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Murdock estaba tan plenamente consciente que sabia que estaba durmiendo. “Murdock, despierta”. El oyó una voz de contralto, suave y clara llamándole. No podía ubicar la voz, pero era irresistible.
“Kevin Murdock¡, ¡despierta ¡”.
Cuando Murdock empezaba a despertarse, estaba confuso y sus pensamientos parecían lentos. ¿Dónde estaba? El lo intento, pero no pudo abrir los ojos, tenia los parpados quemados. Entonces intento levantar la mano para frotárselos, pero su brazo estaba inesperadamente débil y pesado.
La voz parecía estar en todas partes. El la escuchaba como si estuviera dentro de un c*****o. Sin golpeteos ni clics ni zumbidos. Se sentía encerrado en una manta que bloqueaba cualquier sonido extraño. Solo quedaba la voz. Pasados unos segundos, intento levantarse, a pesar de estar ciego y perdido.
Tuvo que realizar varios intentos antes de que pudiera levantarse y mantener el equilibrio. Se toco el pecho y sintió algo suave y pegajoso al tocar su piel. Deslizando la mano hasta el muslo se dio cuenta de que le llegaba hasta las piernas por lo menos.
“Don- “. Tenia la voz ronca. La garganta seca y rasposa. Con gran dificultad, consiguió tragar saliva. ¿Dónde estoy?, ¿Qué esta pasando? Dijo el con la voz ronca, mas para si mismo que para nadie en particular. A el, su voz le sonaba fina y débil.
“A tu derecha tienes un lavabo para lavarte la cara. Le dijo la voz que llenaba toda la habitación.
El llego tambaleándose hasta el lavabo y el agua empezó a salir. Murdock se llevo el agua a la cara con ayuda de las manos y empezó a lavarse la cara y los ojos. Se dio cuenta de que ahora tenia una barba muy larga. El paso los dedos entre los pelos, el cual era muy largo, mas largo del que el solía llevar. Se agarro al lavabo con ambas manos, bajo la cabeza y cerro los ojos tratando de organizar sus pensamientos. Consigo lubricarse la garganta haciendo un cuenco con las manos para poder llevarse el agua a la boca.
“A tu derecha hay una toalla”.
El estiro su mano derecha, localizando la toalla y empezó a secarse la cara. Su visión se fue aclarando lentamente.
“¿Quién eres tu?”. Preguntó Murdock. La voz le parecía ahora demasiado perfecta, demasiado mecánica.
“Mi denominación oficial es Capsula de transporte TP737-1, pero respondo a “nave” o “capsula”.
“¿Eres un ordenador?”.
No, soy un capsula de transporte, “Corrigió la voz”.
“¿Y que diferencia hay?”. No estoy de humor para discutir con un puto ordenador, pensó el.
Tenia el estomago vacío y necesitaba café imperiosamente. “¿Aquí se puede desayunar y tomar un café?”. Preguntó el.
“Cuando estés listo, la comida te estará esperando en el compartimento principal”.
Respondió la nave.
La visión de Murdock se estaba aclarando, y el pudo divisar un pobre compartimiento que parecía una mesa quirúrgica plana, con paneles de cristal colgando de debajo de la colchoneta. Mientras se alejaba del lavabo, este desapareció en la pared, al igual que el toallero una vez que el volvió a dejar la toalla.
El miro hacia abajo y se dio cuenta de que llevaba puesto un mono limpio, pero no tenia ni idea de que material estaría fabricado.
“Puedes encontrar tu ropa bajo el colchón. Pulsa con el pulgar el interruptor que se encuentra en la marco del colchón para abrir el contenedor de almacenamiento”.
Murdock obedeció, y se abrió un cajón justo bajo el colchón. En el, encontró su pantalón y camisa de ante precintados en plástico. Intentó averiguar como se desabrochaba el pijama, pero no pudo, así que se lo arrancó y empezó a vestirse.
Una vez vestido, miro a su alrededor y vio una entrada. Mientras se dirigía hacia ella, oyó un ligero susurro tras el. Cuando de giro la mesa quirúrgica había desaparecido y el compartimento estaba vacío.
