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mecías. Imitará, gracias a una transfiguración pervertida que lo hace sentirse el padre de la patria, los pasos seguidos por éste. Citará sus pensamientos. No habrá un instante en que de su boca no salgan exaltaciones a nuestro libertador, que el pueblo percibirá como suyas propias. Lo creerán un segundo libertador. Habrá quien lo comparé hasta con nuestro creador. Todo eso hará el diablo para ganar adeptos. Cuida de que eso no suceda. No será tarea de un solo hombre, ni de un solo día. Tal vez no lo logres aún; pero tienes que crear un precedente, dar el primer paso. Muchos te seguirán. Tendrás que hacerles entender que todo fue una falsa. Tienes que pensar en el futuro del país. Mucha gente te va a escuchar. Muchos te seguirán. Pero la gran mayoría detestarán tus palabras, te considerarán un traidor ante sus ojos. ¡Ah!, gracias por haber leído todos mis libros. Si te lo propones, puedes llegar a ser un buen escritor. Si le pones corazón, además de mucho esfuerzo,estoy seguro que si. Tienes madera muchacho”. Desapareció tiernamente, adoptando aquella posición que quedaría inmortalizada para siempre en mis recuerdos; mirando levemente hacia arriba, con su semblantecircunspecto. Me quedé pensativo, tal como me pasaba cada vez que sucedían aquellas visitas. Esa vez, doblemente embargado de una incomparable sensación que hoy en día, me atrevería a describir como de alegría y temor. Evidentemente que de júbilo, debido a lo grandioso de aquella presencia, por demás soñada desde siempre; puesto que él era mi más admirado escritor de todos los tiempos, no solamente por ser coterráneo, sino por qué sus letras resaltaron por siempre nuestras costumbres; describieron fehacientemente nuestros paisajes, retrataron como nunca lo ha hecho nadie, nuestra identidad nacional. Estoy completamente seguro, después de haber leido y releído cada una de sus obras; que si el novelista no fue honrado con el premio Nobel de literatura, fue por factores que nada tuvieron que ver con su prolífera obra. Estoy plenamente convencido que fueron determinantes, los factores políticos y económicos que resultaron del mezquino golpe de Estado, que impidió que materializara su período presidencial. Méritos tuvo de sobra. Pero gracias a su sencillez, a su carisma y a una inmensa personalidad, el hecho de no haberle sido conferido tal galardón,no significó nunca un desacierto para él. Todo lo contrario, siguió aportando como si nada a la humanidad, toda su bella y extensa creación literaria. Nunca dejaré de admirar a nuestro insigne novelista. Honor a quien honor merece. Por otra parte, también sentí aquella horrible sensación de temor, de incertidumbre, de miedo.Si, de mucho miedo por todo aquello que había estado sucediendo en mi país y que, sin lugar a dudas, lo había percibido durante todo aquel revuelo de situaciones llegadas desde el pasado.Y por más disparatado que suene, desde un futuro que cada vez se estaba tornando más claro. En cada rincón del país se dibujaba una cruel verdad. Aquel hombre que se había rendido cobardemente frente al mundo entero que lo contemplaba a través de las cámaras, se cernía cada vez con más fuerzas sobre todos nosotros. Y sus terribles actuaciones, que parecerán obras de caridad, llevarán ala país entero a la desgracia total. Por lo pronto, me quedé en solitario, hojeando un libro sin leer sus líneas, pensando seriamente en lo confuso que estaba y en lo que se me había encomendado.No sabía por donde comenzar. Ya el novelista me había dicho que él saldría pronto de aquella cárcel donde disfrutaba de mil privilegios; pero,¿cómo podría ser eso cierto si, por lo que había leído y escuchado de los versados en el tema, a quienes había consultado como quien no quiere la cosa; apenas estaba comenzando su pena?           