomara el poder por la fuerza. En mi sueño, se habían enroscado los hechos políticos, económicos y socialessucedidos a finales del siglo XIX, los del siglo XX que aún no terminaba; a la par de los que se acercaban desde los años finales de dicho siglo, y los primeros del XXI. Gracias a que el novelista, muy calmadamente me había expresado que el demonio saldría pronto de su encierro, y efectivamente así había sucedido, no dude nunca más de la veracidad de lo que estaba sucediendo, y de lo que tenía que suceder con el paso de los años, si no hacíamos nada por evitarlo. Por largo rato me quedé enfrascado en el análisis concienzudo que hice,de esa parte de mi sueño quehabía llegado repentinamente. Cuando lo consideré oportuno, me dispuse a continuar con mi lectura. Pocas veces suspendía de esa manera tan brusca una lectura, antes de concluir un capítulo, o por lo menos, una idea por completo. Cuando lo hacía por algo inaplazable, señalaba claramente el sitio en que interrumpía la lectura, para continuarla en cuanto me resultara posible. “—Esto ha sido todo —dijo el viejo Mitsima en voz alta—. Ahoraya están casados. —Bueno —dijo Linda, cuando se volvieron—; yo sólo digo que no veo la necesidad de armar tanto alboroto por una insignificancia como ésta. En los países civilizados, cuando un muchacho desea a una chica, se limita a... Pero, ¿adónde vas, John? Él no le hizo caso y echó a correr, lejos, muy lejos, donde pudiera estar solo. “Esto ha sido todo”. Las palabras del viejo Mitsima seguían resonando en su mente. “Todo, todo…” Y es que él, en silencio, y desde lejos, pero apasionadamente, desesperadamente y sin esperanza alguna había amado a Kiakimé. Y ahora, todo había acabado. John tenía dieciséis años. Bajo la luna llena, en la Kiva de los Antílopes se revelarían muchos secretos, se ejecutarían muchos ritmos ocultos. Los muchachos bajarían a la Kiva y saldrían de ella convertidos en hombres. Todos estaban un poco asustados y al mismo tiempo impacientes. Al fin llegó el día. El sol se había ocultado y apareció la luna. John fue con los demás. A la entrada de la Kiva esperaban unos hombres morenos; la escalera de mano descendía hacia las profundidades iluminadas con una luz rojiza. Ya los primeros habían empezado a bajar. De pronto, uno de los hombres avanzó, lo agarró por un brazo y lo sacó de la fila. John logró escapar de sus manos y volver a ocupar su lugar entre los otros. Esta vez el hombre lo agarró por los cabellos y le golpeó”. Estando nuevamente atrapado en unalectura, sentí una vez más aquelsobresalto que en un principio me aterraba; pero que en ese momento, me resultaba más que familiar. Mi pregunta era: ¿Quién sería en esa ocasión? En ese instante se presentaba frente a mis narices, una figura ya antes vista en mi sueño. Se repetía un ciclo. Comprendí entonces, que lo que había visualizado en mi sueño, era lo que visionaría estando despierto. Había sido una especie de premonición. Un adelanto de lo que me iba a suceder y que en efecto, me estaba sucediendo precisamente ese día, y me había estado sucediendo desde hacía algún tiempo. Quien se exhibía, era el fantasma de un personaje de talla corta, sombrero de lujosa elaboración, vestido distinguido y bien creado, con unas líneas perfectas que denotaban un gusto exquisito. Un formidableartefacto para fumar pendía de sus labios, y de cuando en cuando, fumaradas de humo blanco sin aroma; resultaban expelidas como producto de una aparición intangible. Poseía gruesos espejuelos, como queriendo observar mejor al mundo. Él luchó por la democracia de manera incansable, a brazo torcido, sin esperar nada a cambio según sus propias apreciaciones, aunque obtuvo de todo; inclusive,la primera magistratura nacional en dos ocasiones. Tumbó gobiernos, marcó pautas, segregó inoportunos, aniquiló subversivos y mandó a quitar muchas vidas, en fin;de todo un poco fue aquel hombre, cuyo espíritu se presentaba ante mí nuevamente. Élhabía sido considerado el padre de la democracia, fundador de uno de los partidos políticos icónicos en la historia contemporánea de la patria grande. Ese era él, aquel espectro que se acercó a mí para hacerme compañía en aquella agradable noche. Sentí, a pesar de que había leído mucho acerca de sus crueles pasos, un profundo respeto ya que, a pesar de todo, quien se