27 | Elecciones

2200 Words

El día siguiente muy temprano, Roman estaba desayunando cuando Catka llegó hacia él. Por su lealtad a él, tenía permitido salir de su habitación y recorrer la mansión con un escolta. Catka estaba feliz de que finalmente le diera libertad, y que la dejara estar más con él. Cenaban juntos, compartían la cama de Catka y paseaban como una pareja normal. Ella no estaba encerrada, no estaba sufriendo, no estaba encerrada con cadáveres, ni pensando que su hermana estaba muerta. En la cabeza de Catka no había nada. Toda ella era un caparazón sin alma y sin corazón. —Tengo una buena y una mala noticia —le dijo Catka sonriendo. Roman estaba leyendo el periódico, y ni siquiera elevó la mirada. —Comienza por la mala —le dijo sin mucha importancia. Catka había planeado cómo decir desde la noche a

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