Ya en todos los rincones de mi patria, retumbaba todo aquello que él se había encargado de hacerles creer; sus ideales. Ya la gente lo idealizaba, lo sentía el héroe de todo un país; la esperanza de todo un pueblo. Cada vez, se congregaban las masas frente a lo que fuere, solicitando su libertad, la cual le había sido despojada injustamente a un hombre probo.Quien, según ellos, se había sacrificado sin pedir nada a cambio, por toda una nación. Ya se comercializaba como pan caliente, como recordatorio sagrado (dibujado en lo que fuere)elperfil del soldado, la gorra roja, los pabellones de la bandera, lacatadura del cabecilla.Comenzaban a cantar el himno nacional, cada vez que se sentían oprimidos, ya que se les había inculcado el sonoro reclamo que en él se escudaba. Ya no significaba lo que desde niño nos habían enseñado en el colegio, sino que era una mera canción de guerra, sinónimo de aversión al opresor. El nombre del libertador se escribía en cuanta pared encontraban a su paso. El padre de la patria al parecer, se había enquistado en aquel hombre. Daba pues la impresión, y así lo creían muchos, que aquel sufrido soldado, era una especie de reencarnación. Era toda una locura lo que se sentía hasta en el rincón más distante de nuestra geografía nacional. Surgieron unos héroes que poco habían sido tomados en cuenta más, que para recordar sus fechas de nacimientos; y otras figuras icónicas de nuestra historia, trataron de ser desterradas dadauna gran animadversión inexplicable. Aquellos héroes, quienes según cuenta la historia, directa o indirectamente tuvieron una que otra contrariedad con el padre de la patria; fueron desestimados de la peor manera. Hasta quisieron arrojar sus restos de donde dormían el sueño eterno. Ya eso se sentía en todo el país,a pesar de que el hombre aún permanecía pagando condena, “por ahora”. Era sencillamente, una verdadera locura lo que se vivía eufóricamente en toda la patria grande.Se escuchaban hasta más no poder, las canciones de protestas de un cantante ya fallecido,el cual en el pasado, sóloera escuchado por un pequeño grupo de seguidores. Desde ese entonces, significaban sus temas, un grito de guerra.           En ese entonces, me reunía semanalmente con mis amigos y futuros compañeros de ideales y de luchas. Las reuniones las llevábamos a cabo en sitios alternos.Unas veces en mi casa, otras en la de alguna de ellos; pero la mayoría de las veces, lo hacíamos en un local donde departíamos de lo bueno, toda vez que salían a relucir las más diversas propuestas en torno al tema que verdaderamente nos preocupaba demasiado. Aquella noche, precisamente durante la celebración del cumpleaños de Goyo,el cual decidimos celebrar en nuestro acostumbrado sitio, ya que por estar de duelo, prefirió compartir en lugar de estar con su familia; sucedió un percance que con el tiempo, resultó victorioso; tal como pasó con el sedicioso cabecilla del alzamiento maldito. Estábamos en pleno apogeo, como decimos en nuestra patria, sin llegar a molestara nadie por supuesto; debatiendo animadamente. Cuando lo consideré oportuno, en medio de la algarabía, de las anécdotas y los chistes; le solté una especie de tobo frío a mis compañeros. No dije más, que lo que ellos entendieron como una premonición. Decirles que me lo había contado el fantasma del ex presidente escritor, hubiese sido tomado como una broma. Se rieron de lo que creyeron un invento, para tratar de gastarles una broma tal vez.Insistí en que todo lo que les había contado en torno a lo que nos deparaba el futuro, se iba a transformar en una cruel realidad.Precisamente cuando repetí aquello, Goyo en voz alta expresó: “Que va a estar saliendo ese loco. Ese maldito golpista de va a pudrir en la cárcel”.     