arrepiente, no importa cuánto demore en llegar ese arrepentimiento; merece una nueva oportunidad. Él me había expresado en la anterior ocasión que realmente estaba arrepentido, y quería enmendar sus errores orientando mis pasos para que con ello, pudiese evitar la hecatombe que se aproximaba lentamente.Repitió sus alegatos pensando quizá, que yo no podía o no quería recordarlos. Me sorprendió en demasía, cómo aquellas palabras se repetían tan igual, a las que hube escuchado en mi sueño. “Te voy a hablar de lo mismo que te expresé en una ocasión muchacho. Eso que te dije que iba a ocurrir en un futuro, es precisamente esto que has estado observando desde hace cierto tiempo.Ocurrirá una tragedia si no hacen nada por evitarlo. Observo desde ésta perspectiva donde me encuentro desde hace ya más de diez años, a mucha gente de rodillas ante la opresión, sumisa, como muertos vivientes. Me da mucha pena ya que cada vez que echo una mirada hacia el futuro, y veo a un pueblo desganado, aceptando limosnas y dominados por esas migajas. Contemplo a personas huérfanas de planes, de futuro; preñadas de una enorme haraganería podrida. ¿Cómo es posible que un pueblo entero de más de 30 millones de habitantes, se deje dominar de esa manera por unos pocos pendejos? Carajo, tengan las bolas bien puestas caramba. ¿Qué vaina es esa? No, no lo puedo creer.Son los ciudadanos de mi patria, quienes se miran como sonámbulos mojigatos, caminando con la esperanza de que les regalen una dádiva, para poder llevarles un pedazo de pan tieso a sus hijos. No, me niego a aceptar esa vaina. Yo no fui ningún santo, pero los cojones los tuve bien puestos. A mí me fuñeron bastante, me corrieron de mi pueblo y aun así, les di la lucha y vencí, vaya que vencí. El malnacido dictadorcillo de la Isla, quiso comprar mi conciencia al igual que el petulante de las chapas incontables. Como no lo lograron, quisieron matarme. Y por poco ese desgraciado no me echó esa vaina.Hizo colocar hasta una bomba, la cual mató gente inocente. Yo salí todo quemado, pero afortunadamente con vida. Vinieron mercenarios a la patria de los libertadores para acabar conmigo, y con la paz. Les dimos guerra, defendimos el honor. No nos dejamos mancillar, como si lo harán con ustedes si no hacen nada por evitarlo. Nosotros sí que tuvimos contratiempos, y más allá o más acá, llevamos al país por el sendero de la paz y del progreso. Y los que llegaron después, con sus errores que fueron muchos, y también con sus aciertos, los cuales no podrían nunca negarse;también lucharon por esta bendita democracia. Me niego a creer que vaya a existir tanta apatía. No permitan que ese desgraciado llegue al poder. No crean en su labia maldita. No dejen que los atrape con sus ideales de socialista, de bienestar para el pueblo.Que no los cofunda con eso de que es malo ser rico; si esa plasta de mierda se va a robar un dineral y su familia, si ustedes no hacen nada por evitarlo, vivirá como reyes con el dinero robado por ese demonio. Y ni Dios permita que llegue ese heredero ignorante, mal hablado y miserable, el mismo que no quiso ni a su propia madre. Dios los libere a todos ustedes de semejante castigo; pero sobre todo, libérense ustedes mismos. No permitan que esa gente llegue al poder porque lo van a lamentar. ¡Luchen carajo, luchen! No se queden con las manos cruzadas, esperando que esos desgraciados hagan realidad esa sarta de mentiras. Nunca cumplirán sus promesas, porque ellos no sirven ni para eso. Les pintarán pajarillos preñados, y después los van a mandar a la mierda, se los aseguro. Serán unos desgraciados inmorales, quienes hablaran de paz y amor. Serán unos despiadados que, secundados miserablemente por sus matones, asesinaran a quienes se les ocurra no pensar como ellos. Peleen por lo que tanta sangre, sudor y lágrimas costó. No permitan que el libertador se arrepienta de haber batallado tanto por nosotros. Pa’lante muchacho, siempre pa’lante”.           