Capítulo 1-2

1961 Words
“Lo que mayoría de personas llaman “verdad”, no es tan objetivo como ellos puedan pensar, de hecho, es muy subjetivo. La voz de dentro de su cabeza continuo. Para un político, “la verdad” es lo que el diga que es. Po lo tanto, ningún político miente. Tales cosas no son mentira; Los hechos fluyen de manera que se pueden interpretar de la manera que mas convenga según las necesidades del momento”. James había conseguida entrar en una escuela secundaria muy buena gracias al nombre de su padre. Incluso consiguió menciones en dos deportes a los que ni siquiera había jugado nunca. Algunos de los estudiantes decían que le había hecho trampas, o comprado o chantajeado para conseguir que lo aceptaran en la escuela. Estaban en lo cierto, por supuesto, pero James achacó a los celos el que no lo hubieran descubierto antes. Su padre dijo que había conseguido unas cuantas “pequeñas hazañas”, sin deshonrar el buen nombre de la familia. Cuando supo el nombre de la escuela la que iba a ir, James contrató a unos detectives privados sin que su padre lo supiera. Su trabajo era encontrar indiscreciones del director del colegio, un tal Potiphar Grimsdale. Una vez encontradas, fue a ver a este hombre con las pruebas, de manera que desde que James entró en la oficina para su primera entrevista, ya había sido admitido. A finales de año Grimsdale le estaba pagando a través de terceras personas para que no desvelara sus indiscreciones. Cuatro años después la cuenta bancaria de James había aumentado considerablemente y el tenia menciones en varios deportes, unas notas muy altas y muchas cartas de recomendacion para los alma-mater de su padre En el colegio James W. Whittier consiguió su diploma sin mucho esfuerzo. La cantidad justa de dinero aquí, presiones allá y antes de darse cuenta se había graduado. Unas pocas semanas después se presento a alcalde de Atenas, Ohio. Para cuando James W. Whittier III fue nombrado alcalde, daba le proporcionaba mayor placer que otro se plegara a sus deseos. Sabia que sacrificaría a millones de personas para conseguir sus fines. No tenía dudas de que su visión de la realidad era la correcta y que los demás deberían sacrificarse por ella. A el le gustaba ser poderoso y haría cualquier cosa para conseguirlo. Y haría lo necesario para retenerlo. Después de su resurrección la comida y de oír las instrucciones. Whittier busco al resto de sus compañeros peregrinos. Que pandilla de indeseables, pensó. Mientras se iban uniendo mas a la cola. Whittier hizo una nota mental de un par de ellos como posibles confederados, basado en su tamaño y en su percibidle poca inteligencia. Una idea empezó a gestarse en su cerebro. Cuando todos salieron de la nave, Whittier consiguió llevar aparte a un hombre mas viejo que se había presentado a si mismo como Burns. “Busca a ver si puedes encontrar uno o dos hombres en los que podamos confiar, le dijo conspirativamente. Burns asintió. “Si nos movemos rápidamente podremos mandar a este grupo. Eso quizá no sea gran cosa, pero creo que comer regularmente es algo”. Le dijo Whittier. A ver que encuentro. Burns asintió silenciosamente. “Hazlo discretamente”, Whittier susurró rotundamente. ¿Sabes lo que quiere decir discretamente?, pregunto el con aire de superioridad. Tiene que saber quien es el jefe, pensó. Burns asintió, y Whittier pudo ver que se le ponía la cara roja por el insulto. El avanzó para mezclarse con el resto de la multitud. Cuando el había acabado de vaciar el compartimento de almacenamiento, y después de un breve descanso, empezó a catalogarlo todo mentalmente. El vio varios cuchillos, hachuelas, cabezas de hacha de varios tamaños, alambre de acero, un par de sierras de dos mangos, varios diámetros de distintos tipos de cuerda, cabezas de pala, cabezas de picos, un par de azuelas, y navajas. Además, el encontró cuarenta cantimploras, unas