No nos habíamos percatado que en la mesa contigua, varias personas nos escuchaban en silencio, dirigiendo hacia nosotros miradas escrutadoras, desafiantes; además que de vez en cuando, comentaban a manera de susurro algo imperceptible. Goyo alzó la voz una vez más, maldiciendo enormemente a quien consideraba un golpista asesino. Tal vez tenía razón, no había porque dudarlo. Pero aquellas personas no lo entendían de esa manera, todo lo contrario, sintieron ofensivas esas palabras altisonantes pronunciadas por nuestro amigo. Fue en ese momento de intensa excitación, cuando aquellas personas se nos abalanzaron. Primero hicieron un reclamo, mejor dicho; una advertencia. Goyo se burló de sus palabras, dado su ya evidente estado de ebriedad. La emprendieron violentamente sobre él. De esa forma se inició una riña.Goyo resultó herido. Alguien le había asestado una herida en un costado. Eran seis en total contra nosotros cuatro. Además de que el ataque nos tomó por sorpresa, ellos portaban, como los delincuentes que eran; sendas navajas, las cuales utilizaron en ese momento como armas blancas. No conformes con eso, mientras envestían como fieras contra nosotros, vociferaban maldiciones, por el hecho de que Goyo se había referido de esa manera a su ídolo. Entonces, cuando muchos de los presentes aprovechaban la trifulca para evadir el pago de sus compromisos, otros se unieron al ataque arremetiendo a puntapiés contra quienes intentábamos ayudar a nuestro amigo que prácticamente se estaba desangrando. Nos negaron ayuda, no intentaron evitar más ataques, todo lo contrario; le prohibieron a un buen ciudadano que nos ayudara a sacarlo de allí para trasladarlo a un centro asistencial, ya que ninguno de nosotros poseía automóvil. Rogamos por ayuda, pero todos parecían sordos ante nuestros ruegos. Sólo se contemplaba odio en sus miradas. Les habían inoculado un veneno, sembrado un rencor infundado. Lo que si sucedió, fue que llegó una unidad policial. Por lo menos trasladaron al herido hasta un centro asistencial. A nosotros nos llevaron a la comandancia. Estando allí nos comunicaron que habían recibido una denuncia. En dicha denuncia especificaban que nosotros, armados hasta los dientes, habíamos protagonizado una riña colectiva. Además de ello, dicha denuncia hacía entender que quienes nos habían agredido, sólo lo hicieron, para defenderse de lo que consideraron un ataque desproporcionado. No se de donde sacaron que llevábamos armas. En ese entonces, aún se mantenía el anterior sistema penal basado en un código de por sí inquisidor. Fueron entonces aquellos funcionarios policiales, quienes cumpliendo órdenes precisas, habían armado todo aquel espectáculo dantesco para incriminarnos. Todos estábamos hechos unos verdaderos guiñapos. Continuaron llegando detenidos. Cuando ya no cabía un alma en aquella celda hedionda a mierda hasta más no poder, se presentó un oficial y nos gritó sin vergüenza alguna: “Sigan hablando guebonadas de nuestro comandante, de nuestro héroe; del futuro presidente. Eso es para que no sean pendejos y aprendan a respetar”.Todos los que allí nos encontrábamos, de una forma o de otra, no estábamos de acuerdo con la maldita plaga que devoraría, tal como ya se presagiaba, a nuestro país. En ese momento recordé todo lo que me habían dicho aquellas apariciones, y todo lo que había percibido en mi extraño sueño. Todo lo dicho era cierto. Eso me aterró en extremo, puesto que desde ya se comenzaba a sentir una brutal represión. Nos habían privado de la libertad, sólo por pensar diferente. Aún el hombre estaba preso, y ya arremetían de manera brutal, contra quienesadversáramos sus ideales. No quise imaginar en ese momento, lo que iba a ocurrir más adelante; cuando el futuro tirano saliera en libertad. Pasamos una noche espantosa. Se trataba de un lugar asqueroso, y demasiado reducido para la gran cantidad de personas que permanecíamos allí. Literalmente  estábamos tan pegados, que nos era casi que imposible movernos. Fue una experiencia horrible. A pesar de todo, quise darme ánimo. En un rincón, escuchando la respiración de quien permanecía a mi lado, como si se tratara de mi propia respiración, me dije que  las experiencias siempre son aleccionadoras. Al no tener más alternativas que respirar el aire rancio y hediondo, contentivo de nuestros propios olores, comenzamos a darnos ánimo entre los allí presentes; compañeros de