Cuando terminó su parlamento se quedó mirándome, a diferencia que la vez anterior, en la cual, tan pronto dijo lo que tenía que decir, se esfumó tan rápido como se había hecho sentir. Sabía perfectamente que quería formularle una serie de preguntas, estaba preparado para contestarlas. Ambos sabíamos que para eso había llegado aquella noche. “Señor, ¿es cierto todo eso que dicen de usted? Fue mi pregunta. Una pregunta que ninguno de los dos esperaba; pero que evidentemente, exigía una respuesta convincente. “¿Y que, según tú muchacho, es lo que dicen de mí?”Al resultar ser yo el interrogado, no supe que contestar. Comprobé entonces que hice una pregunta que no debí haber formulado. “Que mató mucha gente”. Tras mi respuesta, se quedó mirándome fijamente por largo rato nuevamente, como meditando la respuesta que me dirigiría. Aquel largo silencio me intimidó de manera colosal, tanto; que quise retirarme de aquel sitio, al cual sentí atiborrado de un profundo misterio. Era su mirada desafiante. Tal vez le molestó sobremanera mi frase, acusadora por demás. Cuando menos lo esperaba, espetó una respuesta excesivamente precisa: “Si, si lo hice”. Volvió a hacer una larga pausa. Me miró fijamente, y continuó su respuesta. “Durante mi mandato, se llevaron a cabo muchas maquinaciones sediciosas que,afortunadamente y gracias a la oportuna intervención de las fuerzas leales, se lograronfrustrar antes de su estallido. Fueron alzamientos militares algunos, intervención de la guerrilla otros, y hasta participación de la delincuencia común como se le dice hoy en día. Todo ello reveló la obstinación de quienes continuabanfundamentando la fuerza, como medio para el logro de sus oscuros propósitos.Esa “cuerda de locos”, halló una oposición infranqueable para sus propósitos, en la necesariadisposición de mi gobierno de no dejarse derrotar;de la misma forma como en la cualidad institucional de las Fuerzas Armadas.Aquellos ataques protagonizados durante mi administración por seres desadaptados o ambiciosos, resultaron en su totalidaddominados en poco tiempo, por un ejército leal. Eran otros tiempos muchacho. Los soldados contaban en ese entonces con la total confianza del país; se les admiraba y respetaba. Contrario a lo que será en un futuro próximo, que sufrirán el desprecio del pueblo. El ejército en el pasado fue el orgullo de todos. Nuncafue utilizado para maltratar a los ciudadanos de bien, tal como se hace hoy en día y se hará continuará haciendo, cada vez con más saña. Hubo un sector del país que se apartó de la constitucionalidad, convirtiéndose en un foco subversivo que se alió con un gobierno dictatorial, con la finalidad de destruir nuestra sagrada democracia. Tuve que enfrentarlos, ya que nunca quisieron entrar en razón. Que sea la historia quien me juzgue amigo. De lo que si estoy seguro, fue que nunca se derramó sangre inocente durante mi gobierno”. Aquellas expresiones me hicieron reflexionar de inmediato. Mi interlocutor, en virtud de que mi silencio se había encargado de dar por finalizada la conversación; desapareció lentamente. Se fue marchando tan despacio, que sentí su mirada escrutadora en cada uno de mis sentidos mientras se marchaba, como evaluando dentro de mí, alguna táctica que todavía no nacía, puesto que él estaba convencido de que aún no llegaba el momento. Sus sabias palabras habían dejado entredicho, lo que vendría tras la entrada en escena del pérfido personaje. Estaba consciente de que no iba a resultar fácil convencer a medio mundo de la desgracia que se avecinaba, que tal desgracia será el resultado de la maldad de aquel hombre. A mis 28 años, sentía que tenía aún un largo camino que recorrer, y seguro estaba que tendría que prepararme para ello. Quise superarmepor mi hijo,por el resto de mi familia y por mi futuro. En ese futuro en el cual visionaba un hogar feliz, al lado de una bella familia; al lado de Francelina, mi verdadero y único amor. Mientras tanto, el país continuaba sumergiéndose en el fango de una decrepitud gubernamental. Se incrementaban las estadísticas de enfermedades prevenibles, el dengue y el cólera, ya erradicados, entraron nuevamente en escena. Aumentaban día a día las cifras de desempleo.Se agrandaba el índice de pobreza, dado el elevado costo de la vida. La denominada clase media resultó defenestrada, puesto que sus ingresos se vieron mermados,forzados por la infausta situación económica. A eso le seguía una larga cadena de pesares que, sin poder evitarlo, tuvo que soportar el pueblo. De allí se aferraba el maligno, ese habíasido su plan; seguir dando sus pasos en toda la República,con la única y ansiada intención de lograr sus propósitos diabólicos. Que