cuantas lonas pesadas de varios tamaños un par de ollas para cocinar y utensilios de comer y cuarenta paquetes de copos de avena. Cogió un par de machetes y uno de treinta centímetros y otro de cuarenta y cinco con una funda abrochada a su cinturón. También se metió un cuchillo de caza en la bota y una hachuela en el cinturón, en la espalda, cerca de donde acaba la columna. El guardó lo sobrante encima de una lona que había preparado antes. Cuando acabo, doblo el restante de la lona encima del montón Ahora el sabia que era con lo que contaban y lo tenía protegido de la intemperie. Finalmente, el coloco las cantimploras encima de la lona. Tan pronto como había acabado un hombre vestido con un traje de negocios vino a verle. Murdock pensaba que tendría unos treinta y tantos, de un metro y ochenta y cinco de altura y ochenta y cinco kilos. Su manera de comportarse según Murdock tendía a la pomposidad y por lo tanto, no era de fiar. “Hiciste un gran trabajo reuniendo los suministros”, dijo el hombre sonriendo indicando la pila bajo la lona. ¿Sabes de que recursos físicos disponemos? “Hasta cierto punto y a mi manera”. Respondió Murdock de manera cortante y tranquila, “Y tu también lo sabrías si te hubieras sacado el palo ese y me hubieras ayudado.” “¿De que palo hablas?” pregunto el hombre, ya sin sonreír. “El que tienes metido en el culo”, replico Murdock lo suficientemente alto para que el hombre lo oyera. Al hombre se le puso la cara roja y le fulmino con la mirada. Entonces le ofreció la mano y trato de sonreír. “Soy Whittier”. Murdock solo miro a la mano, después a la cara del hombre. Sus ojos se estrecharon. “¿Mas blanco que quien?”. Dijo el estoicamente. “! No ¡Mi nombre es Whittier! James W. Whittier tercero. ¿Y tu eres? “Murdock” “¿No tienes nombre de pila o es ese tu nombre de pila?” preguntó Whittier. “Tengo nombre de pila”. Bromeo Murdock “para los amigos”. Prepotente y además es un trepa. Este no es de fiar, pensó el. “Estoy seguro de todos somos amigos aquí”. Sentencio Whittier, lo suficientemente algo para que todos los demás pudieran oírlo. El trató de mantener la sonrisa forzada, mientras miraba su mano extendida. “Eso todavía esta por ver” Respondió Murdock con recelo. Pudo ver que su reticencia a estrechar la mano del hombre lo estaba poniendo nervioso. Murdock miro a la mano que el hombre le había ofrecido, los dedos tenían hecha la manicura, la mano era carnosa y la piel parecía ser suave, sin ninguna dureza. Este tío estaba acostumbrado a sentarse tras un despacho. Murdock se agachó, cogió varias cantimploras y las colgó en el brazo extendido de Whittier, todas menos dos, ¿Qué se supone que tengo que hacer con esto? Whittier resopló. “Quizás quieras llenarlas, a no ser que no bebas agua.” “¿Te crees que voy a llevar el agua?”, estas de broma ¿no? Dijo Whittier con cara de asombro “No me creo nada, puedes hacer lo quieras, ahora cuando tengas sed te aguantas”. Dijo Murdock caminando hacia la dirección en la que se oía el agua, con dos cantimploras en la mano, No me había recorrido muchos pasos cuando escuchó como las cantimploras golpeaban el suelo. El se rio par si mismo y se dirigió al lago. Mientras Murdock se dirigía a la dirección de la que la provenía el sonido del agua, el continuó examinando el terreno buscando algún signo de la presencia de animales. También pensó en los comentarios que hicieron sus presuntos compañeros. El parecía anacrónico con su ropa de ante. Sus botas también eran de ante y le llegaban hasta el muslo. Eran de ante autentico. Su ropa la había fabricado el mismo. Era suave como la mantequilla y llevarla puesta era una delicia, eran una posesión muy preciada para el, se alegraba de tenerla. El se había fijado en como vestían los otros. Levaban cualquier cosa, desde faldas hasta pantalones vaqueros. Al menos nadie llevaba un esmoquin se rio para si