Me dolía la cabeza de tanto pensar en las consecuencias que iba a tener por dejarme llevar por los sentimientos que tenía con Francisco y con la pena que sentía por Marty al mismo tiempo. No había sido demasiado franca con él y quería disculparme de la mejor manera. Y como era costumbre imaginar, nuevamente Francisco desapareció de la nada. Pasaba cada vez que teníamos algo más en nuestras vidas. Era horrible tener que pasar por la ansiedad o preocupación de no saber de su existencia o de si estaba bien en ese preciso momento. Francisco me hacía pasar un sabor amargo en la boca sin saber nada de él. Esa misma tarde, luego de no ver a Francisco por cinco días, Marty y yo salimos de paseo al parque de atracciones de Letcher. En aquel instante me fue extraño compartir algo con él, había si