infortunios y evidentemente, partidarios de un mismo pensamiento. Eso me hizo recordar lo dicho por mi admirado novelista hacía poco tiempo. Él sabiamente,y supongo que por estar ataviado del poder que ostentaba al estar en otro plano, sabía que todo eso ocurriría; me había afirmado que varias personas se unirían a mí. Usé unas estrategias aprendidas mediante los análisis que hice, de las sabias palabras de aquellos espíritus que se habían presentado ante mí.A partir de ese momento dejé de dudar de ellos. Confieso que no estaba cien por ciento seguro de todo lo que me estaba pasando. Comencé a creer, cuando mi comadre María me confesó que ella también había percibido algo, y también cuando presenció junto a mí, aquel momento inolvidable. Del mismo modo, cuando mi madre me dijo que ella lo sabía todo. Desde ese momento, cuando contemplé a aquel grupo de personas mirarme con atención, toda vez que escuchaban en silencio mis ideas libertarias; comprendí que ciertamente era yo el elegido para una misión salvadora. Al amanecer,nos dijeron amablemente, que tendríamos que permanecer tres días encerrados por alterar el orden público, tal como lo establecía la ley en ese entonces. Pero después que se marcharon unas personas, quienes habían ido a constatar nuestro estado de salud, y que habían mirado para otro lado ante nuestras ropas ensangrentadas; nos gritaron toda suerte de improperios,debido a nuestras diferencias con el modo de pensar que exaltaba la figura de “el líder”, tal como comenzó a decírsele a aquel demonio en todo el territorio nacional. Se burlaban de nosotros llamándonos traidores, vendidos, fascistas y un gran etcétera. Cuando me pasó la euforia de saber que lideraba un buen número de simpatizantes, quienes comulgaban con mis ideas; reparé que en mi casa tendrían que estar sumamente preocupados por mí. Era raro que no llegara a dormir a casa. Las poquísimas veces, que por alguna razón justificada lo había hecho, siempre se lo comunicaba a mi madre; precisamente para evitar que ella se preocupara, como en efecto estaba ocurriendo. Afortunadamente Zenoncito tenía muchos conocidos, y alguien le había comunicado lo acontecido. Él y mi madre se apersonaron en la sede del cuerpo policial con la intención de tener noticias a cerca de mí. Ella, llorando como  nunca, esperaba respuestas a sus preguntas; cosa que evidentemente nunca ocurriría. Los agentes policiales evidentemente, explicaron las cosas a su manera. Para ellos, nosotros no éramos más que unos vulgares malandros. Unos pendencieros malolientes, que habíamos alterado la paz ciudadana. Mamá por supuesto, no creyó nada de aquellas sandeces. Ella sabía que todo aquello tenía que ocurrir, por ello su preocupación era mayor. Se negaron a que nos comunicáramos con  nuestros familiares, cosa contraria a todo sentido común. Cuando alguien del grupo, Manuel supe después que se llamaba, reclamó tal atropello, la emprendieron contra él, con golpes de puños y patadas. Trataron de amedrentarnos con sus violentos ataques y sus palabras desdeñosas. Pero contrario a eso, nos dieron las fuerzas necesarias para que años después, unidos a otros conciudadanos de todo el país, formáramos una alianza opositora sin precedentes en la región. Cuando ya pasábamos nuestro segundo día incomunicados, sin comer, sin beber y respirando aquella extrema hediondez; escuchamos una gran algarabía. Vítores y aplausos, además de muchas carcajadas se hicieron sentir. Nos mirábamos extrañados, ya que por lo general, lo que se escuchaba en esos sitios eran gritos de dolor, quejas y maldiciones contra los malos tratos. No entendíamos lo que estaba sucediendo.Más tarde, comprendimos la causa de toda aquella barahúnda. El anciano presidente había dejado en libertad, a quien con sus malditos actos,destruirá por completo las esperanzas de todo un pueblo. Estaba en libertad quien, bajo el peor de los engaños,entregará nuestras riquezas a sus amigos, sumergiéndonos en la peor de las pobrezas vividas por