Veronika dejó ese lugar vendada, pero con el corazón acongojado por lo despreciable que era Roman. No existía persona más inhumana y vulgar que él, y cuando arribaron de regreso a la mansión, ella le pidió que la dejara ver a su hermana, a lo que él respondió que no era necesario verla, que cuando ella aprendiera a comportarse y se lo ganara, lo haría, que Catka estaba bien. Por supuesto, ella no le creyó. Catka aprendió por las malas a no confiar en Roman. Después de lo que le hizo en la mesa la noche anterior, jamás volvería a confiar en su palabra. Roman llevó a Veronika escaleras arriba, con la mano en su coxis y la mirada en los movimientos de sus labios. Moría por consumar ese matrimonio. Lo sucedido la noche anterior no fue agradable para ella, y aunque fue muy placentero para Roma