mismo. ¿Por qué los demás iban tan mal equipados para esta aventura? ¿Por qué los que los habían llevado hasta allí no les habían equipado con una ropa mas acorde con el entorno? A los que llevaban pantalón vaquero les iría mejor que a los demás, pero todos lo iban a pasar mal cuando llegara el invierno, el incluido. Y a juzgar por los distintos tipos de arboles que se podían ver, el invierno llegaría. Basándose en la indolencia de los demás, Murdock pensó que el era el único con conocimientos de silvicultura de todos ellos. Todos los demás tenían pintar de vivir en la ciudad. ¿Tendrá alguno de ellos idea de lo que les espera? Mientras se acercaba al agua corriente, Murdock busco pistas en el suelo de la presencia de animales con mas detenimiento, lo que indicaría la dirección en la que se encontraba el agua. Justamente dentro de la línea de pequeños arboles que iban a dirección en dirección a esta. Murdock siguió la fila de arboles y encontró un pequeño lago. El lago no tenía mucha anchura, solo un metro o metro y medio hasta el otro lado, pero la menos parecía tener algunos metros de profundidad y el agua no parecía moverse muy rápidamente. En el borde del lago notó que algunos animales lo habían cruzado. No lejos del sendero, Murdock encontró un charco, formado por el lago fluyendo hacia si mismo. Usó las manos para llevarse un poco de agua a la boca. Aunque el camino había sido fácil. Ya estaba sudando debido a lo débil que se sentía. El bebió hasta saciarse antes de llenar las cantimploras. Entonces se sentó, observó y escucho. Vio a unos cuantos insectos grandes en la orilla mas tranquila del charco. Mientras observaba, vio como uno desaparecía. “Pescado¡, el se metió en el charco, hizo un cuenco con las manos y las puso entre sus piernas, y se quedó quieto. Un momento después, un pez se acercó, y el lo sacó del charco con un movimiento aterrizando el pez en la orilla del charco. Después de coger otro pez, camino hacia la orilla y se quedo observándolos. Eran peces, si, solo que distintos de los que el estaba acostumbrado a ver. Estos peces se parecían a las truchas, pero cada uno tenía un par de aletas extra y la cola era más parecida a la de un delfín que a la de una trucha. Murdock había medio esperado que se levantaran y anduvieran, pero no fue así. El clavó los dedos en las branquias, cogió las cantimploras y comenzó a regresar hasta el capsula de transporte. Murdock estaba de buen humor. Esta era su idea del cielo; Aquí el se encontraba en su elemento. En un extremo del prado el pudo ver lo que parecían cebollas y paró el tiempo suficiente para recolectar algunas, Los demás va n venirle suplicando una vez el cocinara estas hermosuras, pensó el, riéndose anticipadamente al pensar como les contestaría con que se las apañaran ellos mismos. Ellos podrían, deberían, haberle acompañado, pensó Murdock. Aquellos que no querían aprender o esperaban que alguien les hiciera todo el trabajo, no le servían. Mientras caminaba, iba pensando en todo esto, cuando vio unas pocas ramas muertas en el camino y también las cogió. Para cuando volvió al capsula de transporte, había reunido un buen montón. Mientras Murdock se aproximaba al capsula pudo ver que los demás se habían reunido en un grupo. El escogió un buen sitio para hacer un campamento, lejos de los demás y preparó el pescado para cocinarlo. Mientras olía el pescado cocinándose se podía imaginar como el olor despertaba el hambre de los demás. Aunque a Murdock le había llevado la mayor parte del día comprobar los suministros, así como conseguir el agua y el pescado, por lo que podía ver, los otros no habían hecho nada. Ahora, de reojo, pudo ver que Whittier se dirigía hacia el. Espero a que el hombre estuviera a seis metros de el. “Ya te has acercado bastante, Whittier”. Advirtió Murdock sin girarse.
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