pueblo alguno. Desafortunadamente, yo sabía que lo peor que tendría que suceder no era eso.Lo había visualizado en mi sueño. En él, lo más execrable que llegaría con el paso de los años, según lo expresado por las distintas apariciones que se habían presentado ante mí, era aquel lastimoso adoctrinamiento al que sería sometido el pueblo. La total entrega del mismo a todas aquellas ideas. La extrema sumisión ante un poder totalitario. Eso será lo peor. De ello había sido yo advertido. A eso era lo que temía. Por ello, mi abuelo, las personas del día a día del pasado y del futuro, y hasta una presencia ulterior de mí; quisieron advertirme del acecho de ese ser despreciable y de sus malditas intenciones, para que tratara de hacer algo,con la firme finalidad de evitar precisamente esa tragedia que desde ya se iniciaba. Pude advertir entonces, que la salida de aquel personaje de su merecido encierro, era la génesis de una hecatombe. Pero aquella presencia infernal de la que fui advertido, daba cuenta inequívoca de que no sería sólo una batalla la que teníamos que librar, por equiparar nuestra resistencia con la gesta independentista. Se extendería en el tiempo, aquella tenaz lucha por querer evitar el sufrimiento de mi gente. Existía desde ese preciso instante, y lo había comprobado por desgracia con aquella arbitrariedad que sufrimos mis amigos y yo, además de aquellas quince personas que también resultaron sometidos a un vejamen de proporciones colosales; una enorme oposición a mis salvadoras intenciones. Se trataba de una ciclópea fuerza con la que tendríamos que enfrentarnos, quienes nos ubicábamos de éste lado de la lucha. Y ese enfrentamiento no seríausual.No se tratará de pelear contra un enemigo; se tratará del mismo pueblo al que habría que desafiar, al que trataríamos de convencer de sus errores. Ese mismo pueblo, al que queríamos salvar de aquellas garras malditas. Obviamente que no sería nada fácil.           Unos pocos parientesme visitaron tras saber lo ocurrido. Del mismo modo, fui duramente criticado, y pesaron sobre mi reputación, las ignominiosas expresiones de muchos vecinos, y hasta de muchas personas que hasta ese momento, consideré mis amigos. En casa, mi padre estaba sumamente molesto. Mis hermanos escucharon en silencio, cuando narré cada uno de los sucesos; mientras mi niño se aferraba a mí embriagándome con todo su amor y por supuesto, recibiendo el mío que surgía como una fuente indomable.Pude notar en sus rostros, una especie de incredulidad. No intenté siquiera convencerlos de algo que estaba seguro, no iban a creer, esa fue mi egoísta posición. Mi madre era la única que me entendía y evidentemente; creía ciegamente en mis alegatos que, dicho sea de paso, ya sabía que ocurriría, sólo que no se imaginó que iba a ser tan pronto y que hasta correría peligro mi vida. Sentía mucho miedo mi querida madre. Pudieron haberme matado aquellos desadaptados, quienes se habían sentido ofendidos por las palabras altisonantes de Goyo. Además, ella pensaba que no iba a ser esa la última vez que me enfrentaría ante la adversidad. Rogaba a Dios a cada instante, que me protegiera. Eso me lo dijo en su lecho de muerte. Mi novia, por su parte, en ese entonces se encontraba en otra ciudad, metida de lleno en sus estudios. Me llamaba cada día. No quise que se enterara de lo que me estaba sucediendo, ya que de lo contrario lo hubiera dejado todo a mitad de un camino. Sabía que era capaz de viajar y eso hubiera sido totalmente contraproducente. Iba muy bien en sus estudios como para estar arriesgándolos. No me creí con derecho a perturbarla de esa manera. Tanto la amaba, que no quise que sufriera.           