A través de la entrada pudo ver una mesa pequeña y se dirigió lentamente hacia esta. Su comida apareció en un pequeño nicho en la pared, que era el dispensador de comida mientras el caminaba lentamente hacia la mesa. Se sentó en la silla, que era muy funcional, aunque incomoda.
El puso un tazón de copos de avena finos y un té algo débil de sabor encima de la mesa. Los copos de avena no tenían la pinta de ser ni substanciales, ni apetitosos, pero Murdock empezó a comer. Mientras comía, una pantalla cobró vida mostrando vistas del exterior mientras una voz masculina hablaba…
“Estas a bordo de una capsula de transporte que ha aterrizado en la superficie de un planeta del que nunca se marchara. Durante el viaje, entre ciento cincuenta años y trescientos cincuenta años has transcurrido en la superficie de nuestro planeta, aunque físicamente solo han transcurrido de dos a tres años para ti. Este capsula de transporte puede o no ser el primero, pero no es el único. Cada cinco años, otro capsula aterrizará en un radio de treinta y dos kilómetros de este. Con cada sucesivo capsula tu población se duplicará por diez.
“Las baterías de este capsula duraran trescientos sesenta y cinco días de veinticuatro horas- un año, como todos vosotros estáis acostumbrados, si tomáis medidas para preservar la energía en el almacenada y los paneles solares se mantienen limpios de polvo.
“No se te ha enviado aquí para morir, si no para sobrevivir, si puedes. Encontraras en los compartimentos accesibles desde el exterior, armas, herramientas y una limitada cantidad de comida.
“Tratar de volver a la tierra es una perdida de tiempo. Tu antiguo planeta ya no existe. Ahora es nuestro planeta. Tu planeta ahora es en el que te encuentras, si es que puedes dominarlo. Fuiste expulsado porque no eres compatible con nuestros requerimientos, pero una parte de tu progenie quizá pueda serlo. Buena suerte”.
La pantalla se oscureció.
Murdock se acababa de terminar su pobre desayuno, que resultó llenar más de lo que parecía, cuando oyó la puerta abrirse. Una mujer joven entró por la puerta con aspecto de demacrada y desorientada. El calculaba que tendría mas o menos su edad, quizás algo más joven. Tenia una buena constitución, tenia el pelo de color marrón claro y llevaba unos pantalones y una camisa de franela.
¿A dónde miras y quien coño eres tu? Pregunto ella con desdén con voz profunda y sensual.
“¿Qué quie…”? Murdock paró para aclararse la garganta. ¿Qué quieres decir? Pregunto el tranquilamente.
“Nunca he visto a nadie vestido así, excepto en las películas antiguas. Pareces salido de una película cutre de Daniel Boone”.
Murdock se puso rígido he intentó ignorar el comentario, Estaba acostumbrado a las reacciones de la gente cuando el llevaba puesta su ropa de piel de ante.
El se levantó de la silla. La mujer se sentó y empezó a comerse su comida. La pantalla de nuevo cobró vida, repitiendo el mensaje que Murdock acababa de oír. El dio un paseo examinando el compartimento, pero no pudo encontrar ni puerta ni ventana alguna que diera al exterior. Anhelaba salir al aire libre.
La pantalla paro y la mujer se levanto, parecía atontada y confusa. Entonces la puerta se abrió de nuevo, esta vez era un hombre de unos cuarenta años vestido con un traje de negocios. El hombre los ignoró, se sentó y comió. De nuevo el mensaje se reprodujo en la pantalla. Para ese momento Murdock ya se había dado cuenta de que se trataba de un mensaje genérico que usarían todos los capsulas.
Después de tres horas de dicha rutina, veinte personas, diez hombres y diez mujeres se apelotonaban en el pequeño compartimento. Murdock empezaba a sentir claustrofobia. Justo entonces un motor se encendió y se abrió una rampa. El olor a aire fresco y limpio del exterior le golpeó de lleno y Murdock lo respiro alegremente.
En el momento en el que se abrió la rampa, Murdock se encontraba tan lejos como se podía encontrar de la salida. Cuando todo el mundo se movió en masa hacia la rampa, su sentimiento de claustrofobia aumento- hasta que sus pies pisaron suelo virgen. Una vez se había librado de los demás el empezó caminar por la base del transporte.