odiaran a los gobernantes de otrora, y que a él lo adoraran, lo idolatraran. Quería realizar un viejo sueño, ser el máximo líder de la patria grande. El hombre junto a su malvado séquito, se dedicó a recorrer el país por completo. Aprovechó que el viento estaba a su favor para elevar sus velas. Nodejaron de visitar a ninguna ciudad, pueblo, campamento, pueblo indígena o barrio. Iban de pueblo en pueblo con la bandera de un mejor futuro para todos. En cada sitio, se formaba una fiesta para celebrar la presencia de tan insignes personalidades. Lo esperaban con vítores, como se hace con un héroe, puesto que para todos lo era. Las masas lo adoraban. Lo veneraban por lo que consideraban que representaba. Había calado tanto su palabrerío, que nadie pensaba de él que era un mortal como cualquier otro, propenso a cometer errores. En cada rincón del país fueron vertiendo nuevamente sus venenosas promesas de una mejor vida. Cada vez que se hacía sentir con sus ofrecimientos ilusorios, el presidente cometía un nuevo desatino. Estaban sincronizados y nadie se daba cuenta; bueno, casi nadie. Aquel idilio desenfrenado con quien era considerado un dios, llevó a un pueblo a ser partícipe de su propia destrucción. Había que esperar el chaparrón, puesto que se miraba el tiempo de lluvia; como decían comúnmente la gente de mi pueblo. Mientras tanto, yo no podía hacer otra cosa más que esperar que se presentaran los nuevos acontecimientos, para actuar en consecuencia. Eso fue lo que me aconsejó el novelista, cierta noche antes de despedirse de mí, en un encuentro literario que tuvimos.Primeramente pensé en ampliar mis conocimientos, y dirigí mi mirada hacia la universidad. La profesionalización fue mi meta más cercana, con ella garantizaría de ser posible, una mejor calidad de vida. Quería por sobre todas las cosas, formar una familia. Mientras mi momento llegaba, pretendía surgir, salir adelante trabajando; pues no conocía otra forma de hacerlo. Deseaba por sobre todas las cosas, ser feliz. Francelina, mi gran amor, estaba definitivamente en nuestro camino.                       El tiempo transcurría indetenible. Mi vida resultaba algo monótona, viviendo una rutina que no estaba en concordancia con mi temperamento. Tampoco me iba mal del todo, ya que el ejercicio de mi profesión me proporcionaba lo necesario, para criar a mi hijo decentemente, para satisfacer mis necesidades y para ayudar evidentemente con los gastos de mi hogar. Mi padre continuaba trabajando, y entre los dos aportábamos los recursos necesarios para mantenernos. Roger estaba muy enfermo. Su quebrantamiento era cada vez más notorio, ya que la naturaleza de su maligno mal, lo sumergía en un pozo de complicaciones de manera inclemente. Infecciones oportunistastales como: neumonías recurrentes, dolorosas otitis e infecciones urinarias, se albergaban en él, y en varias ocasiones ameritó ser internado para combatirlas.Su cuerpo se había transformado notoriamente con el transcurrir de los años, dado quesu esqueleto lucía deformado, característica común de ese tipo de enfermedad. De aquel hombre alto y fornido; sólo quedaba un pequeño ser de poco más de un metro cincuenta, con una escoliosis pronunciada. Además de ello, mantenía permanentemente unos fortísimos dolores osteomusculares,los cuales yo trataba de minimizar aplicándole potentes analgésicos. Traté (y sé que pude hacerlo) de ayudarlo en ese difícil trance. Quise apoyarlo en todo lo que estuviera a mi alcance, para que por lo menos durmiera cómodamente, e ingiriera sus alimentos las pocas veces que las náuseas se lo permitían.En fin, mi pobre hermano estaba sufriendo los embates rigurosos de esa malignidad. Había pensado residenciarme en la capital, donde las ofertas de trabajo eran mejores. Esa fue una sugerencia de una colega que me había ofrecido su mano amiga, con el fin de encontrar un empleo que fuese bien remunerado; pero no quise alejarme de Alberto, además de que consideré que estando Roger en esas condiciones, necesitaba más que nunca de mi apoyo. Estando cerca de él, y gracias a mi profesión, podía ayudarlo, al mismo tiempo que minimizaba el sufrimiento de mi madre; que ya bastante había sufrido con la partida de Zaidita. Ver a su hijo sufrir de esa manera tan intensa le
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