El decrépito gobernante continuaba empeñado en lanzar al país, por un despeñadero nunca antes visto. En primer lugar, la quiebra de muchas entidades financieras estaba sumergiendo cada día más al país; en aquel increíble foso del fracaso. La inflación devoraba los pocos ingresos que se podía tener. Miles de comerciantes se habían declarado en quiebra tras perder sus ahorros, y hasta se habían suscitadomuchos suicidios, al no poder muchos acreedores, cumplir con sus compromisos; además de sentir los pasos agigantados de sus deudores tras de sí. Se trató de una locura colectiva lo vividopor mi pueblo. Nadie estaba exento de aquella tragedia, puesto que fue una especie de reacción en cadena la que se produjo trasaquel debacle financiero. Siempre había sido una costumbre muy arraigada, mantener ahorrados unos “churupos” para lo que se pudiera ofrecer; para estar prevenido ante una adversidad, o simplemente para que “engordaran”, como decían en mi pueblo al hecho de ganar intereses. Se robaron definitivamente, los ahorros del pueblo. Se trató de una estrategia; carne de cañón para aumentar una popularidad que urgía. Seguía la gente maldiciendo al sistema político imperante, al cual creían desterrado;gracias al castigo impuesto al gobernante anterior. La dificultad bancaria ofreció el pretexto perfecto para instaurar un control de cambio, y suspender las garantías constitucionales; decisión que no fue bien vista por la mayoría de la población. Hubo una batalla campal entre diversos factores de la vida civil, y el gobierno. Se interpusieron demandas tanto civiles como penales. Y hasta  al Congreso fue solicitada una interpelación que nunca fue hecha. Nadie hizo nada. Como un gesto lastimero, se creó una institución emergente, la cual daría respuesta al pueblo. Poco a poco fueron regresando el dinero. Moneda a moneda. Cuando algunos pudieron contar nuevamente con sus ahorros, ya la inflación había hecho mella de los mismos. El anciano gobernante se empecinaba en seguir por un despeñadero que a nadie beneficiaba, salvo a quien ya estaba en la calle, saboreando las mieles de un éxito que a él sólo le había costado dos palabras; y al pueblo mucha sangre, además de la desgracia que se avecinaba.El veterano intelectual que había sido utilizado, como un mal necesario para las oscuras intenciones del demonio, no hizo nada de lo que había ofrecido en una alocución antes de tomar el mando; todo lo contrario, emuló aquel detestable paquete de medidas económicas, que el presidente sacado a empujones de sus actividades había decidido, y que había suscitado una implosión social sin precedentes.Con sobrada razón aquellos ineptos decían a manera de guasones:“estamos mal, pero vamos bien”. Mientras el anciano continuaba un tortuoso camino, dejando sin líneas aéreas al país, pues decidió liquidar las dos principales empresas del ramo. Además de ello, tomó una serie de medidas alocadas, que agravaron la ya paupérrima situación del país.Aumentó el precio del combustible, con el consabido desajuste que ello conllevó; vendió los pocos centros financieros que quedaban en pie;premió a un ladrón de ahorros colocándolo frente a una prestigiosa empresa del Estado;privatizó todo a su paso, y para colmo de males; decidió crear un impuesto perverso, que se agregó a los ya existentes. Fueron tantos los gravámenes a los que fue sometido el pueblo, que hasta para entrar al banco había que pagar un impuesto. Le cobraban a la ciudadanía hasta por respirar el aire que nos ofrecía papá Dios. Mientras esto ocurría, la gente clamaba de rodillas, por la llegada del mecías. Esperaban por quién pondría fin a todos aquellos males; y éste precisamente acababa de salir, y se ufanaba vociferando que a él no le habían dado ningún indulto, puesto que nada malo había hecho. Achacó su salida de prisión, a la justicia divina. De hecho, en la oportunidad indicada, el presidente, sin chistar;había cumplió con su promesa,concederles la libertad a todos los militares presos. El vilser había repudiado el indulto, e insistía en la estampa del sobreseimiento. Además de su petición, como si de un héroe se tratara, exigió que se le denominararevolucionario en lugar de golpista, cosa que se le concedió de inmediato. Poco le faltó al maleable gobernante para decir:“Sus deseos son órdenes mi amo”.Todos quienes habían resultado atrapados en sus redes macabras, se sumían ante sus pasos. El país por completo se transformó en un circo, ya que tan pronto aquel tipejo pisó la calle, comenzó una prematura y poco disimulada campaña presidencial.           