Desde fuera, el capsula parecía mucho mas grande que desde dentro. Su forma plana y ovalada no le sorprendió ya desde dentro se podía intuir la forma de la nave. Mientras caminaba, Murdock tomaba buena nota de los alrededores. El transporte había aterrizado en el medio de un prado de hierba de unos cincuenta metros de ancho y cien de largo, aproximadamente. La tierra parecía fértil y exuberante, y hasta donde llegaba la vista no era pantanosa.
Al menos no era una tierra desértica, pensó. El oyó el agua correr, no muy lejos y abundantes arboles rodeaban el prado. La zona le recordaba al oeste de montana, el norte de Idaho o la cordillera de las cascadas en el estado de Washington. Los arboles consistían en coníferas, arces de roble, álamos y abedules. El se dio cuenta de que todo tenía una forma distinta de la que estaba acostumbrado- un color azulado en la vegetación que debería de ser verde- y ni una pequeña curiosa criatura fue a ver a los recién llegados.
Además. El no oía ningún insecto. Todo lo que podía oír era una suave brisa en los arboles y el agua correr, el se había desentendido del ruido que hacían los otros al hablar o al caminar observando los alrededores.
En su segunda vuelta alrededor del capsula de transporte, encontró el compartimento de almacenamiento y lo abrió. Si quieres que haga algo, hazlo tu mismo, pensó el, no esperes que lo hagan los demás. Empezó a sacar los objetos, dejándolos en el suelo mientras caían. Nadie se movió para ayudarle.
Mientras el daba vueltas alrededor del capsula, podía oír las conversaciones.
“No me creo nada de esto”. Estaba diciendo una de las mujeres.
“No lo se. Las cosas no son iguales a como yo las recuerdo”. Dijo uno de los hombres.
“Sabes lo caro que es transportar a toda esa gente que nos han dicho, estén aquí o allí? “Creo que es una farsa”. Dijo otro hombre.
“! Creo que nos están observando ¡”, dijo otra mujer chillando con un susurro.
Murdock se reía entre dientes. A el le daba igual si era una farsa o no. El quejarse o montar una teoría de la conspiración retorica era una perdida de tiempo y energía. Lo único que importaba era el aquí y el ahora…y sobrevivir.
A el lo estaban reviviendo como James Whittier, estaba soñando. Su padre, de nuevo, le estaba dando un sermón.
“La mayoría de la gente es vaga, esperan que alguien se haga responsable de sus necesidades, y pensaran que le están dando poder a aquel que les provee. Dijo su padre en su sueño.
El siempre seguía incesantemente, casi siempre, James quería estrangularlo hasta que se callara. Su padre había sido un político de éxito y le había sermoneado constantemente sobre lo que había aprendido, según sus palabras “a las malas”.
“Siempre que la gente piense que tu tienes las respuestas, harán lo que les digas. Continuaba su padre dentro de su cabeza. Pero tan pronto como pierdan la fe en ti. La gente no te dará nada. Se lo tendrás que quitar de las manos, y lo tendrás que hacer de manera que la gente piense que es idea suya o que es en su beneficio. Los políticos tienen que hacer malabarismos usando métodos sutiles y en la mala dirección para que el pueblo les apoye.
El viejo Whittier había muerto cuando James estaba en su segundo año de instituto. El se alegró de ello ya que significaba que estaba libre de los sermones interminables de su padre. En tiempos de estrés, sin embargo, todo lo que podía oír en su cabeza a su padre pontificándole incesantemente.
“La gente quiere que el gobierno les provea de todas sus necesidades y tenga el poder de actuar en su nombre”. Continuo la voz de su padre. “Para tener poder, tienes que ser parte del gobierno, La gente nunca debe saber que el gobierno casi siempre se mete por medio y no para beneficio de la gente.
El padre de James siempre había sido un verdadero discípulo de la religión del gobierno y quería que su hijo fuera su acolito.
Y James había hecho todo lo que había podido para continuar el legado de su padre. La primera vez que a James lo habían pillado haciendo trampas, tenia seis años y lo castigaron, no por hacer trampas, por que lo pillaron.