Ya en la calle, lo estaba esperando un prestigioso periodista. El mismo que había utilizado las más diversas triquiñuelas, burlando una supuesta vigilancia carcelaria; para entregarle un equipo de telefonía al sedicioso con la oscura intención de entrevistarlo a través del mismo. Lo hizo. El resultado de su atrevimiento fue un gran “tubazo”, que le mereció la envidia de sus colegas. El comunicador social, gran amigo suyo, lo estaba esperando. Almorzaron juntos, charlaron de forma amena, como si no acabara de salir de prisión. Él hablaba y hablaba sin parar, pausado pero incansable. Mucha gente se agolpaba alrededor de aquel par. El sedicioso, al saberse observado, intensificaba sus expresiones; as cuales resultaban lastimeras. Sus largos silencios entre frases, denotaban un intenso dolor dentro de los más profundo de su ser. De esa manera, aquel hombre se hacía sentir sufrido, oprimido por un régimen perverso que lo castigaba, por la sana intención de lograr la equidad para un pueblo, quien estaba sufriendo los embates de una cruel realidad llegada de manos traidoras. Su único delito, decía con aquella voz quebrada que la ciudadanía recordaba, era haber querido realizar aquello que todos rememorará como un anuncio del cielo. El reportero, luego del almuerzo, lo escoltó hasta una televisora nacional de gran sintonía y ya en ella, le hizo una entrevista que recorrió el mundo entero. El público que sintonizaba el canal televisivo, tuvo que elevar el volumen del aparato al máximo, ya que era prácticamente imposible escuchar la voz lastimera y sufrida de aquel mártir. Pobrecito, decían quienes miraban aquel rostro compungido, poseído por un dolor sin parangón. En el estudio de la televisora, no se escuchaba ni la flatulencia de un mosquito, debido a que nadie se atrevía a respirar.Todos resultaronembargados de la lástima que emergía de aquel ser sufrido. No hubo un connacional que no llorara ese día al mirar al pobre hombre, sobre quien estaba cabalgando una honda pena. Fue en ese preciso momento, cuando toda la población comenzó a exteriorizar su apego y admiración hacia el padre de la patria. Ya el terrorista poseía desde que era apenas estudiante en la academia militar, ese trastorno particular de doble personalidad. Creyéndose el mismísimo héroe nacional, dictaba conferencias, ofrecía discursos universitario y, hasta emulando su nutrida labia, había atraído a sus primeros seguidores. Pero no fue hasta ese momento, precisamente delante de las cámaras, cuando todo el país comprendió que finalmente había llegado el elegido, quien salvaría a la patria.Sintieron que prácticamente estaban frente a quien habían considerado desde siempre, responsable de la emancipación de la nación y de muchas otras. Miraban a través de sus ojos, y escuchaban por medio de sus sabias y reflexionadas palabras, aun semidiós;enfundadode condicionesheroicas. Descubrían que había llegado, quien había sido esperado por siempre; la reencarnación del libertador. Un ser con untemperamento y unos tonelajes de concreción muy notables. Un hombredotadode una inteligencia sin igual, como de otro planeta.Al ser esa la primera impresión que de él tuvo la gran mayoría de la población, ya tenía gran parte de su proyecto concretado. El entrevistador le lanzaba “bombitas” como se dice en el argot beisbolístico, al momento de formularle las preguntas.Extrañamente ese insigne periodista, varias veces candidato presidencial y que formaría posteriormente, parte imprescindible de su equipo de trabajo; fue quien había denunciado ante el máximo tribunal del país, al ex presidente; quien finalmente terminó siendo desterrado de sus funciones. Extrañas coincidencias de la vida.  
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